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Por
Javier Rodríguez Petersen - El gasto público argentino es uno de los más
rígidos de la región. Dicho de otro modo, a la hora de reducir el déficit
fiscal, el país lo tiene más difícil que otras naciones latinoamericanas, según
un índice que desarrolló la calificadora Moodys.
La
Argentina está dentro del grupo en los que la estructura del gasto es
relativamente inflexible; en el extremo están Brasil, luego Costa Rica y
Colombia. La estructura es poco flexible y al momento de hacer ajustes, se
complica la tarea, es más difícil, resumió a El Cronista el analista de Moodys
Mauro Leoz.
El
análisis divide al gasto total en cuatro grandes rubros: operativos (divido a
su vez en salarios y otros gastos), transferencias (jubilaciones y subsidios,
pero también transferencias a provincias), de capital (dividido en inversión y
otros gastos de capital) e intereses. El índice mide qué proporción del gasto
es flexible y qué proporción es rígida y lo compara con la región. El reporte
considera, por ejemplo, que el pago de intereses tiene posibilidad nula de
ajuste desde la perspectiva del crédito, mientras que los gastos de capital son
los que el Gobierno puede recortar con más facilidad; en el medio aunque más
cerca de la inflexibilidad están los gastos operativos y las transferencias.
Los gastos flexibles, apunta Moodys, facilitan la solidez fiscal, mientras que
la inflexibilidad resulta una traba para las reformas.
Con
un 85% del gasto rígido, la Argentina tiene 53 puntos en el índice de
flexibilidad, por encima de Colombia (50), Costa Rica (43) y Brasil (que con
93% del gasto rígido tiene sólo 24 puntos en el índice). En el otro extremo, el
gasto mandatorio es apenas 49% en Ecuador (176 puntos en el índice) y 53% en
Perú (161 puntos). El índice de flexibilidad del gasto argentino es menos de la
mitad de la media de la región.
En
cuanto a la composición del gasto, la Argentina es uno de los países en los que
los gastos operativos (sueldos y otros) es más bajo: representan sólo 21% del
total, la mitad del promedio de la región. Como contracara, las transferencias
representan 62%, el mayor nivel de Latinoamérica y más del doble que el
promedio regional (26%). Los gastos de capital están entre los más bajos (10%
del total), y el otro 7% son intereses (contra una media de 9%, con el extremo
de Brasil, en donde representan el 25% del gasto).
El
reporte de Moodys también analiza la evolución del gasto en los últimos siete
años. Y señala: El crecimiento en las transferencias en la Argentina es el
mayor incremento en un tipo de gasto determinado en los últimos siete años en
América Latina: de un 12,6% del PIB en 2010, pasaron a representar el 17,1% el
año pasado. Y aunque destaca que el Gobierno avanzó en la reducción de
subsidios, también señala que preservó y expandió las jubilaciones, en una
decisión que limitará la flexibilidad del gasto en los próximos años.
Sin
embargo, esta inflexibilidad estructural del gasto que complica la
consolidación fiscal no está, al menos de momento, vinculado a la calificación
de riesgo de la Argentina. La estructura del gasto está implícitamente
incorporada en la calificación. Las razones por las que la calificación de la
Argentina es baja tienen que ver con temas básicos que se están empezando a
atender: continuidad de políticas, marco institucional, ordenamiento de la
macroeconomía, inflación, crecimiento y confianza, apuntó Leoz. A pesar de este
elemento estructural presente en el gasto, tenemos una perspectiva positiva,
remarcó.
Crecimiento
récord
En
toda la región, entre 2010 y 2016 el gasto total del Gobierno se redujo en sólo
tres países (Guatemala, Panamá y El Salvador), mientras que subió en los otros
trece analizados. El récord en el incremento del gasto con respecto al Producto
Interno Bruto (PIB) es para la Argentina, que aumentó sus gastos en más de
cinco puntos del PBI, seguido por Paraguay ( 4%).
Grados
de flexibilidad
En su
diálogo con El Cronista, Leoz destacó lo “raro”, al menos dentro de la muestra
de 16 países que analiza el índice, de “un nivel tan elevado de subsidios como
el que tenía la Argentina”.
El
analista señaló también que es un área en la que el gobierno de Mauricio Macri
“se ha abocado a hacer avances y lo ha logrado”. Apuntó en ese sentido que
“dentro de lo rígidas que son las transferencias, el componente menos rígido
son los subsidios, que requiere la voluntad y capacidad política para
ajustarlos”, a diferencia de las jubilaciones y pensiones, o de las
transferencias a provincia, definidas –al menos mayoritariamente- por ley.
“Aunque no es fácil eliminar subsidios, no es equiparable a los pagos de pensiones
por el compromiso legal”, explicó.
En
cuanto al impacto del año electoral, Leoz afirmó que “es un elemento importante
para lo que viene en política económica”. Y, con respecto a la calificación de
riesgo soberano, añadió: “Más que preocuparnos por lo que se ha hecho o no, (lo
que hacemos) es darle un seguimiento a lo que se vaya a dar después de las
elecciones”.
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