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Por Pablo Fernández Blanco - La reforma de
ministerios que dispuso Mauricio Macri la semana pasada bajo la bandera de la
reducción del gasto público trajo consigo una nueva bendición para Marcos Peña,
su funcionario dilecto en la conducción nacional. El ya poderoso jefe de
Gabinete, que supervisa la gestión de los ministros a través de los
coordinadores Gustavo Lopetegui y Mario Quintana, acaba de sumar el derecho de
tener la última palabra sobre todas las inversiones del Estado a nivel
nacional, algo que hasta ahora gravitaba en el ámbito del Ministerio de
Producción, a cargo de Francisco Cabrera, que lo había recibido más por un
pasaje de manos en el marco de cambios anteriores en los ministerios que por un
pedido propio.
El decreto 513, que se conoció la semana
pasada, sostiene que una de las premisas del Gobierno es lograr "la
utilización racional de los recursos públicos, particularmente los relacionados
con la inversión pública nacional, para potenciar la planificación y el control
de gestión de ésta". Y a partir de ese argumento afirma que
"corresponde" transferirle esa tarea a la Jefatura de Gabinete.
En la práctica, el cambio normativo le
permitirá a Peña manejar el Sistema Nacional de Inversiones Públicas (SNIP),
que tiene un rol clave en la definición de los proyectos de infraestructura e
inversión en general que se incorporan al presupuesto de cada año, es decir que
contarán con los fondos públicos necesarios para ser desarrollados. Además,
Peña será el encargado de controlar la marcha de las iniciativas, algo que ya
ocurre en la actualidad mediante un trabajo junto con el Ministerio de
Modernización, de Andrés Ibarra.
Los recursos para inversión pública
constituyen una de las partidas más importantes del presupuesto nacional. En
2014, por ejemplo, el kirchnerismo destinó a esa tarea $ 91.510 millones (unos
US$ 10.665 millones, según el tipo de cambio del último día de ese año),
mientras que en 2015 puso $ 148.622 millones (alrededor de US$ 11.000
millones).
Pese a que intenta reducir el gasto público
en otras áreas, la reducción de la inversión pública no parece ser un objetivo
del macrismo. Al menos así lo muestran los números en lo que va del año.
Según un informe de la Asociación Argentina
de Presupuesto, en los primeros cinco meses de 2017 el Estado puso cerca de $
52.300 millones en inversión real directa (IRD, ejecutada directamente por la
Nación) y transferencias de capital a provincias y municipios, "lo cual
constituye un 69% más que el monto devengado en igual período de 2016".
Esa cifra está muy por encima de la inflación del año pasado, de manera que se
trató de un aumento real de los recursos para esa área.
El Gobierno también cambió la dirección de
los fondos. Por ejemplo, hasta mayo pasado más de una cuarta parte de esa suma
se concentró en la provincia de Buenos Aires (19% del total) y la ciudad de
Buenos Aires (8,8%), gobernadas por María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez
Larreta, dos de los principales alfiles de Cambiemos.
Si la hoja de ruta en materia económica que
estableció la administración Macri se mantiene inalterable, además, es muy
probable que los fondos destinados a inversión ganen aún más relevancia. Eso se
debe a que de la mano de la reducción de los subsidios, que se canalizan a
través de empresas como Cammesa (la administradora del mercado eléctrico
mayorista) y Enarsa (la empresa estatal de energía a cargo de la importación de
gas desde Bolivia, Chile y ultramar, entre otras cosas) y la apuesta por la
obra pública, los primeros perderán importancia en comparación con la segunda
en la contabilidad del Estado.
Con la modificación regulatoria, la Jefatura
de Gabinete tendrá a cargo la definición y el seguimiento de todas las grandes
obras que se hagan de acá en más en el país. Eso incluye un mosaico muy variado
de proyectos, que van desde el tendido de rutas, una tarea a cargo de Vialidad
Nacional, hasta la construcción de usinas eléctricas, el diseño de reactores
nucleares, la compra de bienes de capital y la asistencia a provincias para
hacer inversiones públicas.
Peña podrá, entre otras cosas, intervenir en
la definición de los sectores prioritarios para el destino de las inversiones
públicas, así como en la búsqueda de fuentes de financiamiento para esos
proyectos.
Las iniciativas se seleccionarán, en
coordinación con otros organismos, sobre la base de "la tasa de retorno
individual y social de cada proyecto". Una vez seleccionados, Jefatura
enviará la propuesta presupuestada de fondos y avales a la Secretaría de
Hacienda -que dirige Rodrigo Pena- y la Oficina Nacional de Presupuesto, para
que los compatibilicen con los créditos de cada jurisdicción.
Si Macri lo dispone, la Jefatura podrá fijar
un monto máximo para que un proyecto de inversión pueda ser aprobado
directamente por un ministerio para su inclusión directa en el Plan Nacional de
Inversión Pública. Pero ese número nunca podrá ser superior al uno por mil del
presupuesto anual de inversión pública nacional del ejercicio anual inmediato
anterior.
Según las últimas cifras disponibles, el presupuesto
para 2015 fue de $ 148.622 millones. De manera que cualquier iniciativa que
supere los aproximadamente US$ 8 millones tendrá que contar con el visto bueno
de Marcos Peña.
Números a tener en cuenta
$ 52.300
Millones
Es el monto de inversión dispuesto por el
Estado entre enero y mayo pasados
27,8%
Concentración
Es el porcentaje de aquella suma destinado a
la provincia y la ciudad de Buenos Aires
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