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El INDEC fue ayer portavoz de la
noticia más esperada por el Gobierno: en
agosto la inflación fue de 1,4%, con una tendencia a la baja. Todos los
analistas privados vaticinan que septiembre se mantendrá en la misma línea, con
los precios subordinados a las necesidades electorales del oficialismo.
Llegar a octubre con una tregua en los aumentos es un objetivo prioritario en
la estrategia del macrismo. Toda la artillería oficial está enfocada en
lograrlo, desde las acciones del área de Comercio hasta los movimientos estudiados
del Banco Central con el arbitraje de las tasas de interés.
De todos modos, no todo lo que reluce es oro. Y eso se hace visible en las
planillas que distribuyó ayer el INDEC: a poco de rascar se advierte que en los
rubros clave la inflación se mantuvo por encima del nivel general.
Eso fue lo que ocurrió con Salud ( 2,5%); Vivienda y servicios ( 2,2%);
Alimentos y bebidas (2,1%), y Educación (2%).
Esta enumeración de rubros es contundente. Los aumentos en las cuotas de la
medicina privada, los fuertes incrementos en las boletas de gas que llegaron
este mes, las subas en combustibles, en los alimentos en las góndolas y las
cuotas de los colegios privados para financiar los nuevos salarios docentes
ejercen una incidencia sobre los presupuestos familiares que no queda reflejada
en ninguna estadística, sea oficial o privada.
Así las cosas, el celebrado control de la inflación que exhibe el Gobierno se
parece más al fruto de una economía que no logra despegar, con un consumo
retraído por una estrepitosa caída del poder adquisitivo de los sueldos.
Un repaso por la lista de precios que acompaña el informe del INDEC dice más
que las estadísticas globales. Por ejemplo, las verduras registraron en agosto
aumentos que llegan hasta un 45% como el caso del tomate. La lechuga trepó
17,6%, la manzana 5%, el limón 3,3% y el zapallo 2,4%.
La manteca aumentó 1,8%, la botella de cerveza 3,4%, las hamburguesas
congeladas 3%; las galletitas de agua, 2,8% y el pollo entero 2%.
En términos macroeconómicos, el dato de inflación minorista que el INDEC
informó ayer representa un acumulado de 15,4% en ocho meses, que ya perforó el
piso de 12% que había proyectado el BCRA y amenaza el techo estimado en 17%.
Anualizada, la inflación está en 23,1%, según los datos oficiales divulgados
ayer.
Uno de los artilleros de la política oficial, el presidente del Banco Central,
Federico Sturzenegger, intentó trabajar sobre las expectativas de los agentes
económicos. Por un lado, ratificó la decisión de mantener alta la tasa de
política monetaria. Y prometió que la inflación de 2017 "será la menor de
los últimos siete años".
"En julio del año pasado, la inflación interanual era del 44% y este año
se ubicó 21,4%", sostuvo al hablar durante el 33 Congreso Internacional de
Marketing Financiero. Anticipó que en 2018 "la pauta a alcanzar será el
10% con una banda de más o menos 2%". En ese sentido reforzó el mensaje
oficial: "Los países que bajan la inflación crecen más, y sobre todo,
cuando bajan del umbral del 10 por ciento anual".
La decisión de mantener planchado el dólar mediante el recurso de ofrecer
elevadas tasas de interés a los ahorristas en pesos le dio resultados para
anular las expectativas de devaluación y el consiguiente traslado a precios.
Pero el costo invisible es un aumento del déficit cuasifiscal, que en algún
momento se traslada inevitablemente a las cuentas del Tesoro.
La inflación "friendly" de agosto había sido anticipada por la
mayoría de los estudios privados, que pronosticaron un 1,5%.
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