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Por Carlos Burgueño - En el Gobierno, por
ahora, el dato se mantiene en un prudente secreto y a la espera de más
confirmaciones de campo. Pero dentro del Palacio de Hacienda, y también el
Banco Central, se maneja la información que el alza de los precios de julio se
ubicaría cerca del 2,2%. Si esto ocurriera, el nivel de la inflación del mes
pasado estaría en sintonía con las proyecciones originales y habría salteado
con cierto éxito el alza del dólar que elevó el valor de la divisa en un 6,3%.
Si el oficialismo logra evitar este fenómeno de "pass through"
(traslado del alza del dólar a precios estructurales), podrá decir que se pudo
revalorizar a un ritmo acelerado el precio retrasado del dólar hasta llevarlo a
un nivel de equilibrio sin que esto afecte la inflación. El dato es técnico,
pero reflejaría que, al menos una vez, se pudo utilizar una corrección del tipo
de cambio sin consecuencias sobre los precios; algo que habitualmente ocurre en
cualquier economía ordenada pero que va a contramano con la experiencia
histórica de la Argentina.
Si bien ese nivel inflacionario sería un punto porcentual por encima del 1,2%
de junio y acumularía más del 14% en el año, ubicaría al indicador en un nivel
"razonable" y "dominable" para el resto del año. Los
candidatos del oficialismo llegarían a las PASO con un dato defendible y, lo
más importante, podría ser cierta la proyección en la que insiste Federico
Sturzenegger sobre un alza del IPC del 1% (o incluso menos) en el último tramo
del año. Si esto ocurriera, para las elecciones de octubre (en definitiva, las
que valen), los candidatos que deben defender al Gobierno de Cambiemos (en
especial en el conurbano), podrían mostrar una inflación dominada o, mejor aún,
sacar el tema de la agenda.
En el macrismo se considera este mínimo "pass through" del aumento
del dólar a precios de julio como el primer aporte importante del "Círculo
Rojo" al oficialismo para el proceso electoral de 2017. Dentro del, por
ahora prudente, optimismo hay igualmente algunos capítulos que generan bronca y
malhumor en el oficialismo. En especial por el comportamiento de dos rubros. El
primero es la evolución de los precios de la construcción, que en promedio se
habrían revaluado en un 5%; cumpliendo la premisa eterna de la Argentina de los
últimos 35 años que indica que una suba del dólar inmediatamente es trasladada
a los valores de los materiales; aunque, en su mayoría, no tengan ningún
componente importado. En el oficialismo prometen concentrarse en los controles
futuros a este rubro. El segundo dato preocupante de julio es el traslado de no
menos del 1% del alza de las naftas a los precios. En este punto hay muchas
críticas internas a la decisión de autorizar las subas, en un mes
tradicionalmente inflacionaria, con una cercanía a las elecciones del 13 de
agosto y cuando se descartaban presiones sobre el dólar por cuestiones
políticas. "A un burócrata se le ocurrió subir las naftas un mes antes de
las elecciones en lugar de esperar a la segunda quincena de agosto, a la primer
semana de septiembre", se lamentaba una fuente oficial, señalando a los
autores intelectuales de la medida.
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