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Por Jorge Herrera -
El Banco Central no quiso hacer olas a días de las elecciones y decidió ayer
mantener las tasas de interés de las Lebac en la licitación mensual. Según la
información oficial, las propuestas alcanzaron a $337.463 millones, de los
cuales convalidó $333.614 millones, lo que implicó la renovación parcial del
vencimiento (de $381.044 millones) y una baja en el stock en circulación por
$47.430 millones. Pero al contemplar el accionar del BCRA en el mercado
secundario de Lebac, el efecto monetario total del mes es una contracción de
más de $41.000 millones. Es que entre la última licitación y la de ayer se
contrajo en más de $97.000 millones vía operaciones en el mercado secundario.
Lo cual compensó ampliamente la expansión de ayer. Al respecto, desde el ente
monetario señalaron que gran parte de las ofertas que quedaron afuera de la
adjudicación corresponden a propuestas del Banco Nación y de la ANSES. Se
especula que en los próximos días la mayor parte de estos fondos excedentes
volverán a las arcas del BCRA vía colocación de pases pasivos (hoy en $45.000
millones).
Las tasas de corte ayer se ubicaron en 26,50%, 26,84%, 27%, 27,3%, 27,35% y
27,35% para los plazos de 28, 63, 91, 154, 210 y 273 días, respectivamente.
Sólo ajustó 0,06 puntos para abajo la de la Letra a 63 días. Pero la curva
quedó inamovible con su pendiente positiva y aplanada en los plazos más largos.
De esta manera, casi respetando un precepto implícito de los banqueros
centrales de no hacer cambios antes de cualquier elección (la Fed es un fiel
reflejo de esta política), el BCRA dejó para después del 22-O los ajustes
necesarios luego de la sorpresa del dato de inflación de septiembre.
No había muchas opciones y el mercado así lo anticipaba. El haber optado por
mantener el statu quo puede ser interpretado como que el BCRA considera que el
rebote inflacionario es transitorio y el dato de septiembre está asociado a
factores estacionales y a precios regulados. En cambio, el haber decidido subir
las tasas como la ortodoxia monetarista lo hubiera aconsejado respondería a que
el BCRA opina que la suba reciente no es para nada transitoria y podría afectar
las expectativas. En ese caso su accionar no debería generar dudas en pos de
desactivar las presiones inflacionarias de corto plazo a la vez de influir
sobre la formación de expectativas.
Mirando hacia adelante, algunas consultoras como Econviews apuestan a que antes
de decidir mover las fichas el Central esperará, al menos hasta conocer el dato
de inflación de octubre (se publicará el 14 de noviembre). "Si bien es
posible que las expectativas de inflación sigan subiendo levemente como lo
vienen haciendo hasta ahora cada vez que hay una "sorpresa
inflacionaria", lo cierto es que la tasa real esperada ya es muy alta (en
torno a 10% a un año) y buena parte del aumento de la inflación general de
septiembre se explica por los precios estacionales y regulados", señala la
consultora. En ese caso se inclinan a pensar que si el dato vuelve a ser malo,
o sea en torno al 2%, el BCRA subirá las tasas; de lo contrario, las mantendrá.
Habrá que esperar. Lo cierto es que los rendimientos reales son bien positivos,
pero si el proceso de desinflación sigue dando muestras de no encauzarse a los
designios del BCRA, pocos dudan que tendrá que actuar para consolidar su
credibilidad en el mercado con miras a 2018 y 2019.
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