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Por Florencia
Donovan - El Banco Central (BCRA) podrá decir que en la batalla contra la
inflación está dando una buena pelea. Pero hay otra en la que no logra sumar
demasiadas victorias: la del efectivo. Pese a los esfuerzos de la autoridad
monetaria por imponer nuevos medios de pago electrónicos, en los últimos meses
creció la demanda de billetes y de monedas del público. Y lo que más desconcierta
a los técnicos del BCRA es que el crecimiento se da en un momento en el que,
estacionalmente, todos los años cae la cantidad de billetes en circulación.
De acuerdo con los
últimos datos disponibles en el BCRA, el circulante en poder del público venía creciendo
al 29 de septiembre en $ 13.843 millones (el stock sumaba $ 598.462 millones),
después de avanzar $ 3346 millones en agosto, $ 20.837 millones en julio y $
38.807 millones en junio. Estacionalmente, explican quienes siguen de cerca
esta variable, la demanda de efectivo siempre sube en junio y julio -igual que
en diciembre- por el pago de aguinaldos y vacaciones, pero baja fuerte en los
meses siguientes y se estabiliza, sobre todo, en septiembre y octubre. Sin
embargo, a diferencia de lo que sucede cada año, esta vez la baja no se dio y
el mes pasado volvió a dispararse la demanda de efectivo de la gente.
En la entidad que
preside Federico Sturzenegger barajan varias hipótesis sobre las causas de este
fenómeno. Una la dio públicamente el propio presidente del BCRA en un discurso.
Según dijo, en el BCRA detectaron una correlación entre la demanda de efectivo
y el dinamismo de la construcción, un sector en el que históricamente se
registró un alto nivel de informalidad. En estos meses, la construcción no sólo
está creciendo fuerte, sino que además es tal vez la actividad de mayor
dinamismo.
Pero en la entidad
también hablan del "efecto billetera": los billetes de mayor
denominación que se pusieron en circulación el año pasado, como los de $ 200 y
los de $ 500, incentivan a la gente a moverse con más dinero encima. Después de
todo, mientras que para trasladar $ 5000 -el monto máximo que da un cajero
automático en muchos casos- uno debía engrosar la billetera con 50 billetes de
$ 100, hoy sólo requiere de 10 billetes.
Antes de asumir
como presidente del BCRA, cuando los billetes con la imagen de Roca y de Evita
eran los de máxima denominación, Sturzenegger había planteado en una columna en
LA NACION que emitir moneda de más alta denominación sólo fomentaría el uso de
efectivo. Provocador, hasta había planteado que había que pensar en eliminar
los de $ 100.
Ahora su teoría
podría estar dándole algo de razón. Así y todo, adelantaron fuentes de la
entidad a LA NACION, en noviembre el BCRA planea poner en circulación un
billete mayor: el de $ 1000. Igual que los nuevos de $ 500, de $ 200 y de $ 20,
el de $ 1000 tendrá la imagen de un animal, que será el hornero, el ave
nacional. En 2018 le seguirán los nuevos de $ 100 (con la imagen de la taruca)
y de $ 50 (ilustrados con un cóndor); además, habrá nuevas monedas de $ 2, de $
5 y de $ 10, que tendrán la imagen del caldén, un típico árbol argentino.
"El Banco
Central estima que la normalización total del dinero circulante en la Argentina
iniciada en 2016 es un proceso que llevará 5 años y que tendrá entre sus
objetivos mejorar la calidad de los billetes, evitando la circulación de
billetes rotos o gastados. Entre enero y septiembre de este año ya se
destruyeron 922 millones de billetes deteriorados", explicaron a LA NACION
en la autoridad monetaria.
Es que, más allá de
los avances por posicionar el uso de dinero electrónico, algo que también ha
mejorado -según datos de agosto publicados en el BCRA, las transferencias
realizadas por particulares a través de home banking, cajeros o
aplicaciones para celulares registraron un crecimiento interanual del 42%,
medido en cantidad de operaciones, y del 82%, en monto transferido-, existe
todavía una amplia porción de la economía en negro.
En un entorno de
inflación aún alta, la demanda de efectivo también crece proporcionalmente. En
años como 2010 y 2015, el faltante de efectivo era noticia en todos los medios,
dado que la Casa de Moneda no daba abasto para emitir suficiente cantidad de
billetes. El de $ 100 fue hasta el año pasado el billete de mayor denominación,
pese a que desde que se puso en circulación, en 1992, hasta la fecha la
inflación acumulada del 3500% arrasó con su poder de compra. En algún momento
llegó a representar el 90% de todo el dinero en circulación; hoy alcanza el
63%, mientras que los nuevos de $ 500 y de $ 200 ya suman casi el 9% de todo el
circulante.
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