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Por Ezequiel M.
Chabay - El anuncio de la reapertura del mercado europeo para el biodiésel
argentino coincidió con la presencia de funcionarios nacionales en Bruselas,
adonde se celebra hasta hoy una nueva reunión para tratar el acuerdo de
asociación al que se busca llegar desde la plataforma del Mercosur.
El resultado
preliminar de esta nueva ronda de negociaciones corrige los murmullos de
ciertos corredores diplomáticos, en los que se veía factible una demora en
llegar a un acuerdo. Desde los headquarters de la Unión Europea suena fuerte y
claro que las negociaciones están encaminadas y sin grandes obstáculos por
delante. Y pese a que algunos especulaban con la rúbrica de una mera expresión
de buena voluntad entre las partes, en diciembre se anunciará la finalización
de las deliberaciones en todos sus aspectos de substancia, dejando lugar solo a
la revisión legal del acuerdo para su posterior firma.
La revisión legal a
la que se alude consiste en advertir cualquier inconsistencia jurídica que
puedan existir en la docena de capítulos de materia comercial que contendrá el
acuerdo, pero sin alterar su contenido y sustancia. Tras esta etapa, que puede
demorar varios meses, los textos serán enviados a los estados miembros y a sus
parlamentos, para su tratamiento. Y si bien todo ello consumirá meses, reduce
significativamente los tiempos que calculaban los actores económicos y muchos
gremios que, de un lado y del otro del océano Atlántico, ya están en señal de
alerta.
Esta semana, en
Bruselas, los negociadores hicieron un alto en las rondas para recibir a los
representantes de los sindicatos. El encuentro no fue casual: la clase política
europea sabe que enfrentará la protesta del sector agrícola, que resultará
perjudicado por la generosa oferta que hará a la producción sudamericana, y
quiere cuanto antes pasar el trago amargo y seguir adelante.
De igual modo, de
este lado existe preocupación en los sectores industriales y las pymes. El
informe que recientemente elevó al Congreso el jefe de Gabinete, Marcos Peña,
ataja varias inquietudes al respecto.
Según la respuesta
oficial dada a la oposición, la Cancillería busca "atenuar los efectos
adversos que podría llegar a implicar el acuerdo" con "esquemas de
financiamiento que permitan adaptar a las empresas a la globalización" y
"adecuar a las pymes manufactureras a los efectos de la liberalización
comercial". También prometen desarrollar "programas que permitan a las
empresas nacionales expandir, diversificar y profundizar los lazos económicos y
comerciales".
En la otra mano, el
Gobierno augura un futuro promisorio para los alimentos procesados, artículos
de molienda, vinos, productos de la pesca, algunos quesos, helados y derivados
lácteos, tabaco, preparaciones en base a carnes, y asegura que existe un
"potencial competitivo latente" para la maquinaria agrícola y el
sector automotor, la industria química y la metalmecánica, entre otras.
Más allá de lo
económico, el texto en debate supone un acuerdo marco de cooperación y diálogo
político, un fuerte signo de hacia dónde quiere ir el Gobierno en el plano
internacional: más cerca de Europa, más lejos de Trump.
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