|
Por Santiago Spaltro - Mientras los grandes inversores y el Gobierno
todavía se lamentan por la frustrada recategorización de Argentina como
"país emergente", el común de la población se tomará la cabeza a partir
de los primeros días de julio, cuando vea una consecuencia concreta del fallido
ascenso en la consideración de los mercados. El dólar se disparó la semana
pasada y, si se mantiene en los mismos niveles durante los próximos seis días
hábiles (toda esta semana y el primer lunes de julio), se determinaría una suba
de entre 3% y 5% en las naftas y de 4% en gasoil, lo que repercutirá en toda la
economía.
No obstante, en los últimos días se deslizó la versión de que el Gobierno
analiza en privado una posible postergación del ajuste hasta después de las
elecciones, dado que confía en que la economía en su conjunto ahora sí empieza
a crecer en forma sostenida y que julio tendrá la inflación más baja del año.
El Ministerio de Energía, no obstante, se abstuvo de realizar comentarios.
Frente a la consulta de este diario, voceros de las petroleras dijeron no estar
al tanto de esta versión y que, financieramente, no tendrían cómo afrontar una
demora de este tipo. "No debería haber ningún elemento por el cual postergar
la actualización de precios y será difícil para la industria si no se aplica un
aumento", dijo una fuente. Desde YPF, en tanto, avisaron: "Si no
suben los precios vamos a tener un problema: el 80% de nuestra caja depende de
las ventas de combustibles, el downstream".
En principio, la chance suena ilógica, ya que antes de las legislativas de
octubre debería haber otro incremento más. En ese caso, habría que demorar dos
subas y enfrentar la inquina de las empresas, que solamente pudieron aumentar
sus productos un 8% en enero y debieron bajar 2,6% el gasoil y 0,1% las naftas
en abril. Sumado a que el año pasado los precios de las naftas crecieron 31%
(varios puntos por debajo de la inflación), crearía un combo explosivo en un
sector al que quiere "normalizar" y le ve gran potencial, como es el
energético.
Sin embargo, ya hay antecedentes: los aumentos de luz y gas, que deberían ser
semestrales (es decir, volver a modificarse en agosto y octubre), se pasaron
para noviembre y diciembre, respectivamente. Incluso, está pendiente la
revisión de una cláusula gatillo mediante la que los precios de la electricidad
deberían incrementarse, ya que la inflación entre febrero y agosto del
corriente año ya superó el 5%.
En enero, el Gobierno y las petroleras acordaron revisar los precios de los
combustibles al principio de cada trimestre, en base al tipo de cambio, los
valores del crudo y los biocombustibles, con una fórmula que no fue explicitada
y apenas conocen funcionarios y ejecutivos del sector.
La industria, por el momento, tiene una sola certeza: tanto las naftas como el
gasoil aumentarán en el comienzo del segundo semestre. Las naftas deberían
incrementarse hasta un 5% y el gasoil un 4%. Así, se desprende que el tipo de
cambio pesa mucho más en la fórmula que el precio del crudo, ya que este último
se derrumbó en los últimos tres meses.
"De lo que estamos seguros es de que van a aumentar el próximo trimestre.
Solamente hay que esperar lo que pase en esta semana con el dólar para definir
el porcentaje", comentó una fuente del sector, que prefiere el anonimato.
Desde otra de las principales empresas petroleras indicaron: "Hay un
acuerdo que se tiene que cumplir. Esta semana es definitoria".
Cuando se efectivice la suba de los combustibles, habrá que mirar a MSCI
(Morgan Stanley Capital Investment) y al presidente brasileño Michel Temer para
encontrar la explicación, ya que los golpazos que representaron el audio que
reveló la supuesta corrupción en Brasil primero y que Argentina siga siendo un "país
fronterizo" después fueron las razones excluyentes que movieron al dólar
en los últimos tres meses, desde los $ 15,50 que tenía como referencia a fines
de marzo. Por otro lado, la baja del crudo en el mundo (de u$s 53 a u$s 45,50
por barril en el mercado de Londres en este trimestre), pesará muy poco en la
ecuación.
|