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En la Argentina, los pasajes de las aerolíneas de bajo costo no serán
vendidos por un puñado de dólares, como sucede en otros países. Si las empresas
desearan promocionar sus vuelos o premiar a los que quieran viajar en horarios
no convencionales, no podrán hacerlo.
El motivo está en la regulación. Desde hace un tiempo, en el país rige
una norma que impide cobrar por debajo de la tarifa concedida por la autoridad,
en este caso, el Ministerio de Transporte.
"No está contemplado sacar el mínimo de esa banda tarifaria",
contestaron ayer en el Gobierno. Por eso, a la hora de delinear el futuro plan
de negocios de las compañías aéreas, el piso de la banda tarifaria regresa
siempre a la mesa de estudio.
Desde principios de los años 2000, en la Argentina se estableció un
sistema de bandas tarifarias, con un mínimo y un máximo. Las empresas podían
hacer sus ofertas dentro ese rango, pero no podían perforarlo en ninguno de los
dos sentidos. Además, regía una tarifa máxima, que se podía cobrar sólo 10 días
antes de la salida del vuelo y se restringía la oferta al 30% de los asientos
ofrecidos del avión.
La medida dotó de una enorme rigidez a un mercado que tiene entre sus
principales características el premio y el castigo a la hora de vender. En todo
el mercado global, los aviones se llenan con una combinación de pasajeros
previsores, que compran sus boletos con tiempo, que se sientan junto a los
apurados o de último momento, muchos de ellos corporativos, que son penalizados
por comprar a último momento. Unos pagan menos, los otros, mucho más.
El buen uso de esa práctica es la clave en la rentabilidad de muchas
compañías. Quien logra cerrar el avión a un mejor precio será ganador en un
sector con baja rentabilidad.
Sin embargo, en la Argentina ese ABC del mercado no se podía practicar
por la aplicación de esas bandas. En enero del año pasado, después de escuchar
a las empresas, además de Aerolíneas Argentinas (que hasta entonces tenía el
monopolio del oído oficial), el Gobierno quitó la banda superior, pero mantuvo
la inferior. Así las cosas, desde entonces se mantiene la posibilidad de
perforar hacia abajo la banda superior con ofertas y se abre la chance de
cobrar hacia arriba lo que el pasajero esté dispuesto a pagar. Pero no se puede
cobrar menos del piso mínimo.
Los reguladores del transporte siempre esgrimen una razón a la hora de
explicar esta decisión: si quitan el piso, los precios del ómnibus y del avión
quedarían prácticamente iguales y los transportes terrestres podrían sufrir una
gran crisis. Además, si la posibilidad de ofrecer vuelos por poco dinero no
está acompañada de una expansión en la cantidad de vuelos y aviones y una
mejora de la infraestructura, la demanda de pasajes aéreos podría ser mayor que
la oferta.
Pero el Gobierno hizo algo más que mantener el piso tarifario. Aquellos
mínimos, que fueron actualizados en diciembre de 2014 por última vez, jamás
fueron actualizados. Lo que sucedió es de manual: el impacto de la inflación
acumulada erosionó los precios al punto que algunos tramos quedaron muy por
debajo de los de los ómnibus.
En el Ministerio de Transporte saben que el transporte terrestre
atraviesa una crisis cuyas consecuencias aún son una incógnita. Además de este
solapamiento tarifario, la administración de Mauricio Macri quitó dos subsidios
a los colectivos. El primero que se retiró es el Repro, una ayuda estatal que
surgió en la crisis de 2009 mediante la cual el Estado pagaba una parte del
sueldo de cada trabajador. Todos los empleadores en el mundo de los colectivos
de larga distancia recibían esa suma para pagarles a los trabajadores. Ahora,
sale de sus bolsillos.
El otro subsidio que se quitó es el que se pagaba a ciertas empresas que
tenían recorridos superpuestos con rutas aéreas. Es decir, todos los ómnibus
que iban a Córdoba, por ejemplo, gozaban de una compensación sólo por el hecho
de que un avión hacía esa ruta. Ese beneficio duró hasta el último día del año
pasado.
Dentro de la trama regulatoria, hay una disposición que siempre estuvo
discutida. Hay quienes interpretan que hasta 10 días antes del vuelo las aerolíneas
pueden vender tickets con un descuento del 20% de aquel precio mínimo que rige
desde 2014. Esa fue la forma en la que algunas líneas aéreas empezaron a
promocionar algunos viajes muy por debajo del precio de los ómnibus.
Ofertas polémicas
Este esquema de comercialización es controversial, ya que algunos
actores del mercado (Aerolíneas Argentinas y Austral, por caso) dicen que no se
puede usar y que eso es vender por debajo de la tarifa mínima. Andes Líneas
Aéreas, especialmente con los vuelos a Córdoba, que empezó a ofrecer a
principios de este año, utilizó ese método de ventas. Alrededor de la mitad del
avión se ofrecía a precios muy bajos; para el resto de los asientos regía la
oferta y la demanda.
Flybondi, una empresa que a diferencia de otras es una start up en
formación, es una de las que quiere vender pasajes por debajo de los precios
permitidos. Norwegian, la compañía noruega que ya decidió iniciar su operación
en el país, también solicitó quitar el precio mínimo para poder ofrecer tickets
más baratos, sobre todo al inicio de sus operaciones.
De regreso al ejemplo del vuelo Buenos Aires-Córdoba, en Flybondi
reconocen que pretender ofrecer un billete a 500 pesos, lejos de la banda de
788 pesos por tramo que está reglamentada. Una de las opciones que le acercaron
al ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, es que estudie la posibilidad de
particionar ese importe. Que aquellos 788 pesos se consideren para una persona
que transporta una valija, pero que le dejen cobrar menos en caso de que un
pasajero vaya sin equipaje o con un bolso de mano. Es decir, tomar ese importe
como si estuviera incluido el servicio de maletas y que le permita cobrar
menos, en caso de que el pasajero no despache equipaje.
En el Gobierno repiten que ese precio base no se modificará. Consideran
que la inflación hará lo suyo y que en poco tiempo (a fines de este año,
consideran) esta discusión será bizantina.
Por ahora, ninguna de las empresas que tienen planes para radicarse en
el país ha puesto esta condición como necesaria y excluyente. Claro que será
cuestión de preguntarles a los pasajeros para encontrar una exigencia. Todo
está en manos de los reguladores.
Competencia con
límites
Orígenes: Desde principios de los años 2000, en la Argentina se estableció
un sistema de bandas tarifarias, con un mínimo y un máximo que no se podían
perforar. La medida provocó una gran rigidez en el mercado.
Cambios: En enero del año pasado, después de escuchar a las empresas, el
Gobierno quitó la banda superior, pero mantuvo la inferior. Es decir, se pueden
hacer ofertas, pero siempre por arriba de un precio mínimo.
Tarifas: Aquellos mínimos fueron actualizados en diciembre de 2014 por
última vez. El impacto de la inflación acumulada erosionó los precios al punto
de que algunos tramos quedaron muy por debajo de los de los ómnibus. En el
Gobierno repiten que los precios base no se modificarán.
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