|
Por
Julián Guarino - El Banco Central sigue con su estrategia de pinzas. Por un
lado, y como si se tratara de un mantra, Federico Sturzenegger repite a quien
quiera oírlo que no hay (ni habrá) un recorte para las tasas de interés que
maneja la entidad hasta tanto no haya un retroceso de la inflación núcleo o, al
menos, la presunción de que podría darse en un corto período. Desde mediados de
abril el BCRA sostiene la tasa de pases en un 26,25%.
Si se lo piensa, no es sólo una definición que reconfirma el carácter ortodoxo
de la presidencia del ex presidente del Ciudad; es un mensaje que bien podría
ser considerado un tiro por elevación para la política de Cambiemos: en tiempos
de campaña, un técnico les dice a los estrategas electorales que no todo lo
define el gurú Durán Barba.
Desde el punto de vista del mercado esto trae como correlato no sólo la férrea
defensa de los niveles de tasas cada vez que existe una licitación, sino
también un manual de usos y costumbres en el propio mercado financiero. Es que
a pesar de lo rígido del mandato, de todas maneras el BCRA suele habitar los
márgenes para realizar pequeños 'ajustes' alcistas en las tasas que pagan las
Lebac en el mercado secundario, lo que ha generado que empresas, bancos y financieras
deban pagar más por financiarse mediante fideicomisos, obligaciones negociables
y valores de corto plazo.
La novedad es que el Gobierno parece no estar dispuesto a mirar para otro lado,
en el caso de que se produzca un efecto crowding out (desplazamiento) en el
mercado financiero. Así, como el BCRA está dispuesto a pagar más por sus letras
en el mercado secundario para controlar la inflación, los fondos que aportan
liquidez al mercado usan esas tasas de piso y suelen pedir por encima de esa
marca. Por ende, cualquier emisor deberá estirarse a pagar una tasa más alta si
quiere conseguir fondeo.
En los últimos días, emisiones como las de los fideicomisos y obligaciones
negociables registraron subas en sus tasas y, además, una reducción en la
sobredemanda que habitualmente tienen estos títulos. En rigor, tanto
fideicomisos como las obligaciones solían pagar una tasa Badlar más seis puntos
y ahora esa tasa llega casi 30%, por lo que no descartamos que esto se termine
trasladando a las tasas activas que pagan los tomadores de crédito en las
próximas semanas.
Sin embargo, el registro da cuenta -hasta ahora- de que si bien durante las
últimas semanas las tasas activas de los bancos tuvieron un incremento, de
todas formas, las líneas en pesos al sector privado conservaron la tendencia
alcista. Es decir que mientras el costo financiero aumentó, de todas formas,
tanto hipotecarios como prendarios y personales conservaron la escalada. Es
más: agosto cerrará con una expansión de casi 3%, la más alta de los últimos
cuatro años para el mismo período. Como se dijo, el epicentro de esa suba son
las líneas de hipotecarios.
En los pasillos del BCRA señalan que la inflación de agosto debería cerrar por
debajo de los números de julio, pero que aún no hay certeza del retroceso de la
inflación núcleo, por ende tampoco habrá correcciones bajistas en las tasas.
Si se lo piensa se reconfirma así el escenario que había marcado la conducción
del BCRA Sturzenegger-Llach hace ya varias semanas, cuando auguraron meses
complicados en materia de precios, aunque con final de año más tranquilo. Eso
sí: habrá que ver cómo impactan las subas proyectadas en sectores tan sensibles
como el combustible, la luz, el gas y, potencialmente, el transporte, todos
incrementos que llegarán después de las elecciones de octubre. Aquí sí que,
probablemente, el gurú Durán Barba parece haber metido mano.
|