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Por
Fausto Spotorno - A la Argentina le falta competitividad. Es muy difícil para
cualquier empresa o empresario pensar en la Argentina cuando se quiere
establecer un negocio de cara al mundo, excepto en algunas contadas excepciones
vinculadas a la industria del conocimiento. Hay varias razones por las cuales
la Argentina es poco competitiva, como las rigideces regulatorias o la
infraestructura inadecuada, pero lo cierto es que la principal razón es la
presión tributaria que y la complejidad de la sistema impositivo.
En el informe «Pagando Impuestos» del Banco
Mundial y PwC. Argentina figura primera en el ránking de «Tasa Impositiva
Total» sobre las empresas (sólo superado por las Islas Comoros). Tomando el
dato publicado en este informe y expresado en términos de la ganancia antes de
impuestos, se llega a la conclusión de que el Estado Nacional, junto con las
provincias y los municipios se quedan con más de la mitad del resultado
comercial de una empresa, cuando el promedio mundial está en el orden del 28%. O
sea, en la Argentina las empresas pagan en impuestos algo menos del doble de lo
que se paga a nivel mundial.
Semejante diferencia resulta en una gran
desventaja para las empresas argentinas que quieren competir en el
exterior.
El problema es que con un déficit fiscal
consolidado cercano al 8% (Nación, provincias, municipios y BCRA) es muy
difícil que el Estado pueda bajar la presión tributaria rápidamente. Para ello
se necesitaría una política de reducción del gasto público -en todos los
niveles del Estado- más agresiva del que se observa en la actualidad.
Este hecho, refleja la severidad del problema
fiscal. A la economía le cuesta crecer porque no es muy competitiva. Ello se
debe, en gran medida, al peso que tienen los impuestos que son producto de un
enorme gasto público en todos los niveles del Estado.
Siguiendo el proyecto del Presupuesto está
claro que el Gobierno comparte este diagnóstico. El proyecto deja entrever un
programa en el que se reduciría la presión tributaria y el gasto público. Sin
embargo, lo que propone el Gobierno es muy gradual. En 2018 el Gasto Primario
del Gobierno Nacional bajaría 1 punto del PBI no tanto porque baja el gasto,
sino porque crecería el PBI. A su vez, la presión tributaria se reduciría en un
0,3% del producto, muy poco, teniendo en cuenta que para volver a la presión
tributaria de 1998 habría que bajarla entre 9 y 10 puntos del PBI.
En estas condiciones al Gobierno sólo le queda
una alternativa que es simplificar el sistema tributario para intentar reducir
-parcialmente- el impacto negativo que los impuestos tienen sobre la economía.
En la Argentina existen entre 94 y 96 impuestos nacionales, provinciales y
tasas municipales. Según el estudio de contadores SSV y asociados esos
impuestos están regulados por casi 65.000 leyes, decretos, resoluciones y
normas de todo tipo y a su vez, muchos de ellos son recaudados mediante
retenciones y percepciones, lo cual, no sólo generan una fuerte complejidad,
sino que en muchas ocasiones provocan un costo financiero adicional sobre las
empresas que tienen que pagar impuestos antes de haber cobrado. Tal vez, los
cambios tributarios que se esperan se produzcan el próximo año vengan en este
sentido: simplificar el sistema impositivo. Ello no solucionaría el problema de
la competitividad pero sería un paso dentro de un programa gradualista que
también tendrá resultados graduales.
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