|
Por Natalia Donato - La complicada situación fiscal que debe afrontar el
Gobierno, con un déficit fiscal que se estima llegará este año al 6% del PBI,
sumada a la política gradualista de reducción de este rojo para evitar ajustes
bruscos que afecten a la población hará difícil proyectar una disminución en la
carga tributaria en el corto plazo.
En pleno armado de
la reforma que están diseñando en el Ministerio de Hacienda y que el Ejecutivo
enviará al Congreso luego de las elecciones de octubre, la mayoría de los
analistas descree de que pueda concretarse una baja sustancial de la presión
impositiva. En este sentido, un informe realizado por el Instituto Argentino de
Análisis Fiscal (IARAF) anticipó que con un gasto real que se mantenga
constante y un crecimiento de 4%, en 13 años la presión tributaria podría bajar
solamente cinco puntos del PBI. El análisis parte de una carga tributaria
estimada para este año del 33% del producto.
Para realizar el estudio, la
consultora que encabeza Argañaraz planteó tres escenarios posibles que prevén
una inflación en descenso, una regla de mantenimiento del gasto primario
constante en términos reales con distintas proyecciones de crecimiento de la economía
y bajo la restricción de cumplimiento de metas fiscales razonables. También
supone que se mantiene el nivel de incumplimiento tributario que existe
actualmente.
Según el trabajo,
si la tasa de crecimiento resultase baja (2%), el ratio gasto primario/PBI no
se descomprime tanto, por lo que no habría espacio fiscal para una rebaja
tributaria hasta dentro de una década, "momento en el cual podría pensarse
en reducciones de la carga anuales de alrededor de medio punto del PBI, lo que
dejaría la presión consolidada en un 31,6% del producto, valor que registraba
en 2011".
A la vez, si la
economía creciera 4%, sería compatible con una reducción de la carga tributaria
a niveles similares a los observados en 2007, mientras que la presión
impositiva podría alcanzar el 25% del PBI en 2030, si el crecimiento hasta ese
momento fuese del 6%. Recién en ese caso lograría acercarse a la carga
verificada en la Argentina en 2003, dice el informe. "El regreso a una
presión tributaria efectiva del 21%, similar a la del promedio del período
1993-2000, requeriría un aumento del PBI real anual del 10% durante los
próximos 13 años, algo totalmente imposible", añade el documento.
De esta manera,
con un horizonte de reducción gradual de la inflación común a todos los
escenarios, habrá una reducción de la proporción del producto que representa el
gasto primario, y la caída será mayor cuanto más crezca el PBI.
En el ejemplo
hipotético y tal vez más razonable de que la Argentina logra crecer al 4% desde
el 2018, con un gasto primario constante en términos reales, el ratio con
respecto al PBI pasaría del 24,5% de este año al 23,1% en 2018. Como
consecuencia de ello, y considerando que con la misma presión tributaria que
este año los ingresos nacionales resulten equivalentes a un 20,3% del producto,
el resultado primario arrojaría un déficit de 2,8% del PBI, por lo que se
sobrecumpliría la meta fijada del 3,2%. De esta manera, podría el Gobierno
realizar una reforma tributaria en la que se resignen ingresos por un total de
0,4% del producto y aún así cumplir con el objetivo de déficit, aclara el
informe.
Ante la necesidad
de que las provincias y municipios acompañen en esta reducción de impuestos, el
documento del IARAF plantea que esta misma línea de razonamiento puede
aplicarse para las jurisdicciones, en tanto "éstas sigan los mismos
lineamientos de comportamiento fiscal supuestos para el fisco federal".
El informe también
plantea la necesidad de un crecimiento sostenido del producto para contar con
cierto margen para una reforma fiscal, manteniendo el gasto real constante.
|