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Por Francisco Jueguen - Como con cada invitado al que le tocó
presentar, Enrique Mantilla, presidente de la Cámara de Exportadores, había
sido elogioso al extremo. Pero cuando alabó al presidente del Banco Central (BCRA), Federico Sturzenegger ,
fue el propio funcionario el que moderó el entusiasmo. "Felicíteme cuando
tengamos una inflación del 5%", dijo al subir al escenario del Four
Seasons.
Fue el único momento en el que se apartó del
libreto. Como en todas sus apariciones públicas, Sturzenegger leyó su discurso.
Previamente, esa nota había sido distribuida entre el nutrido público que
celebraba el Día de la Exportación. Recomendaciones del estricto equipo de
comunicación de la entidad, fuego y furia que sufrió en carne propia el ex
director Pedro Biscay semanas atrás.
Pese al péndulo del "dólar
electoral" en las últimas semanas, el presidente del BCRA ratificó que su
principal preocupación continúa siendo la marcha de la inflación y confirmó que
podría volver a aumentar las tasas si la suba de precios persiste. Sturzenegger
recalcó que la correlación entre la tasa de devaluación mensual y la inflación
mensual "se desplomó", situación que varios analistas privados daban
casi por hecho para este mes. Además, pese a enumerar las virtudes de la
flotación libre del tipo de cambio, reafirmó que se guarda la posibilidad de
intervenir en el mercado ante "movimientos disruptivos".
El presidente del BCRA recordó que el 2 de
marzo el banco comenzó un ciclo de contracción monetaria. "La persistencia
de la inflación núcleo nos convenció de que debíamos seguir firmes en esa
postura, y de hecho el día de hoy creemos que es indispensable mantenerse para
acercar la desinflación a los valores que buscamos", afirmó el economista.
"El 1,4% y 1,2% de inflación mensual de mayo y junio volvieron a dar
indicios alentadores, lo que llevó la inflación interanual a 21,7%, la menor en
siete años. Julio, por otro parte, registró una suba de 1,7%. Y aunque la
interanual siguió cayendo, para llegar a 21,4%, es un número que no deja
satisfecho al BCRA, aun sabiendo que fue un mes en el que gran parte de los
aumentos fueron decisiones sobre precios regulados. Tampoco nos satisface que
la inflación de los últimos tres meses haya retornado en términos anualizados a
un valor cercano al 18%", leyó Sturzenegger, y estimó: "Por ello,
hacia adelante, el BCRA persistirá en su posición restrictiva y la intensificará
de ser necesario para llegar a fin de año a niveles cercanos al 1%
mensual". Con esa meta, espera el banco llegar a un objetivo fijado en
2018 en 10%.
Con relación al vínculo entre el peso y el
dólar en los últimos tiempos, Sturzenegger indicó que "la correlación
entre tasa de devaluación mensual y la inflación mensual se desplomó
notoriamente desde diciembre de 2015". Según sus propios datos, entre 2011
y 2015 la correlación entre ambos fenómenos era de 73%. Desde 2015, al día de
hoy se ubicó en torno al 18%. Pese a esos números, varios economistas privados
indicaron que es probable que los movimientos del dólar impacten parcialmente
en el dato de inflación de agosto.
El presidente del Central destacó que el tipo
de cambio "no será un ancla para bajar la inflación". Esto último fue
música para los exportadores, que escuchaban desde las 9 de la mañana algunos
datos no tan alentadores. Por caso, el ministro de Agroindustria, Ricardo
Buryaile, había admitido que el año podría cerrar con un rojo comercial de US$ 5000
millones; Marisa Bircher había señalado que los desafíos en el debate con la UE
serán las negociaciones sanitarias y de propiedad intelectual, mientras Horacio
Reyser intentaba tranquilizar al auditorio señalando que el sector industrial
tendría en esa puja desgravaciones graduales de hasta 10 años, plazo suficiente
para una "reconversión".
Entonces, el secretario de Comercio, Miguel
Braun, criticó las "voces del desánimo" que afirman que no pueden competir
y que reclaman ayuda [del Estado]. Afuera, en el pasillo, un confeccionista de
sábanas de Tierra del Fuego pedía financiamiento barato a los enviados de
Marcos Peña, y algunos bodegueros, mejoras de tres puntos en reintegros. Fue
entonces cuando alguien nombró el Plan Productivo Nacional en el auditorio.
Afuera se oyó un estruendo de platos. "Se cayó el plan", bromeó en
voz baja uno de los vicepresidentes de la UIA entre el público.
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