|
Por
Marcelo Zlotogwiazda - La furia compradora que desató el miércoles de esta
semana la atractiva promoción del Banco Provincia contrasta con lo que ocurre
el resto de los días del mes en los supermercados. Según el informe que esta
semana entregó a sus clientes la consultora Scentia, la compra de alimentos, bebidas
y artículos de limpieza e higiene cayó un 4,3 por ciento en junio en
comparación con igual mes del año pasado, acumulando un retroceso de 4,9 por
ciento en el semestre, que se agrega al descenso del 4,5 por ciento que se
registró en 2016. Para las grandes superficies de las cadenas los números
fueron aún más negativos: las ventas de la primera mitad del año fueron un 7,7
por ciento inferiores en términos interanuales, y la cantidad de unidades por
ticket bajaron un 10 por ciento.
Por el contrario, en la primera mitad del año la obra pública tuvo un aumento
considerable y su grado de ejecución presupuestaria fue mucho mayor que el
promedio del gasto público total, y proporcionalmente superior al tiempo
transcurrido del ejercicio fiscal. Por ejemplo, en el Ministerio del Interior,
Obras Públicas y Vivienda, en tres partidas muy importantes como Acciones de
Vivienda y Desarrollo Urbano, Hábitat Nación y Recursos Hídricos (que en
conjunto suman un presupuesto anual de casi 26.000 millones de pesos), los porcentajes
ejecutados al día de ayer son del 61, 72 y 71 por ciento, respectivamente. En
la Dirección Nacional de Vialidad, las partidas Construcción y Obras en
Corredores Viales (que tienen asignado en conjunto fondos anuales por 20.500
millones de pesos) alcanzaron ayer un grado de ejecución del 72 y 73 por
ciento, respectivamente.
Al revés de la rápida utilización de los recursos para obra pública, otras
áreas del Estado muestran considerable subejecución. Por ejemplo, al día de
ayer el ministerio de Producción gastó menos del 40 por ciento de su
presupuesto total, y partidas importantes de esa repartición como las dos de
financiamiento a la producción llegan apenas al 20 y 22 por ciento.
Es obvio que la aceleración de la obra pública se enmarca en el proceso
electoral, tal como lo evidencia la profusa campaña oficialista con el slogan
"Haciendo lo que hay que hacer", y el sesgo de direccionamiento hacia
territorios que más votos puedan redituar. Un funcionario del Gobierno nacional
con responsabilidad en el tema contó que a partidos como Avellaneda y Ensenada,
comandados por los intendentes cristinistas Jorge Ferraresi y Mario Secco, van
menos obras ya que les resulta difícil capitalizarlas políticamente: "Nos
arrancan los carteles y se las apropian", se quejó con algo de cinismo. La
presencia de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal en la inauguración del
Metrobus en La Matanza en mayo pasado es la contracara de la misma
moneda.
Pero los datos positivos de la obra pública están muy lejos de compensar el
efecto negativo de la caída del consumo de productos básicos sobre el humor
social. En una encuesta de la Universidad Abierta Interamericana y la
consultora Taquion, sólo un 30 por ciento de los porteños respondió que cuando
va al supermercado el dinero le alcanza para comprar todo lo que se propuso. La
situación es seguramente peor en el Gran Buenos Aires, donde no casualmente la
oposición tiene centrada su optimismo electoral y el oficialismo su
preocupación.
Mucho menos puede la obra pública equilibrar la debilidad del consumo como
motor del nivel de actividad. La razón es muy sencilla: la obra pública
representa algo más del 2 por ciento del Producto Bruto Interno y el consumo,
casi el 70 por ciento.
Es cierto que no sólo se consumen alimentos y otros productos básicos, y que el
informe de Scentia indica que en junio hubo una leve alza del 1 por ciento
respecto a mayo. En el Gobierno se entusiasman con el fuerte aumento que hubo
en el patentamiento de motos y autos, con el repunte de la construcción privada,
y con lo que se desprende de los números de recaudación de junio.
Por el lado de las exportaciones y de la inversión, los dos vectores virtuosos
del crecimiento para el Gobierno, hay pocas buenas noticias. Las ventas al
exterior están planchadas como consecuencia de la crisis brasileña, del
estancamiento en el precio de los commodities y del atraso cambiario. Y salvo
en algunos sectores de los agronegocios, energía, finanzas, servicios
informáticos, etc., la inversión reproductiva no muestra mucha vitalidad. Un
resultado lógico si se toma en cuenta que el mercado interno no se expande y el
externo tampoco.
Con ese panorama el año cerraría, según el relevamiento del Banco Central, con
un módico crecimiento que apenas recuperaría los perdido en 2016 y el nivel de
PBI per cápita de 2015.
|