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Por Claudio Slotnik
- De Nueva York a Boston. De Boston a Chicago. De los Estados Unidos a Londres.
Viajes, reuniones, conversaciones telefónicas o vía Whatsapp.
Ya sea en formato
oral o escrito, se hace evidente el clima de optimismo de los
inversores del mundo para con la Argentina. Las noticias sobre el país hasta son un tema recurrente en
los principales centros financieros.
Por ejemplo, hacen
referencia al índice de "riesgo país", al ver que pasó a
ubicarse en el mismo nivel del de hace una década.
En cada jornada se
realizan al menos un par de encuentros, organizados por bancos de inversión con
sus clientes.
La fiebre por
los activos financieros argentinos hasta obliga a que se programen
reuniones con seis u ocho semanas de demora.
No caben dudas,
la Argentina se ha vuelto a poner de moda entre
los financistas globales.
Prueba de ello es
lo que sucede en cada banco internacional que elabora su propio índice para
ponderar las inversiones en mercados emergentes.
Algo va quedando
claro: los bonos albicelestes vienen ganando espacioentre
las diferentes opciones para canalizar el dinero.
Algunas
instituciones con estrechos lazos financieros con el país -como el Deustche o
el propio JP Morgan- incluso tienen a la Argentina como su mercado predilecto, por
encima del de Turquía, México y Brasil.
Se trata de
entidades que han participado en las distintas colocaciones de papeles de deuda
soberana y que consideran que el país se convirtió en la "niña bonita"
de los mercados financieros internacionales.
Por cierto,
hay dos circunstancias que fundamentan esa predilección:
-La primera es
ajena al país y guarda relación con el escenario financiero global:
la liquidez en los mercados de crédito parece asegurada por un tiempo.
Los bancos centrales -con la FED a la cabeza- mantienen la postura de
ser muy cautelosos a la hora de subir las tasas de interés.
-La segunda
es doméstica: el hecho de que esos flujos de capitales elijan a la Argentina significa que los inversores detectan grandes
oportunidades para los negocios financieros. Además, perciben que el contexto
político se presenta más "market friendly".
Así las cosas, el
Gobierno se apresta a tener un 2018 con fuerte presencia en
los mercados de crédito del mundo.
El Ministerio de
Finanzas estima en u$s33.000 millones la emisión de nueva deuda (entre
capital e intereses), y los financistas están atentos para no
quedarse afuera de lo que entienden será una buena oportunidad.
En ambos lados del
mostrador (Gobierno e inversores) hay confianza en que el país podrá
sostener la senda del crecimiento. Esto queda reflejado en los
principales reportes de importantes bancos y consultoras globales.
A modo de ejemplo,
el de Balanz Capital muestra en su portada una ilustración bien
indicativa de lo que hoy día prima en los mercados: un Sturzenegger
"forzudo", golpeando con una maza un lingote de cemento, al que
reduce a pequeñas piedras.
"Sturzenegger
Is Dropping The Hammer On Inflation Expectations" titula, dando cuenta de
una expresión americana utilizada cuando alguien da un golpe certero que
le permite ganar una contienda.
Ése el espíritu que
manda. Es decir, que el 2018 será el año en que el Gobierno
finalmente podrá demostrar que derrotó a la inflación con
una economía en crecimiento.
En ese contexto,
Balanz recomienda a sus clientes comprar activos argentinos. En
particular, los llamados Bontes (Bonos del Tesoro) de mediano plazo.
La premura por
tener mayores precisiones sobre el proceso político hace que varios analistas
lleguen a los principales centros financieros luego de ser contratados por los
grandes bancos de inversiones.
La idea que algunos
vienen dejando sobre la mesa entusiasma todavía más a los operadores.
Una de ellas es que
si Cambiemos logra el 40% de los votos a nivel
nacional en las próximas elecciones, Macri quedará muy bien posicionado para
su reelección. Esa, precisamente, será la agenda post octubre.
Viento a favor
La evidente predilección política de los financistas del mundo queda
aún más reforzada por el contexto global, ya que hoy día juega claramente en
favor de la Argentina.
Por ejemplo, la continuidad
de tasas de interés históricamente bajas en el
mundo, un tema clave para que Macri continúe con su plan
gradualista.
Esto lleva a que
algunos funcionarios no oculten (y hasta exageren) su entusiasmo.
Como Luis Caputo, ministro de Finanzas, que directamente augura que
la Argentina será "el país estrella de la
región en los próximos 20 años".
Caputo, que antes
de las Primarias paseó su optimismo entre banqueros antes de las PASO, se
siente habilitado a brindar un claro mensaje: hay que subirse al tren de
la Argentina lo antes posible, para así no
perderse las oportunidades de inversión.
La clave de este
viento a favor hay que buscarla no sólo en el resultado de las Primarias -o en
las encuestas que anticipan una buena performance de Cambiemos en octubre- sino
también en el costo del dinero a nivel global.
