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En la tradicional entrega de El Economista del Mes, el análisis estuvo a cargo de Ramiro Castiñeira, quien estima un dólar a $19 para fin de año y una inflación de 22% anual en 2017 con ayuda de las tasas de interés. Con relación a las cuentas fiscales, advierte que el déficit consolidado total es de 7% del PBI.
1|Escenario post-PASO
La discusión sobre los brotes verdes ya acabó. La economía arrancó y está
creciendo cerca del 4% anual. Las proyecciones privadas indican que esto se
sostendrá a un ritmo entre 2% y 3% el año entrante. Argentina está saliendo del
serrucho y, si se cumplen las proyecciones de 2018, se alcanzará un nuevo
récord en el nivel del PBI. Esto es gracias a que se llegó a las elecciones sin
la receta populista a la cual Argentina estaba acostumbrada, donde ante una
contienda electoral, el Gobierno de turno pisaba el dólar, las tarifas e
impulsaba el gasto público. En esta ocasión no se dio: aumentaron las naftas en
pleno escenario electoral, se dejó correr al dólar desde $15 a $18 y el gasto
público sólo subió 22% interanual, es decir, no creció. Esta combinación evitó
que detrás de las elecciones hubiera una crisis.
2|BCRA/metas deinflación
El Banco Central se puso metas de inflación muy exigentes para este año
(12%-17%) y el doble para el año que viene (10%). En 2017, probablemente la
cifra llegue al 22% y en 2018 se ubicará cerca del 17%; la inflación sigue
bajando. El BCRA está creando la institucionalidad perdida después de que se lo
utilizara durante años como la caja de financiamiento del Estado. Pero también
es cierto que quedan muchos problemas por resolver: la política monetaria no
puede sacarse de encima a la dominancia fiscal. Si bien se contrajo la
utilización del BCRA como una "maquinita" para financiar al Estado,
todavía se está monetizando parte del déficit, pero con objetivos, y se sabe en
qué magnitud (1,5% del PBI). Hay que tener en cuenta que el déficit, entre
Nación, provincias e intereses de deuda llega al 7%. Está en niveles muy
elevados y en este marco es difícil poner metas de inflación. Con la tasa de interés
podrá domar la inflación a corto plazo, pero la pelea es con la situación
fiscal a largo plazo.
3|Cambio estructural
El gasto público creció en la última década 15 puntos del PBI, llegando a una
situación fiscal desmadrada y no sostenible. Aun después de hacer ciertos
ajustes, el déficit fiscal consolidado son 7 puntos del PBI, mientras que en el
resto del mundo la cifra se ubica cerca del 3%, que les permite tener un ratio
de deuda pública estable. El país debe seguir atacando el déficit y debe lograr
alcanzar uno por lo menos que emparde con su tasa potencial de crecimiento. El
Gobierno se lo está proponiendo de una manera gradual porque no tiene mayoría
en ambas cámaras. No es viable proponer una política de shock sin mayoría; por
eso el gradualismo no es una opción, sino una obligación. El mercado se
entusiasma, después de las PASO, con que quizás hay gradualismo por dos años
más, pero en 2019 el Gobierno puede llegar a tener mayoría. Ahí, bajo este
escenario, recién podrían comenzar a aparecer reformas más estructurales.
4|Ciclos económicos que se repiten
Este es el tercer intento del país de volver al mundo. No es la primera vez que
Argentina busca salir de un contexto populista teniendo que unificar el mercado
cambiario, encauzar las cuentas públicas y restablecer las relaciones
internacionales. El proceso ya lo vivieron Frondizi y Menem; ahora es el turno
de Macri. El problema de Frondizi, pese a que logró incrementar la inversión
extranjera directa, fue que tuvo una mirada muy enfocada en el mercado interno.
No logró un aumento de las exportaciones que logre sostener el crecimiento una
vez que las inversiones empezaron a mermar. El gran error de Menem, en cambio,
fue casarse con la convertibilidad. Pisó los precios en un mundo que ya no
tenía un tipo de cambio fijo. Este Gobierno tiene la oportunidad histórica de
no cometer los errores de sus antecesores.
5|Objetivos fundamentales
Argentina tiene que volver a ser la meca para exportar en el mundo, como lo fue
con el modelo agroexportador. Tenemos un reservorio en el norte de lo que va a
ser el oro del siglo XXI, que es el litio. Además, está el 'shale gas' en la
Patagonia, la agroindustria en el centro y en el litoral y tenemos un fuerte
potencial para desarrollar el turismo. Argentina tiene todo para volver a
insertarse en el mundo globalizado. Ahora falta encarrilar las cuentas fiscales
y la situación energética, donde es necesario que existan precios
internacionales, como ocurre a nivel internacional. Tenemos la oportunidad de
que estos sectores lideren las exportaciones, que deben permitirle al país reconvertir
su cadena productiva a una economía mucho más abierta y libre.
6|Tipo de cambio
A diferencia de las PASO, la pregunta ahora es por cuánto va a ganar el
oficialismo. Esa situación le da respiro a la política económica en general y
al tipo de cambio en particular. Las recetas del pasado no van a tener
financiamiento externo. La Argentina sólo lo va a obtener si se propone volver
a la globalización. Como comienza a tomar fuerza la idea de que el país se sume
al mundo, se calman los miedos de que se corte el crédito, que busca financiar
la transición hasta 2019. Hacia fin de año, el dólar va a seguir la tendencia
de la inflación porque es un precio más de la economía. Cerrará cerca de los
$19, incluso si gana el oficialismo, por el propio proceso inflacionario.
7|Créditos privados
El financiamiento está renaciendo de las cenizas de la crisis del 2001. Las
economías de la región tienen, en promedio, créditos por encima del 50% del
PBI, mientras que la Argentina se encuentra recién en niveles cercanos al 15%,
pese a que se está reactivando. Hay un gran margen para crecer, como también lo
tienen todos los otros sectores de la Argentina. El país se estancó y todo
ahora es chico, en particular todo lo que es capitalización bursátil y
créditos; están en niveles ridículos para lo que es el siglo XXI relativo a una
economía de ingresos medios. La inflación es el principal problema, no sólo de
créditos, sino de inversión. Corregir este proceso y lograr escenarios de
previsión más extendidos permiten al sector privado conseguir tasas más bajas y
desarrollar un proceso de planificación de manera más fácil.
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