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Por Andrés Sanguinetti - Al estilo de otros sectores como el de los
combustibles y los cigarrillos, el de la indumentaria también señala
a la presión tributaria como la gran "culpable" de los
altos precios que se deben pagar en la Argentina por ropa o calzado.
Según un informe distribuido por la industria de la indumentaria local,
el 50,3% del valor de una prenda de vestir como puede ser
un jean corresponde a impuestos y solamente el 8,5% se lo llevan los
fabricantes. En el medio, existe otro 12,7% que se usa para el pago del
alquiler del local, 12,2% en comisiones bancarias, 9,5% logística y
comercialización, 4,8% rentabilidad de la marca, y 2,5% publicidad y diseño.
El trabajo, elaborado por la Fundación Pro Tejer, busca desmitificar la
creencia popular de que la culpa de que en el país la ropa sea cara
la tiene la industria.
El documento asegura que esto se debe a que la percepción pública
toma como referencia el precio de la ropa de marca comercializada en
los shopping centers, tanto nacionales como importadas y que son, lógicamente,
las más caras. Esto, a pesar de que existe ropa muy barata, barata, con
precios normales y muy cara.
Según los ejecutivos de Pro Tejer, el mayor responsable de los
altos costos es el Estado o a través del menú de impuestos que
paga la cadena de valor del sector.
El documento señala que la mitad del precio de una
prenda se distribuye entre tributos que inciden en las distintas
etapas de producción y comercialización. Se contemplan el IVA; Ingresos Brutos;
Ganancias; a los Débitos y Créditos bancarios; Rentas provinciales; Seguridad e
Higiene y otras tasas municipales. Se incluye además lo que recauda el Estado
en aportes y contribuciones a la seguridad social.
“La industria textil no tiene la culpa, no es parte del
problema sino de la solución”, asegura Jorge Sorabilla, presidente de
la Fundación Pro Tejer que por estos días realiza su convención anual
Pro Textil en los salones del hotel Hilton de Puerto Madero.
Para el ejecutivo, además de la carga tributaria, también pesan fuerte
la renta inmobiliaria o pago del alquiler, el costo financiero de
sostener los descuentos y las cuotas. Pero le apunta directamente al Estado
como “culpable” de la falta de competitividad de la
indumentaria argentina con la importada.
De hecho, cuestiona la apertura comercial como mecanismo
de disciplinamiento de precios internos. “La importación agrava el
problema, genera desocupación y caída de ingresos a las economías regionales”,
agrega Sorabilla.
En el marco de la presentación de la convención anual de la industria
textil que se realiza esta semana, Ariel Schale, economista y director
Ejecutivo de Pro Tejer, también hizo referencia a la polémica por el precio de
la ropa.
“Si se compara con lo que se reparte la industria, el Estado se termina
llevando casi 500% más que los fabricantes vía presión impositiva”, señala el
experto, para quien el sector “no puede ser eficaz si el Estado no lo
es porque eso conlleva gastos en sobrecostos administrativos y
legales mediante la contratación de contadores y abogados para enfrentar la
alta litigiosidad y carga impositiva que sufrimos”.
Otro de los aspectos cuestionado se refiere a las promociones
bancarias. “Distorsionan el precio y terminan siendo solventadas por la
industria porque los costos financieros se trasladan al precio”,
advierte Schale en referencia, por ejemplo, al 3% de comisión que cobran las
tarjetas de crédito por el uso del posnet y al 10% que perciben como adelanto
de la recaudación sobre el valor del ticket. “Lo que está en juego es la caja
negra de la no competitividad de la economía argentina en su capítulo fiscal”,
advierte Sorabilla.
Como propuesta, Pro Tejer pide reducción de cargas impositivas y
hace referencia a un proyecto de ley enviado al Congreso para bajar a la mitad
el costo laboral para incentivar un blanqueo de trabajadores en un
sector en el cual es frecuente la informalidad laboral.
Se trata de una propuesta que esperan incida en una industria que emplea a 400.000
personas, de las cuales cerca de la mitad está en negro, que tiene un
volumen en caída de 400.000 toneladas anuales y que el año pasado se redujo 25%
en su nivel de actividad debido en gran parte al derrumbe del consumo más
que a las mayores importaciones.
De todos modos, se advierte sobre el ingreso de prendas de China,
país que el año pasado importó ropa al país por u$s1000 millones,
en un contexto global de suba del 60% de la mercadería proveniente de otros
países.
Para este año, el informe de Pro Tejer anticipa una menor caída,
en torno al 5% gracias a un repunte de las ventas durante
el segundo semestre.
Sin embargo, también asegura que los viajes de argentinos
al exteriorseguirán afectando al sector, ya que la mayoría de los turistas
aprovechan para comprar ropa más barata.
“El sector pierde plata con este escenario”, acusó Sorabilla,
para quien actualmente se hace difícil mantener la dotación laboral
en una industria que en los últimos dos años ya despidió a 20.000
trabajadores.
“El modelo económico actual no es amigable para
la industria textil”, agrega Schale quien a modo de ejemplo, explica
que el costo del denim de un jean de $2.500 en un local de un shopping llega a
$500.
“Lo mismo que vale un jean en un local de Once”, añade como
forma de explicar que el precio de salida de fábrica de una prenda
pierde competitividad a medida que avanza en la cadena de valor.
Si el escenario no cambia, desde Pro Tejer anticipan una reducción del
5% del mercado textil local para este año y una disminución de la
participación de la producción nacional, que alcanzará al 40% del mercado
cuando el año pasado era del 45%.
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