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Por Natalia Donaro - Las ideas que dejó
trascender en los últimos días el Gobierno respecto de la reforma laboral que
pretende impulsar después de las elecciones le sumaron una cuota de optimismo
al empresariado, que espera y reclama cambios profundos que mejoren la
competitividad y la productividad argentina.
La flexibilización aprobada por el Congreso brasileño, y sancionada el pasado
jueves 13 por el gobierno de Michel Temer, aceleró los tiempos y motivó a las
autoridades locales a avanzar por un camino similar. Sin embargo, nadie habla
de decisiones unilaterales.
En sintonía con la línea que bajó el
Gobierno, el establishment pide que sea por consenso. Cambios de leyes
decididas unilateralmente o intentos forzosos para modificar condiciones laborales
generarán una tensión innecesaria y terminará perjudicando a las compañías,
advierten los hombres de negocios. Entre las principales reformas, piden
menores cargas sociales.
"La digitalización va a imponer consecuencias claras. Tenemos que prepararnos
para ese mundo que se viene, empresarios y sindicatos. El tercer actor
indispensable es el Estado, no sólo como regulador sino como garante de
equilibrio y razonabilidad. Entre los tres, hay que componer una normativa que
contemple los cambios que se avecinan", afirmó el presidente de la
Coordinadora de Industrias de Productos Alimenticios (Copal) y vicepresidente
de la UIA, Daniel Funes de Rioja.
Según el dirigente, la reforma debería tener tres ejes: la pequeña empresa
requiere una concentración especial, desde el impacto de las cargas sociales y
desde el punto de vista de la densidad normativa. "No se presta atención a
la realidad de nuevas formas de contratación", explicó. En segundo lugar,
permitir abrir el sistema para que, por voluntad de las partes, puedan
generarse convenios por empresa; y como tercer pilar, ir hacia un modelo de
seguridad social que no dependa tanto de los impuestos al trabajo, sino de
tributos de carácter general.
Por su parte, el presidente de la Cámara de la Construcción (Camarco), Gustavo
Weiss, señaló que para su sector, las claves serían avanzar con una rebaja de
las cargas sociales y trabajar sobre esquemas de remuneración por
productividad. "No implica bajarle el sueldo a los trabajadores, sino
discutir, por ejemplo, que no es lo mismo trabajar en la construcción de un
edificio de Puerto Madero que en una vivienda precaria en Jujuy", afirmó
el directivo, al agregar que "hay que flexibilizar la relación laboral
sobre todo en los sectores donde la situación es muy rígida, que en un mundo
globalizado impide competir".
La industria automotriz, con el gremio Smata, es una de las más avanzadas en la
negociación de los convenios por empresa. Sin embargo, los empresarios del
sector aseguran que la fuerza de Smata impone reglas similares en todas las
compañías. Respecto de cuáles serían los puntos principales de la reforma
laboral, el presidente de FIAT, Cristiano Rattazzi, hizo hincapié en las cargas
sociales y a la diferencia que existe con otros países de la región. "La
carga social acá es el triple que en México. Mientras en Argentina llegan al
60% del salario de un obrero, en México son del 20%", sostuvo el
empresario.
En cuanto a una eventual flexibilización de los convenios, Rattazzi dijo que el
mundo va hacia trabajos nuevos, por lo que "hay que ser flexibles".
Pero, condicionó los avances en ese sentido a la situación de empleo en la que
se encuentre cada actividad. "Habrá más flexibilidad en los sectores donde
haya más problemas de empleo", dijo.
En esa línea, el presidente de la Confederación de la Mediana Empresa (CAME),
Fabián Tarrío, sostuvo que "si hubiera más trabajo, seguramente no se
estaría hablando de avanzar en una reforma laboral".
"Nosotros representamos a las pymes y la reforma debería plantear una baja
importante de las cargas sociales para este sector. Además, atacar el problema
de los juicios laborales, que las funden, e impulsar un blanqueo, pero sin
cobrar multas por lo que no se pagó en el pasado", planteó Tarrío. El
dirigente aclaró que "no sería bueno ejecutar esta reforma sin
consenso" y que "tal vez los sindicatos entiendan que hay cuestiones
que puedan modificarse, como por ejemplo agregar categorías de trabajo
part-time".
"Hoy los jóvenes ya no tienen tanta fidelidad con las empresas; les gusta
hacer cosas diferentes. Tal vez pueda contemplarse esa realidad",
manifestó. Desde la Asociación Empresaria Argentina (AEA) aseguraron que
"el empresario quiere tener una buena relación con el trabajador, por lo
que no será bueno nada que ponga en tensión ese vínculo". De todas
maneras, reconocieron que "se están produciendo cambios muy importantes
tecnológicos que deben ser tenidos en cuenta".
También fue consultado al respecto el presidente de la Cámara Argentina de
Comercio (CAC), Jorge Di Fiori, quien adelantó que la entidad realizó un
extenso trabajo sobre el costo argentino que le será presentado esta semana al
jefe de Gabinete, Marcos Peña, y en el que queda reflejado que la presión de
las cargas laborales es uno de los aspectos que influyen de forma notoria.
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