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Por Marcelo Zlotogwiazda - Mauricio Macri dijo que el aumento del dólar
no le preocupa. Marcos Peña dijo que la suba era previsible y que está bien que
el Banco Central le dé flexibilidad a la cotización porque desmiente que haya
un seguro de cambio que estimula la bicicleta financiera. Y aunque el tema
volvió a estar en la tapa de los diarios contra lo que había señalado Nicolás
Dujovne, su segundo, Sebastián Galiani, se muestra tan despreocupado como Macri.
Pero ni el Presidente ni el jefe de Gabinete, ni el viceministro de Economía
son completamente sinceros en sus apariciones públicas. Lo que realmente les
sucede con la devaluación que ha tenido el peso en las últimas semanas es más
que despreocupación. Es satisfacción. Lo expresa uno de los hombres de trato
diario con Macri en la tranquilidad bucólica de la Quinta de Olivos: "La
verdad es que estamos contentos con que haya subido el dólar".
Más allá de las palabras, hay un hecho concreto que lo ratifica. Si no
estuvieran satisfechos con lo que está pasando, el Banco Central hubiera
intervenido vendiendo reservas para calmar las aguas. Y en caso de que Federico
Sturzenegger no lo hiciera, no habría faltado economista del Gobierno que
dejara trascender su disgusto, tal como ocurría cuando el titular del Banco
Central mantenía estratosféricas tasas de interés. Lo cierto es que
Presidencia, Hacienda, Finanzas y Banco Central están en armonía en relación
con el tipo de cambio. Ya lo estaban cuando Sturzenegger compraba 100 millones
diarios de reservas para apuntalar una cotización que se encaminaba a perforar
los 15 pesos, y lo siguen estando ahora que el dólar sube sin necesidad de una
demanda adicional.
Es obvio que están corriendo el riesgo de que la devaluación se traslade a
precios. Un riesgo potenciado por el aumento en combustibles, cigarrillos y
prepagas, y por la entrada en vigencia de varias paritarias.
Pero se muestran confiados de que ese traslado o pass through no sea mayor a
tres o cuatro décimas en el porcentaje de inflación de julio y evalúan que ese
sería un costo más que razonable para atenuar las desventajas del atraso
cambiario que implicaba un dólar más bajo que 16 pesos.
Es una confianza voluntarista. En la Argentina el dólar planchado o en caída ha
servido para anclar o amortiguar alza de precios, aunque no para que los
precios bajen, con la única excepción de la deflación que hubo al final de la
Convertibilidad. Pero la experiencia enseña que los precios han sido bastante
elásticos hacia arriba en las devaluaciones.
Lo que suceda con la inflación de julio demostrará si la historia se repite o
si el modelo de tipo de cambio flotante genera el "proceso educativo"
de desenganchar los precios de los vaivenes del dólar, tal como apuestan en el
Gobierno.
Claro que la apuesta tiene un límite, y el límite a partir del cual calculan
que Sturzenegger saldrá a poner compresas está cerca de los 18 pesos.
Más que preocupados por el impacto del dólar sobre la inflación, lo están por
los precios de productos o insumos de sectores que están creciendo. Un caso
típico es el de la construcción, que está aumentando por la obra pública y por
la edificación privada. Respecto de lo segundo, en junio se otorgaron créditos
hipotecarios por 3.700 millones de pesos, de los cuáles casi una tercera parte
corresponde a bancos privados. Ese monto más que duplica los préstamos de ese
tipo otorgados en marzo.
El fuerte repunte en la construcción activó las antenas de monitoreo de los
precios de los insumos difundidos, como por ejemplo acero y aluminio, y de sus
derivados semielaborados o finales. La idea, bien típica del pensamiento de la
secretaría de Comercio que encabeza Miguel Braun, es abrir la importación de
aquellos productos que se encarezcan; por ejemplo, habilitando licencias
automáticas de importación para las posiciones que no tuvieran esa
facilidad.
No sólo sube el crédito hipotecario. El aumento del volumen de crédito total al
sector privado duplicó en junio los incrementos de los meses previos. La recaudación
de junio también reflejó cierta recuperación del nivel de actividad, con
aumentos en IVA y Débitos y Créditos por encima de la inflación.
Da toda la impresión de que la actividad a nivel macroeconómico ya atravesó lo
peor, aunque con enormes disparidades por sector, por región y por clase
social.
La manera en que esa recuperación promedio va a incidir en la intención de voto
es una incógnita tan grande como el impacto de la devaluación reciente sobre
los precios.
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