Hace algunas
semanas en Jackson Hole, el enclave estadounidense famoso por
albergar cada año a banqueros centrales, financistas y empresarios de todas las
latitudes, se hizo referencia a este tema.
En ese exclusivo
lugar, alejado de las grandes ciudades, los banqueros centrales del Grupo
de los 20 (con la estadounidense Janet Yellen a la cabeza) dieron claras
señales de que habrá "dinero barato" por un tiempo.
Es, en este marco,
que la administración Macri puede seguir planteando el gradualismo como
vía para reducir el déficit e ir equilibrando las cuentas
del Estado.
Como si esto fuese
poco, la Argentina corre además con cierta ventaja. Al menos
desde el punto de vista de los inversores que quieren maximizar
su rentabilidad.
Hablando en plata,
los bonos de los países emergentes le están ofreciendo
menos del 5% anual, mientras que en los títulos argentinos esa
tasa se estira al 6,5%.
Un sobrecosto que
para muchos, incluso funcionarios, es injustificado si se tiene en
cuenta que el país tiene una relación deuda-PBI que se ubica por debajo de la
de otros de la región.
Dinero barato en
el mundo, muy buena liquidez y bonos locales que ofrecen más que los
del "vecindario". En este combo está la clave que explica el apetito por
los papeles albicelestes.
"Si no surge
ningún evento negativo a nivel internacional, algo sorpresivo que irrumpa como
un ´cisne negro´, no tendremos inconveniente alguno para conseguir
financiamiento el próximo año", señala a iProfesional un
funcionario del equipo económico.
De acuerdo con el
Presupuesto 2018, los préstamos en dólares se van a
incrementar cerca de u$s33.000 millones, luego de que hayan
crecido u$s42.000 millones en 2017.
Así y todo,
la relación deuda/PBI sigue siendo baja comparada con la de
otras naciones.
La deuda
pública para con el sector privado y organismos internacionales cerrará
este año en el 28,5% de producto. Y está previsto que se eleve
tres puntos en 2018 (al 31%).
Aplausos afuera, críticas en casa
El plan oficial de aprovechar el dinero barato en el mundo (para
achicar déficit y subsidios de a poco) cosecha tantos elogios en el
exterior como advertencias en el plano local.
Economistas
argentinos de extracciones académicas e ideológicas muy distintas -como Ricardo
López Murphy, Miguel Ángel Broda o Axel Kicillof- señalan que este ritmo
de endeudamiento es inviable a mediano plazo.
López Murphy y
Broda sostienen que el Gobierno debería tomar menos compromisos y
aprovechar el plafón político para concretar "reformas estructurales"
que le den fortaleza a la economía con el paso de los años.
En esa misma línea,
el CEO del JP Morgan en la Argentina, Facundo Gómez Minujín, afirma: "Hoy Macri
tiene la oportunidad para convencer a la clase política de que es
importante bajar el gasto y el déficit para
consolidar el crecimiento".
Desde otro
ángulo, Kicillof refiere a la incompatibilidad del modelo
económico de Cambiemos, al que cataloga de "ajuste y endeudamiento".
Su visión se
asemeja a la de Roberto Lavagna, quien advierte: "Esto ya sucedió a fines
de los 70 -con la tablita cambiaria- y también se vio en la convertibilidad.
Mi posición es clara: ya sabemos que estas cosas no terminan bien".
Claro que Nicolás
Dujovne tiene una mirada totalmente distinta sobre el nivel de compromisos
tomados en función del tamaño de la economía actual y crecimiento futuro.
"La deuda va a
tener un pico en el 2020 y empezará a bajar a partir de 2021.
Cumpliendo con las metas fiscales, nos aseguramos que nuestro perfil de endeudamiento va
a ser siempre sostenible", afirma.
Caputo prefiere
hacer hincapié en que el actual nivel es el más bajo de la región:
27% del PBI. Además, destaca el hecho de la obtención de créditos a tasas de
interés bajas.
El Gobierno toma en
cuenta otros datos de la realidad para elaborar sus análisis. Básicamente, le
asigna una mayor entidad a la cuestión política.
Macri aprovecha
la capacidad de tomar créditos para fortalecerse.
En sus primeros dos
años como Presidente optó por el gradualismo como método para ir
reduciendo el déficit y los subsidios, luego de interpretar que ajustar de
golpe hasta hubiese puesto en riesgo la gobernabilidad.
Su lectura fue
que no había espacio para más, tras la devaluación, salida
del cepo y el progresivo aumento en las tarifas. El próximo capítulo
se conocerá una vez que pasen las elecciones de octubre.
Si bien habrá una
nueva reducción de los subsidios, el Gobierno recurrirá a la
toma de nueva deuda para sostener los planes de obras públicas y
el gasto social. En Wall Street le dan luz verde a este recorrido.
Por lo pronto,
la Argentina volvió a ser la preferida por
los financistas y esto le permite a Macri a seguir con su plan
gradual para ir equilibrando las cuentas públicas de cara al 2019.
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