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Por Matt Winkler - ¿En
qué parte del mundo se puede conseguir un rendimiento de más del 11% en bonos
desde junio y 41% en acciones este año, con la inflación evaporándose y con el
PBI y la moneda fortaleciéndose? La respuesta es la Argentina, una mala opción
de inversión desde principios de siglo que ahora ofrece la mejor opción para
los inversionistas globales.
Desde que Mauricio
Macri resultó electo presidente hace dos años, ha honrado su promesa de
revertir el excesivo costo de vida y el riesgo de incumplimiento de la deuda.
Terminó con los controles comerciales, de precios y de divisas, y planea
eliminar los subsidios energéticos de su predecesora, Cristina Kirchner.
Macri todavía
necesita crear un programa fiscal sólido que pueda inspirar suficiente
inversión extranjera para que la 22» economía más grande del mundo pueda entrar
al club de naciones desarrolladas. Pero nadie está preocupado por la Argentina
por estos días. El país está encaminado a convertirse en la quinta mejor
economía del G-20 en este período, con un crecimiento del PBI ascendiendo a un
3,2% en 2019, superando el promedio del Grupo por primera vez desde 2012, según
los economistas entrevistados por Bloomberg.
El principal
catalizador para los inversionistas globales es la perspectiva de inflación,
que cayó casi 60% de un pico de 42,7% en 2014 y se espera que disminuya a 11,5%
para 2019. La confianza hacia la habilidad del Gobierno para reducir el
creciente costo de vida se refleja en la brecha cada vez más estrecha entre los
rendimientos de renta fija vinculada a la inflación y la no-vinculada con
vencimiento en 2021, que bajó del 17% en noviembre hasta el 11% actual.
La deuda argentina
denominada en dólares ofreció el octavo mejor retorno total (ingresos más
apreciación) entre los 76 bonos comparables del mercado emergente en 2016,
según Bloomberg Barclays Index. Este año, el país ocupa la sexta posición.
Pese a todo, el
riesgo de un regreso político de Cristina Kirchner se mantiene. Entre el 24 de
junio, cuando anunció su candidatura, y el 13 de agosto, cuando se tambaleó en
las primarias, los swaps de incumplimiento crediticios (que miden la percepción
de solvencia de crédito) se deterioraron 13%, para luego mejorar cuando se
conoció el resultado de los comicios. Por su parte, el rendimiento de la deuda
soberana de referencia de la Argentina también subió con la candidatura de
Cristina Kirchner para luego regresar a un nivel por debajo de su marca del 24
de junio.
El mercado
accionario, por el contrario, no mostró ninguna de las preocupaciones del
mercado de bonos sobre CFK, y el índice Merval Argentina sigue alcanzando
nuevos máximos. El peso también se ha estabilizado, y después de las primarias
tuvo su mejor jornada desde abril, según datos recopilados por Bloomberg.
La confianza en la
prosperidad sostenible de la Argentina se refleja vivamente en el mercado de
bonos a 100 años, donde los títulos en dólares con vencimiento en 2117 tienen
rendimientos de 11,19% desde junio, superando deudas con vencimientos similares
de Electricite de France, Canadian Pacific Railroad y California Institute of
Technology.
La restauración de
la solvencia económica argentina coincide con la creciente diversidad de su
mercado. Los recursos naturales como cobre, gas y petróleo, y la mano de obra
especializada que hicieron a la Argentina tan atractiva para los inversionistas
hace 100 años siguen siendo activos apreciados. Sin embargo, éstos han sido
contrarrestados por una industria financiera frágil con capital insuficiente.
Esa "debilidad
histórica" parece estar cambiando. Incluso con la capitalización de
mercado promedio más pequeña de América latina, de US$ 4800 millones, comparado
con US$ 24.000 millones, los siete bancos argentinos están superando a sus
equivalentes. Su margen de interés neto de 9%, o la cantidad de ingresos por
intereses que generan a partir de sus activos como los préstamos, es el mejor
de la región. Por lo tanto, no es sorpresa que los principales administradores
de capital del mundo le estén dedicando muchísimo tiempo a un país que empezó
este siglo en default.
El autor es
editor en jefe emérito de Bloomberg News. Con la colaboración de Shin Pei.
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