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Por Claudio Zlotnik - El último domingo
de madrugada, los que no pudieron dormir por la ansiedad de conocer el
resultado de las elecciones bonaerenses no sólo fueron los que siguieron el
tema en Argentina. En Nueva York y, del otro lado del Atlántico,
en Londres, el vértigo del conteo también dejaba sin sueño a otros tantos.
Analistas y operadores que a diario evalúan
a la Argentina para decidir inversiones financieras permanecían online
para tener los datos electorales. Pero no sólo por eso. Por la dinámica del
conteo, con Cristina Kirchner arrimándose a la cantidad de votos de Esteban
Bullrich, y tras la decisión de suspender los cómputos, algunos financistas
sospecharon que podrían sobrevenir trifulcas, producto de la bronca.
Nada de eso ocurrió, pero la anécdota sirve
para marcar el interés que hoy en día suscita la Argentina en
los centros financieros. Al momento de suspenderse el conteo de los votos,
los bonos argentinos estaban a minutos de comenzar a operar en
la Bolsa de Londres. Y los principales fondos de inversión con intereses
en esos papeles quería perderse la oportunidad de concretar buenos negocios.
Si se tratara de una de las series de
Netflix, el final del primer capítulo ya es conocido: la buena perfomance de
Cambiemos en las elecciones desató el optimismo entre esos mismos
representantes de fondos de inversión que pasaron la madrugada en vela. Las
valuaciones de los títulos de deuda argentinos registraron un rally
alcista, lo mismo que las acciones empresarias. Y el precio del dólar se
deplomó.
En el mismo ejemplo de Netflix podría
afirmarse que, ahora, y cuando aún resta por conocerse el veredicto electoral
de octubre, lo que todos quieren saber es cómo continúa el resto de
la temporada. Y en eso andan inversores, empresarios y también el Gobierno.
A pocas horas de finalizadas las Primarias,
los funcionarios empezaron a marcar la cancha. Luis Caputo, ministro de
Finanzas, fue el primer en levantar la voz públicamente. "Los empresarios
se tienen que despertar y pasar a la ofensiva, porque hasta ahora
miraban el vaso medio vacío", dijo. La apelación fue directamente a
los ejecutivos que, hasta ahora, argumentaban que el Gobierno debía refrendar
su poder en las urnas antes de hundir dólares en la economía argentina.
El propio Macri, se sabe, transcurrió sus
primeros 20 meses en la Casa Rosada molesto con los empresarios que
incumplieron su promesa de invertir. La historia es conocida: hasta ahora,
ejecutivos de acá y del extranjero supeditaron tales decisiones a una reválida
electoral de Cambiemos y al consecuente desplazamiento político de la ex
presidenta Cristina Kirchner.
Optimismo... pero con dudas
En una primera recorrida entre distintos fondos de inversión de Wall Street y
dirigentes empresarios locales, los análisis guardan puntos en común:
● A
favor del Gobierno
- Las elecciones sacaron del medio un escenario extremo, donde Cristina
Kirchner podía triunfar por más de cinco puntos de diferencia y marcaba la
próxima agenda política y económica dejando a Macri como un "pato
rengo" para administrar el país por los próximos dos años.
- La actividad económica, ahora sí, da muestras de un despegue que
despierta ilusiones. Ya no sólo levanta el sector rural. Acompaña la mayor
parte de los rubros de la industria y la construcción. El consumo
masivo sigue relegado, y por ahora sigue siendo la gran duda: en qué momento
mejorará.
- En línea con el punto anterior, la inflación parece moderarse aunque
a un ritmo más bajo que el pretendido por el BCRA y el Gobierno. Lo más
preocupante es la resistencia que evidencia la "inflación núcleo", lo
que hace pensar que Federico Sturzenegger mantendrá elevadas las tasas de
interés al menos en lo que resta del año.
● En
contra del Gobierno.
- La mayor incertidumbre refiere a la capacidad de Macri por llevar
a cabo el ajuste pendiente, que prevé una reducción del rojo fiscal para
el próximo año. La duda ya no hace hincapié en si la Casa Rosada cuenta o no
con el poder político para ajustar las cuentas públicas. Ahora se pone el
acento en si el Presidente cumplirá con
los objetivos.
En uno de los principales bancos de Wall Street se lo preguntaban
concretamente: "¿El Gobierno implementará en noviembre el aumento de
tarifas ya comprometido? Permítame dudar".
