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Por Carlos Burgueño - El ala política pide al Gobierno que, al menos
por 15 días, se deje de lado la "flotación libre" y se controle el
dólar con las armas que sean necesarias. Luego, desde el 14 de agosto, que
vuelva, si se quiere, la ortodoxia cambiaria. Algunos dirigentes oficialistas
fueron claros en las últimas horas: estamos a uno o dos puntos técnicos, para arriba
o para abajo, de Cristina de Kirchner en la provincia de Buenos Aires, y los
movimientos alcistas del dólar pueden hacer la diferencia para que perdamos. O
más directamente: o el dólar se controla y baja, o el macrismo pierde las
PASO.
Los reproches de este fin de semana vinieron desde la rama política del
macrismo. Las quejas aparecieron puntualmente desde los candidatos que, en gran
parte del país, tuvieron que salir a realizar el "timbreo nacional
electoral" con el cual, y de manera sincera, se sale a convencer a los
vecinos comunes y corrientes de las bondades de votar por, en este caso, el
oficialismo. La técnica tiene como competidor directo al kirchnerismo, que sin
mayores eufemismos eligió también esa forma de convencer al votante. Los candidatos
del macrismo, en especial los que recorren el conurbano bonaerense, venían ya
acostumbrados a ser más o menos cuestionados por la situación económica
general; y tenían ya ensayada y relojeada la técnica de explicar que todo se
trata de una cuestión de tiempo hasta que la mejora económica alcance a todos.
Se insistía en que la economía crecerá este año un 3%, que la inflación está
bajando y que este año será la mitad que en 2016, y que 2018 la mitad que en
2017. Hasta se explicaba que los aumentos de tarifas eran necesarios y que
"pronto" se llegará a niveles de equilibrio. Se confiaba, además, que
para las definitorias elecciones de octubre la situación estaría bajo control y
que la economía mostraría mejores números que los de agosto. Parecía, según las
propias declaraciones de los candidatos en campaña, que con este esquema la
marcha, más o menos, estaba dominada y que las posibilidades de un primer
puesto de Esteban Bullrich sobre Cristina de Kirchner eran posibles.
Sin embargo, todo se complicó este fin de semana. La percepción de muchos de
los políticos del oficialismo fue que ahora, además de la economía y el
derrame, hay que explicar las subas del dólar y sus potenciales consecuencias
sobre los precios de julio y agosto. Se comienza a comprender en el macrismo
ahora lo complicado que es siempre para el inconsciente colectivo argentino (de
cualquier clase social con comprensión económica básica) trabajar en un plan o
explicación económica en medio de un alza rápida en la cotización de la divisa.
Si bien el oficialismo tiene argumentos sólidos para explicar que el
crecimiento del dólar registrado desde el 14 de junio hasta el viernes pasado
está plenamente justificado por el atraso cambiario del primer semestre del año
contra la inflación, lo cierto es que la historia económica de la Argentina
(incluyendo la reciente) contiene demasiado como para generar inquietudes en el
hombre de calle. Tenga o no la culpa el macrismo de este inconsciente
dolarizado del votante, especialmente el del conurbano medio, lo cierto es que
en los timbreos del fin de semana el tema dólar se coló peligrosamente en la
campaña, y a sólo 15 días de las PASO.
Los reproches llegaron sin eufemismos al gabinete nacional, de ahí a la
conducción económica y de ahí a los puentes, siempre sensibles en la visión
independentista que tienen los hombres de Federico Sturzenegger, al Banco
Central. Hoy será un día clave para conocer si los movimientos de última hora
del viernes, que incluyeron la colocación de unos u$s305 millones para imponer
un precio sostenido en un centavo por encima de los 18 pesos, en momentos en
que la disparada parecía llegar a los 18,10 pesos por cada divisa. En el
Gobierno se confía en que ese dato servirá para imponer de hecho una "pax
cambiaria", lo suficientemente duradera para llegar hasta el 13 de agosto
con cierta tranquilidad y despejando el capítulo dólar para el último timbreo
electoral del próximo fin de semana. La interpretación económica de los hombres
de la Jefatura de Gabinete, que por ahora no quieren presionar a Sturzenegger y
su gente, es que esos u$s305 millones, en un mercado de entre 500 y 600
millones de dólares diarios en promedio, deberán servir de suficiente lección
para lograr ese efecto.
Desde el Ministerio de Hacienda de Nicolás Dujovne la mira sigue estando en
otro capítulo vinculado directamente al precio del dólar: los potenciales
efectos inflacionarios que tenga la recotización del dólar ante el peso. Tal
como había adelantado este diario el viernes, el análisis se concentra en si el
dato del INDEC de este mes se mantiene o supera el 2,2%. Si lo empata,
continuará la estrategia tal como se sostiene hasta ahora. Si se complica y el
dato que arroja el organismo que maneja Jorge Todesca supera ese porcentaje,
será el momento de rediseñar la política cambiaria; al menos hasta octubre,
para trabajar en un dólar a no más de 19 para las legislativas.
Oficialmente se describe a este fenómeno sin eufemismos como dólar Cristina, ya
que comenzó a subir sólo por la aparición de la expresidenta en la lista de
candidatos. Siguiendo el capítulo inflacionario, y según las estimaciones
oficiales, para este mes el incremento base es de 1,2% fruto de las alzas
autorizadas, como combustibles, prepagas y otros servicios. Se considera lógico
un alza de unos puntos porcentuales más a partir de las consecuencias de los
primeros incrementos, con lo que hasta un 1,8% o un extremo 2% habría
aceptación oficial. El problema radicaría si al conocerse el dato de la
inflación de julio, el incremento supera el 2,2%. Si esto ocurriera, el
incremento del dólar se habría trasladado a precios. El INDEC comunicará el IPC
de julio el 10 de agosto, a tres días de las elecciones, sin tiempo para
acciones directas.
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