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Por Germán Fermo - Contundente triunfo
electoral de Mauricio Macri: para cambiar primero hay que existir. Es
esperanzador percibir quizá, el inicio de un lento adiós a setenta años de
peronismo empobrecedor, parecería que los argentinos nos vamos dando cuenta de
que ya es tiempo de consolidar una alternativa diferente que nos saque de esta
miseria africana en la que nos dejaron. El resultado de ayer muestra a un
gobierno contundentemente ampliando consenso a nivel nacional y superando
satisfactoriamente su primer gran escoyo electoral, pero al mismo tiempo,
denota todavía la carencia de un apoyo plenamente mayoritario, circunstancia
que seguirá poniendo freno a cualquier intento significativo de
reestructuración económica, más aún frente a una ciudadanía que hasta ahora no
alcanza a comprender plenamente lo urgente que es cambiar nuestra estructura microeconómica
a los efectos de propiciar las condiciones necesarias para un crecimiento
sostenido, aspecto indispensable para desterrar pobreza. Del otro lado de la
ecuación, se observa a un kirchnerismo derrotado y en claro proceso de
licuación definitiva, lo que alguna vez fue un contundente 54% nacional que
casi nos condena a Venezuela, ahora representa sólo una irrelevante minoría, lo
cual tuvo y seguirá teniendo impactos positivos en la valoración de
activos argentinos. Incluso, feudos aparte, bien podríamos decir que en las
elecciones de ayer no hubo un solo líder peronista ganador con contundencia, no
creo haber visto algo similar en toda nuestra historia democrática. El
peronismo debería a esta altura de los acontecimientos comenzar a delinear
seriamente una estrategia anti-extinción y a plantearse cómo armar poder fuera
del poder, terreno ampliamente desconocido para sus líderes. En este marco
político, se comienza a vislumbrar la no irrelevante probabilidad de ver a un
segundo gobierno de Cambiemos pasado el 2019, circunstancia inédita para el
justicialismo, aspecto que no pasará desapercibido desde mañana lunes en
apertura, en lo referente a la dinámica de activos argentinos.
El viernes pasado los activos argentinos
anticiparon a un Macri “no efímero”. Recordemos que la generalidad de los
ADRs operó en un entorno de 3% y la parte larga de la curva soberana de bonos
superó el 1.2%, en una clara señal de un mercado que decidió aumentar en su
último día hábil pre-electoral la exposición hacia riesgo argentino de caras a
los resultados del ayer, domingo. También es cierto que en las últimas semanas
los activos argentinos tanto acciones como bonos largos, estuvieron operando
con cierta pesadez que, sin ser dramática, comenzó a descontar preocupación respecto
al resultado electoral que el oficialismo pudiera alcanzar en la madre de todas
las batallas, la eterna Provincia de Buenos Aires. A esto se le sumó un dólar
que se despertó de su infinito letargo depreciándose histéricamente casi un 10%
y erosionado en su camino, la tasa devengada en Lebacs de casi todo un
semestre. Más allá de que los argentinos vivimos la evolución del dólar como si
fuese un partido de fútbol, nada de lo acontecido parecía indicar un drama y
hoy los mercados probablemente convaliden dicha realidad no crítica y reanuden
la tendencia positiva con la que Argentina viene operando desde las PASO 2013,
evento en el que comenzó la dilución del kirchnerismo.
Las tres formas de jugar el resultado de
ayer. Primero, posicionarse short dólar y long pesos tendría sentido,
por lo que armar posiciones en la parte corta de la curva de Lebacs retornaría
como una de las estrategias a seguir. A tres meses vista estamos hablando de
una posición que en pesos devengaría aproximadamente un 6% bruto más una apreciación
del peso contra el dólar que no descarto, por lo que bien podría generar en
torno a 7% en dólares para los próximos 90 días. Segundo, respecto a
la parte larga de la curva soberana, recordemos que la compresión de spreads se
paralizó desde inicios de año y el resultado electoral de ayer probablemente
genere una continuación de la tendencia observada en gran parte del 2016 hacia
una reducción adicional de riesgo país. Esta potencial compresión de spreads
debería jugarse con los bonos más largos como Argentina 2037, 2046 y el
polémico e incomprendido bono centenario, recordando que este último tiene
mucha más convexidad y, por lo tanto, se aceleraría fuertemente respecto al
resto de los bonos largos propiciando una mayor potencialidad de toma de ganancias
digamos, hacia el cierre del año. Tercero y finalmente, los
resultados de ayer dan una excusa más para que las acciones argentinas retomen
su sendero alcista y se saquen de la mochila la no inclusión de emergentes de
hace ya unas cuantas semanas.