La duda en Wall Street obedece a que,
justamente, la campaña de Cristina hizo eje en el tarifazo. "¿Le
regalaría Macri esa agenda al kirchnerismo, aun cuando ya hayan pasado las
elecciones?", se pregunta la fuente.
En el Palacio de Hacienda ratifican la
meta porque ven la necesidad de seguir con el plan de reducción de los
subsidios. Aunque se niegan a ponerle números a esos aumentos. "Los
definen en Energía", plantean ante la consulta de iProfesional.
A la espera de la agenda
En su primer contacto post PASO, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, señaló que
en las próximas semanas, de cara a la campaña de las generales de octubre, el
Gobierno desplegará propuestas concretas. De medidas para agilizar la
mejora en la actividad económica.
Esa intervención va en línea con lo que
observan analistas de Wall Street y algunos empresarios integrantes del
"círculo rojo": que el Gobierno no tiene tiempo para perder y que,
cuanto antes, debe emitir señales de que podrá cumplir con la
reducción del déficit fiscal planteado para 2018.
En ese sentido, no es casual que la principal
actividad de Nicolás Dujovne en la semana siguiente a las elecciones haya
sido la reunión con los ministros de Hacienda de todas las provincias. La
idea es cerrar, lo antes posible, un acuerdo fiscal con los distritos
del interior.
Para conocer de qué se trata hay que
remontarse a marzo último. En ese momento, Dujovne y sus pares de Economía de
21 provincias firmaron un acuerdo por el cual se comprometieron a cumplir metas
de gastos primarios por debajo de la inflación hasta el 2019.
Y ahora ya están en la redacción de una
nueva ley de Responsabilidad Fiscal para debatir en el Congreso el
año que viene. De esta negociación con los gobernadores dependerá la confección
del Presupuesto 2018, que el Gobierno enviará al Parlamento a mediados de
septiembre, pero que recién se tratará después de las elecciones.
Zoom en los números fiscales
Justamente, la primera señal contundente que esperan los "mercados"
sobre la nueva etapa será la confección de un presupuesto "realista y
consistente" con el ajuste fiscal que prometió la Casa Rosada.
La sanción de esta ley dibujará el mapa de
poder de los últimos dos años de la actual administración. "¿Quién se hará
cargo del ordenamiento de las cuentas? ¿Los gobernadores? ¿La clase
media con más aumentos de las tarifas?", se pregunta el director de una de
las principales alimenticias de la Argentina.
La pregunta del empresario desemboca en otra
gran cuestión: si el ajuste golpea sobre una demanda doméstica que está
letárgica, ¿la actividad económica podrá levantar más? ¿Y si el consumo interno
no se recupera, entonces, sería sostenible el crecimiento?
Dicho de otra forma. ¿puede esperanzarse el Gobierno a que, por fin,
vengan las inversiones privadas si ese consumo no mejora, si la calle no
siente el crecimiento?
Algunas inversiones, no obstante, ya hacen
fila para concretarse. De acuerdo a las expectativas oficiales, el sector
energético, con Vaca Muerta y los proyectos de energía renovable a la cabeza,
seguirá traccionando. Lo mismo con las telecomunicaciones y la construcción.
Sobre este último punto, en el equipo de
Dujovne no dudan: "Las inversiones del Estado están garantizadas. No
sufrirán ajustes. Equivalen a dos puntos del PBI y son muy relevantes para las
economías provinciales", destaca uno de los miembros del equipo económico
ante la pregunta de iProfesional.
Mientras tanto, en Wall Street sacan
cuentas. Al Gobierno se le extingue la posibilidad de financiar todo el
rojo fiscal con la emisión de deuda en los mercados. Antes debería asegurarse,
precisamente, que la economía crezca a un ritmo de al menos 3% anual.
"Es difícil que el mercado le preste más de u$s10.000 millones
anuales. Eso ya es mucho. Pero es lo que necesita si, en simultáneo,
cumple con la reducción del déficit fiscal", agrega esta vez una fuente de
un banco londinense.
Las cartas empiezan a repartirse. Como en la
partida del truco mandan la desconfianza y la audacia. A menos que se tenga el
ancho de basto y el de espadas en la misma mano, nadie quiere precipitar su
juego. Este es el caso: cada uno quiere ver las cartas del otro antes de
"cantar".
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