|
Por
Mariano Gorodisch - El nuevo billete de $ 20, que lanzará mañana el Banco
Central, se convertirá en el de menor denominación en el mercado, porque los de
$ 5 y de $ 10 no se harán más, ya que serán reemplazados por monedas de $ 5 y
de $ 10, que aparecerán en este último trimestre del año, al igual que el
billete de $ 1000, que llevará la figura del hornero.
El
lanzamiento del de $ 20 tendrá la imagen del guanaco (en reemplazo de Juan
Manuel De Rosas y la Vuelta de Obligado), por eso en el BCRA decidieron hacer
la presentación en una escuela pública de Río Grande, por ser la ciudad donde
el animal tiene mayor representatividad. Pasado mañana comenzarán a repartir
este billete entre los bancos, por lo que en forma paulatina empezará a llegar
al público.
Los
actuales billetes de $ 20 se encuentran muy deteriorados, al igual que los de $
2, de $ 5 y de $ 10, ya que los billetes chicos son los que se deterioran más
rápido.
Como
el costo de impresión de cada billete es de $ 2, y su vida útil de un año y
medio, conviene más imprimir monedas, que son prácticamente eternas y mucho más
baratas de hacerlas, ya que desde hace cinco años no se fabrican más de cobre
(que, al ser un commodity, con el alza del precio podía ser caro hacerla), sino
de acero con un revestimiento especial, que sirve para que una máquina
expendedora pueda leerla.
En la
industria le pidieron al BCRA una muestra de las monedas para tamizar las
máquinas que las clasifican, pero en el regulador dijeron que todavía no las
tenían acuñadas, aunque el metal (el cospel) ya está listo.
En la
autoridad monetaria quieren poner en circulación el billete de $ 1000 cuanto
antes, pero hacer uno nuevo no es fácil, ya que depende de muchos factores,
desde cuestiones de seguridad que debe tener el papel hasta aspectos
relacionados con la logística.
En
los bancos señalan que el Central les está pagando con billetes de $ 100
nuevos, mientras lo de $ 500 los están sacando a cuentagotas. "En Capital
Federal el 90% de la entrega son de $ 100, pero a los bancos provinciales sí le
están dando más de $ 500", indica un referente de la industria.
Como
no tenían la tecnología para poder destruir tantos billetes (hay un exceso de
los de $ 100), instalaron otra máquina en la Casa de la Moneda, que fue pagada
por los propios bancos, que permite aumentar fuerte los niveles de destrucción.
Si bien el que destruye los billetes es el BCRA, la máquina destructora está
instalada en la Casa de la Moneda en Retiro, pero la opera el personal del
Central.
Los
bancos que compraron la máquina pidieron al regulador que se les diera
prioridad en la destrucción, pero lo cierto es que el BCRA debió poner un freno
de mano: en el sector revelan que venía destruyendo casi $ 4000 millones (40
millones de billetes de $ 100) por semana y pasó a $ 1000 millones (10 millones
de billetes de $ 100).
"El
tema es que si el Central seguía destruyendo billetes, los bancos se quedaban
sin capital técnico de trabajo. Hace 20 días un banco se quedó sin efectivo
porque había destruido todo, con lo cual no tenía cash para trabajar, por lo
que pidieron reducir la destrucción de billetes, pues hay un capital técnico
que el mercado necesita. Pero en un mercado con menor grado de emisión, es
lógico que se aminore la destrucción".
El
BCRA comenzó a recibir billetes extremadamente gastados, que venían siendo
acumulados en las bóvedas de las entidades financieras. La vida útil de estos
billetes se había extendido por encima de lo recomendado por los estándares
internacionales. Su eliminación del sistema permite reducir costos de
logística, seguridad y almacenamiento para todo el sistema financiero,
incluyendo al propio BCRA.
Los
fajos de billetes deteriorados son entregados por las entidades financieras de
todo el país al BCRA con gruesas perforaciones que evidencian que ya no tienen
valor de circulación.
Una
vez recibidos, se inicia un procedimiento de control y recuento, que en algunos
casos es manual, ya que el mal estado de los billetes impide recontarlos con
máquinas. La trituradora de billetes permite destruir entre 6 y 8 millones de
billetes por día. En pocos minutos, transforma los fajos en pequeños
"ladrillos" de papel triturado y prensado, que luego recibe un
tratamiento como residuo especial.
|