El peronismo nunca enfrentó un opositor como
Macri: implicancias en la valuación de activos argentinos. Respecto a Raúl
Alfonsín, Macri tiene la gran ventaja de tasas colapsadas y una soja que, sin
estar en máximos, muestra niveles muchos más altos que en los 80s. Mientras
Alfonsín llegó a enfrentar tasas al 20% anual, Macri se encontró con una tasa a
10 años de USA en 2%, nada más y nada menos, que diez veces más baja, casi en
mínimos históricos. Respecto a Fernando de la Rúa, Macri tiene la ventaja de
haberse encontrado con un país relativamente desendeudado y también con un
precio de soja más favorable. Por lo tanto, el peronismo deberá comprender que
este gobierno dispone para el próximo lustro de un aliado, el endeudamiento
externo, que no tuvieron sus dos predecesores inmediatos y esto aumenta
sustancialmente las chances de supervivencia. De hecho, la Argentina de hoy
bien puede concebirse como un experimento político único y no visto antes por
nosotros: un presidente no peronista teniendo claras chances de ser reelegido
democráticamente y más aún, con un formidable recambio potencial personificado
en María Eugenia Vidal, a esta altura, claramente presidenciable. Este
paradigma, independientemente de los fundamentos subyacentes, será en mi
opinión, el principal motor de la dinámica de activos argentinos hacia el 2019.
El mundo seguirá sin hacernos demasiadas preguntas y toda la tracción
permanecerá como hasta ahora con un marcado perfil político, sustentado en la
permanencia de un gobierno no peronista en el poder a mediano plazo.
Impactos en economía real a mediano plazo. No
espero grandes anuncios para los próximos dos años, seguiremos endeudándonos y
comenzaremos a observar una economía que probablemente rebote fuerte, borrando
de la memoria tan cortoplacista de los argentinos los dos años de debilidad que
venimos observando desde el 2016, fruto de las variadas y necesarias
correcciones que el oficialismo debió implementar en la ultrajada economía
argentina. Por lo tanto, es factible imaginar a una economía en plena etapa de
expansión consumista de caras a la elección que verdaderamente importa, las
presidenciales del 2019, y en el medio, un gobierno sumamente cauto siguiendo
un sendero muy gradual que pone en la desinflación a su principal objetivo
económico. De esta manera, me imagino que el primer mandato del presidente
Macri culminará con tres grandes logros económicos: a) eliminación del nefasto
e incomprensible cepo cambiario, b) resolución definitiva del conflicto con los
holdouts, c) ubicar a la Argentina en un sendero inflacionario cercano a un
dígito. Tremendos logros los tres, pero dada la pesadísima herencia del
kirchnerismo, dichos resultados serán insuficientes a mediano plazo si no se
los complementa con el inicio de un largo periodo de reestructuración que
involucre reformas a nivel tributario y laboral, que nos vuelvan a convertir en
un país normal y viable, aspecto no alcanzado en esta Argentina en cámara lenta
en la que decidimos vivir.
Impactos en activos financieros a mediano
plazo. Tengo la sensación de que Argentina seguirá traccionando
positivamente en mercados financieros por expectativas de supervivencia
política y, por lo tanto, el resultado de ayer será bienvenido por una
comunidad internacional que ve en el “no-peronismo” una formidable fuente de
valor tanto para acciones como para bonos largos. Por lo tanto, este resultado
que claramente significa un fortalecimiento del status quo alcanzado en 2015,
será visto desde New York como que Macri superó exitosamente su primer gran
test político y será leído como el primer paso hacia la continuación del
oficialismo al frente de nuestro país. En la medida que el apetito a riesgo
global se mantenga y recordemos que el S&P sigue casi en máximos históricos
y con la segunda racha ganadora más larga de su historia, la tendencia positiva
para activos argentinos mostrada en el primer semestre del año probablemente se
reanude de caras a lo que resta para el 2017, tanto en renta fija como
variable.
Deberemos convertirnos en la generación del
sacrificio, de la paciencia y por sobre todo, de la convicción plena. Quizá
los argentinos sin darnos cuenta todavía, estemos comenzando a aprender el
significado de convivir en un contexto democrático bajo una propuesta diferente
al peronismo. Este incipiente proceso de aprendizaje y convicción será mucho
más lento de lo que algunos esperarían y hasta tanto no se convalide, el
oficialismo carecerá de suficiente apoyo político y social como para emprender
las reformas estructurales que exige nuestra diezmada economía. Recomponer 70
años de errores y desaciertos llevará décadas, nada será inmediato y mucho
menos libre de costo. La Argentina de hoy exhibe una pobreza inaceptable, ese
fue el fulminante legado del populismo kirchnerista, un movimiento que se
convirtió en una muy eficiente fábrica generadora de pobres. Entonces, y aun
comenzando a hacer todo bien desde hoy mismo, nuestro mejor escenario posible
sería converger a Chile digamos, a treinta años vista. La nación andina pudo en
estos últimos treinta años reducir su pobreza del 40% al 11% actual. Dependerá
entonces de nosotros, la generación de la inflexión potencial, sacrificarnos
para que los que siguen puedan disfrutar de un país más digno y socialmente
justo. No nos espera otra cosa que sacrificio, paciencia, y por sobre todo,
convicción plena, lo actuado ayer quizá sea el primer gran paso hacia un cambio
genuino y sostenible.
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