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Por Martín Redrado - La economía argentina se encuentra en un período de transición hacia un
sendero de equilibrio de largo plazo. En efecto, las variables fiscales,
monetarias, financieras y externas necesitan tiempo y buenas políticas públicas
para alcanzar este objetivo.
En todos los aspectos, el gobierno ha elegido un enfoque
gradualista para resolver esta problemática, salvo en el terreno cambiario. La
realidad de los últimos días fue un claro ejemplo de esta disonancia: el tipo
de cambio pegó un salto de 5,2%, más abrupto que la suba en los seis meses
precedentes.
El Banco Central ha hecho hincapié en destacar su enfoque de
política cambiaria en términos de una flotación libre, por lo que decidió no
intervenir en el mercado de cambios cuando el dólar registró un marcado cambio
de tendencia. Sin embargo, cuando la divisa cruzó la barrera de $ 17,50 el
jueves pasado en las primeras horas, los bancos públicos irrumpieron en el
mercado. Frente a esta señal, apareció la oferta privada con liquidaciones,
haciendo "seguidismo" de este comportamiento, lo que hizo que su
valor se redujera algunos centavos. Esto demuestra a las claras que todavía en
esta materia el sector privado no marca tendencias, sino que espera señales
específicas para actuar en consecuencia.
Para una economía que presenta aún serias limitaciones, es
recomendable que tanto en materia monetaria como fiscal, se lleve adelante una
política anticíclica.
En criollo, "acumular en época de vacas gordas para gastar en
épocas de vacas flacas". En particular, en materia cambiaria, significa un
Banco Central que trabaje como "amortiguador" de tendencias, esto es
acotando los picos y los valles en la cotización del dólar. Esto no significa
ir "contra la corriente", sino sólo suavizar tendencias. La flotación
libre será el escenario más deseable cuando nuestra economía haya dejado atrás
este estado de transición. Más aún, cuando nuestro acervo cultural deje de mirar
al dólar como referencia y el "pass through" a precios sea mucho más
acotado. Con un enfoque transparente de "flotación administrada", es
decir, sin restricciones en el mercado cambiario, la autoridad monetaria puede
comprar divisas baratas en momentos de exceso de oferta y luego venderlas a
mejor precio, acotando la volatilidad y evitando alteración de las expectativas.
Más aún, debe tomarse en cuenta que la política monetaria en los países
desarrollados ha comenzado a cambiar. En particular, la Reserva Federal de los
Estados Unidos inició un proceso de incremento en su tasa de referencia.
Todavía queda una amplia liquidez mundial producto de la expansión generada en
la crisis financiera de 2008-09. La oferta potencial de divisas aún está
presente, pero hay que prepararse para una nueva etapa.
A partir de septiembre es muy probable que la autoridad monetaria
norteamericana comience a contraer su hoja de balance, al no renovar una parte
significativa de los vencimientos de su tenencia de títulos, junto a una
continuada y gradual suba de tasas de interés. Por este cambio en el contexto
global, y dadas las restricciones internas, se necesita una autoridad monetaria
que utilice su poder de fuego para poder sortear los numerosos obstáculos que
tendrá que enfrentar en un mundo cada vez más volátil.
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