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El comienzo de los créditos hipotecarios atados a la inflación parece
haber sido por ahora bastante confortable para los argentinos que se decidieron
a comprar una vivienda con este mecanismo. Los salarios formales, y
especialmente los privados, aumentaron durante los primeros 15 meses por encima
de lo que se encarecieron simultáneamente las cuotas de los préstamos que
evolucionan con la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA). Y esto permitió que el
tomador de crédito no viera afectados sus ingresos en términos reales.
Según las mediciones que hizo el Indec, los sueldos registrados aumentaron un
39% desde que se implementó este instrumento de indexación. La cuota UVA, en
cambio, lo hizo en un 35%. La comparación en los últimos doce meses también da
a favor de los asalariados: el sueldo privado creció un 29,7%; el público, un
28,9%; y la UVA, un 27,5%.
Menos deuda
La dinámica alcanza para despejar, al menos por ahora, el temor que tenían los
argentinos no bien se hicieron los primeros anuncios sobre los nuevos créditos
hipotecarios. En una economía con una historia de hiperinflación, devaluaciones
recurrentes, default y gobiernos inconclusos, asumir un compromiso a tan largo
plazo, de 20 o 30 años, con un ajuste de inflación sobre el valor de las cuotas
y la deuda, podía convertirse en una apuesta tan audaz como peligrosa. Con
todo, a pesar de las advertencias de los más pesimistas, hasta el momento el
aumento de las cuotas no superó el salario promedio de los argentinos; y la
deuda que queda por pagar a quienes to-maron el crédito, si bien nominalmente
aumentó (actualizada por la inflación o "indexada"), quedó más chica
que al principio en proporción al nivel de los salarios, por efecto de los
pagos que se hicieron en estos meses.
Con todo, en estas relaciones "salarios vs. UVA" parece empezar a
verse una fuerte estacionalidad. La mejora se percibe claramente en la primera
mitad del año, cuando las paritarias provocan saltos discretos (de un momento a
otro) sobre los ingresos de los asalariados. Pero el deterioro empieza a notarse,
en cambio, a partir de agosto, cuando la inflación sigue su ritmo y los
salarios dejan de crecer.
Uno de los puntos más cuestionados por los detractores de los UVA es la
"indexación del capital". El capital adeudado, que es el dinero que
quedó por pagar después de que se cancelaron las primeras doce cuotas, creció
en términos nominales a la par de la inflación (porque se expresa en cantidad
de UVA). Pero esto también pareció quedar compensado por la mejora salarial al
menos por ahora para quienes se animaron a tomar un préstamo. Quien se endeudó
en marzo de 2016 por $1.000.000, quedó debiendo en mayo $1.193.000 (siempre en
valores nominales). Con todo, el pago de las cuotas y la mejora paritaria
hicieron que esta deuda cayera con relación a los salarios: tomando un salario
de $15.000 en marzo de 2016, el capital adeudado representó entonces unos 67
sueldos para el tomador del crédito; pero en marzo de este año se redujo a 57.
Esto muestra que, después de quince meses de experiencia con el crédito UVA, los
argentinos no quedaron más lejos de cancelar su deuda, sino bastante más cerca.
La cantidad de sueldos que hoy necesitan para saldar su deuda con el banco es
un 15% menor que al contraer el préstamo.
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