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Por Francisco Olivera - WASHINGTON.- En el fondo la pregunta sigue
siendo la misma: qué tan viable es la Argentina. Vieja incertidumbre a la que
habría que sumarle por primera vez una nueva: cómo saldrá aquí el experimento
de un líder impredecible como Donald Trump .
Las proyecciones son entonces prudentes y en condicional: las empresas
norteamericanas creen que si Mauricio Macri logra erradicar el populismo más
allá de 2019, estarán en condiciones de iniciar la mayor ola de inversión en
infraestructura en la historia de la relación bilateral.
Fue la primera conclusión que surgió ayer de las conversaciones con
referentes de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos (AmCham, en inglés),
que invitó a LA NACION y a varios medios argentinos a una serie de
reuniones con políticos, funcionarios y hombres de negocios en esta ciudad. Un
relevamiento de la entidad arriesga incluso un monto: la inversión de esas
empresas en la Argentina podría orillar los 15.000 millones de dólares, la
mayor parte de ellos centrados en petroquímica, energía e infraestructura, en
general.
¿Cuál es su duda?, le preguntó este diario a Neil Herrington,
vicepresidente de Asuntos Internacionales para las Américas de la cámara.
"La historia", contestó. "Hay empresas que han estado en los
últimos 30 años y quisieran ver que las cosas han cambiado, que hay garantías y
protección para la inversión. Y no sólo para ahora, sino para los próximos diez
años." Son objetivos que, dice Herrington, están todavía incumplidos.
"Hay una nueva etapa en la Argentina y estamos muy satisfechos con el proceso
político y la transparencia lograda en instituciones públicas. Pero hay
reformas que tenemos que ver: propiedad intelectual, reforma aduanera, laboral,
fiscal."
El costo del trabajo es tal vez el escollo que los ejecutivos
norteamericanos ven más difícil de sortear. Una comparación hecha por la cámara
entre varios países en relación con la de Estados Unidos muestra las
distancias: la productividad laboral argentina era en 2015 un 34% de la
norteamericana. Esa proporción, que ubica al país muy lejos del 78% de
Australia y el 66% de Alemania, se ubicaba en 1950 en el 55%. Es decir que en
75 años la Argentina cayó 22 puntos en productividad laboral. ¿Qué margen
tendrá el Gobierno para resolverlo? En AmCham creen que poco, y que tampoco
sería sustentable una reforma como la que ha decidido emprender Brasil. Pero
agregan que hay sectores, como el textil, cuyo ausentismo llega al 17% los
lunes. Y que la situación fiscal tampoco es sencilla, porque también deberá ser
acordada con el Congreso. Aquí todavía se percibe el espanto que, a fines del
año pasado, produjeron fotos de los diputados Sergio Massa y Héctor Recalde en
la misma vereda de la discusión por Ganancias.
"El gran desafío es captar las inversiones que todavía no
están", dice Alejandro Díaz, director ejecutivo de AmCham Argentina. Habrá
que ver, por ejemplo, si funciona el instrumento para captar desembolsos a
través del programa de participación público privada. Ejecutivos de la cámara,
que se reunieron en Buenos Aires con el jefe de Gabinete y los ministros
Nicolás Dujovne (Hacienda), Guillermo Dietrich (Transporte) y Francisco Cabrera
(Producción), volverán a verse aquí con Dietrich entre el 27 de noviembre y el
1° de diciembre en un road show organizado por JP Morgan y
Morgan Stanley para mostrarles a 30 empresas de infraestructura las ventajas de
ese mecanismo. El viaje tendrá una escala inicial en Nueva York para contactar
a bancos y a fondos de inversión capaces de financiar los proyectos.
Será un buen test. Determinará si esa nueva atmósfera que dicen estar
divisando los inversores da resultados concretos. Hasta ahora sus efectos
fueron simbólicos. Un ejemplo: el Woodrow Wilson Center, think tank que
se financia con fondos del Congreso, lanzará mañana en esta ciudad el
"Argentina Project", un grupo de trabajo para el que espera sumar a
académicos e inversores argentinos, y que equipara al país con México, Brasil y
Canadá, que tienen también su proyecto. Entre los protagonistas del anuncio,
que se hará en la sede de la embajada argentina, está Benjamin Gedan, ex
funcionario del Departamento de Estado. Gedan, que organizó el año pasado la
visita de Obama a Buenos Aires, es un gran conocedor de la política argentina.
"¿Cómo la ve a Cristina Kirchner?", le preguntó ayer un periodista.
"No le veo un futuro de poder. Ni hablar de volver a la Casa Rosada. No va
a tener mucho peso en su propio espacio: cada día hay menos referentes del FPV
en el Congreso. Tiene poder de convocatoria en el conurbano, pero sus cifras no
parecen muy impresionantes en el nivel nacional. Aunque la posibilidad de que
ella volviera generaba mucho temor entre los inversores, creo que ya pasó el
momento del kirchnerismo: hay una nueva generación del PJ." La conclusión,
acaso apresurada, adelanta al menos el interés con que se verán desde aquí
nuestras elecciones: un termómetro para medir la intensidad del populismo.
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