|
Por
Francisco Jueguen - En la Argentina lo "trucho" puede alcanzar puntos
extremos. Esto ocurre, incluso, en su industria más relevante, la de alimentos.
Sobran ejemplos: el vino Sol Cuyano, que se vendió con alcohol metílico, quesos
rallados con aserrín o pimentón con polvo de ladrillo y, más cerca en el
tiempo, productos de panadería con bromato de potasio, un aditivo prohibido en
el país en 1998.
La
actualidad es hija de las sutilezas. Reinan los que esconden en la información
de los envases ingredientes que sólo un laboratorio puede detectar. En el rubro
galletitas, por ejemplo, un 17% de las primeras marcas no cumple con lo que
afirma la etiqueta de información nutricional. Ese porcentaje trepa al 50% en
las segundas marcas. Éste es uno de los datos de un análisis de la carrera de
Ingeniería en Alimentos de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
El
estudio fue realizado durante este mes y abarcó más de 1000 productos envasados
que actualmente se venden en las góndolas y llegó a un resultado: entre 4% y 5%
de esos bienes presentan información errónea o mal declarada en los rotulados
de su packaging.
"La
conclusión es que ciertos alimentos especulan con la ausencia de control y
otros no cumplen con la norma de rotulado obligatorio, establecida en el Código
Alimentario Argentino", afirmó la conclusión del análisis técnico.
"También se encontraron productos con lotes no declarados, información
nutricional mal especificada, RNE [registro nacional de establecimiento] en
trámite, entre otros", agregó.
Este
estudio no podía caer en peor momento para el sector alimentario. El año
pasado, Chile promovió la implementación de información nutricional más
estricta en el etiquetado de los alimentos: sumó discos negros con letras
blancas en los que se identifican los productos altos en azúcares, sodio,
calorías o grasas saturadas. Uruguay está en plena consulta pública (termina a
fines de este mes) impulsada por el gobierno de Tabaré Vázquez (médico
oncólogo) para instalar un sistema de información y advertencia similar.
En
la Argentina, la industria alimentaria y el Gobierno firmaron un convenio para
avanzar en el tema. Las empresas locales prefieren un sistema más parecido al
que empezó a trabajar -pero no implementó- Brasil y que se usa en Gran Bretaña:
un semáforo nutricional que alerta sobre excesos de sodio, grasas saturadas y
azúcares, menos riguroso que los de Chile y Uruguay.
El
Ministerio de Salud argentino pretende estándares más duros, mientras que la
industria alimentaria local pide no exagerar temores respecto de algunos
productos.
Pero
el debate va incluso mucho más allá del rotulado. Según el convenio firmado por
el sector y los ministros de Salud y Agroindustria, ya se discute la publicidad
de los alimentos; la regulación de los entornos escolares y los impuestos, el
tema que más preocupa a los empresarios. De fondo, está el problema de la
obesidad infantil en la Argentina, donde la prevalencia es la más elevada de la
región.
El
estudio elaborado por Sebastián Oddone, decano de la Facultad de Ingeniería y
Ciencias Exactas de la Fundación UADE, encontró irregularidades muy diversas.
Entre otras, por ejemplo, que existe el "aceite con oliva", que
"engaña" al consumidor. Su composición es 40% de oliva y 60% de
girasol. También halló la "miel falsa", que se vende como miel real,
pero que "en letra muy pequeña" explica que es "un alimento a
base de JAF" o jarabe de alta fructosa (azúcar).
"Una
margarina light ofrecida en la góndola de lácteos declara
tentadoramente en su envase tener un 29% menos de grasa que otras margarinas
similares. Sin embargo, de un relevamiento de diversos tipos de margarinas,
incluso de la misma marca, se detectó que lo declarado es falso. Más del 90% de
las margarinas presentan exactamente los mismos valores de grasas que ese
producto que es ofrecido como light", dijeron.
Además
se detectaron productos -advirtieron en la casa de estudios- cuyos rótulos no
cumplen las normas o cuyos datos no son ciertos. "Tan sólo nueve calorías
se declaran el frente de un paquete de merengues, una de las golosinas más
recomendadas en dietas y para consumo infantil. Sin embargo, esa cantidad de
calorías no es asociada a la cantidad de producto consumido. ¿Nueve calorías
por merengue, por porción o cada 100 gramos? El rótulo no da información clara
sobre lo que se está consumiendo. La tabla de información nutricional del
envase no hace referencia a las nueve calorías expresadas en el frente",
criticaron en la UADE.
Otro
descubrimiento pone en riesgo la salud. Según la universidad, se encontró
además una marca de galletitas que declara en el frente de su envase "0%
de sodio" en su producto. El laboratorio de la casa de estudios realizó
una prueba de laboratorio y detectó que el nivel de sodio era superior a 40 mg
cada 100 g de galletitas. "Con esos niveles, la empresa está obligada a
declararlos en la etiqueta", estimaron. "Es un riesgo muy alto para
los hipertensos", agregaron.
Los
diabéticos también deben tener prestar atención. "En el envase de unas
conocidas galletitas de limón se afirma que una porción de seis unidades pesa
30 gramos. Sin embargo, al testear en una balanza analítica de laboratorio se
demuestra que seis galletitas pesan 60 gramos, el doble. Si un diabético
consume sobre la base de cuentas en función de lo declarado en el envase, su
salud corre serios riesgos", se estimó.
La
UADE encontró también que un puré de papas deshidratado informa en su rótulo la
leyenda "sin conservantes" en color verde para "vincularse a lo
natural". Pero un análisis de su composición encontró que tiene BHA, que
es, explicaron, "un antioxidante de síntesis química que no tiene nada que
envidiar a los conservantes en cuanto a su naturaleza sintética".
Ante
la consulta, en la Secretaría de Comercio afirmaron que "hay pocos
reclamos en Defensa del Consumidor por esto". LA NACION también
buscó conocer la opinión de la Coordinadora de las Industrias de Productos
Alimenticios (Copal), pero no obtuvo respuesta.
El
estudio reveló además que existe una "falsa mayonesa". Más
precisamente, encontró que una de las marcas más importantes del mercado se
vende en las góndolas de mayonesa, pero su envase no menciona la palabra
"mayonesa", y es en realidad una mezcla de ingredientes similares,
pero con una cantidad de huevo inferior al 5%. "Su comercialización es
intencionalmente confusa", estimó el informe. Lo mismo ocurre con un
"aderezo de mostaza y miel" que se vende en el súper y que está
integrado principalmente por mayonesa. Esa situación se repite con otros
aderezos, como algunos "a base de ketchup" que se ofrecen en las
góndolas junto al ketchup, pero que "tienen el triple de aditivos".
El
análisis de UADE detectó productos vendidos como queso que en la etiqueta dicen
estar ofreciendo "rallado" en lugar de "queso rallado". En
realidad se trata de aderezos a base de queso y almidón, o sea azúcares. Pese a
lo que sugieren las etiquetas, no es queso.
Los
casos más curiosos
La
miel falsa
Una
miel que se vende como real, pero que, según la letra chica, es un jarabe de
alta fructosa
Margarina
light
Una
margarina que se vende como light, con 29% menos de grasas, tiene la misma
cantidad que las normales
Galletitas
sin sodio
Unas
galletitas que se venden como "0% de sodio" tienen 40 mg cada 100 g
de galletitas
El
doble de gramos
Unas
galletitas dicen que la porción de seis unidades es de 30 g cuando pesa el
doble
Queso
que no es queso
Un
queso rallado que se vende como "rallado" es en realidad aderezos y
almidón
|