|
Por Fernando Laborda
- Mientras el Gobierno evalúa cómo aclarar y llevar tranquilidad a inversores
por el proyectado impuesto a la renta financiera sobre personas físicas, que
gravará depósitos a plazos fijos y títulos públicos, este nuevo tributo sigue
despertando múltiples dudas y críticas entre no pocos economistas.
Uno de los
analistas económicos que con más dureza cuestionó el proyecto fue Agustín
Monteverde, quien expresó a LA NACION que, para el Gobierno, "es como
apuntarse un tiro al pie con la esperanza de que no le dé en la cabeza".
Más aún, señaló: "Es tan desopilante como si un deudor serial saliera a
pasar la gorra y cuando alguien le va a dar un billete pretendiera, además,
cobrarle un impuesto".
La iniciativa
oficial apunta a gravar con un 5% los rendimientos derivados de inversiones en
pesos y con un 15% la renta de instrumentos nominados en moneda extranjera. Los
ahorristas tributarían por sus ganancias a partir de un monto no imponible de
52.000 pesos anuales.
Tras el debate que
se lleve a cabo en el Congreso, se sabrá con certeza si esos tributos se
aplicarán sobre la renta nominal o sobre la renta real, descontada la tasa de
inflación. También deberá determinarse si estarán gravados los bonos ya
emitidos o sólo aquéllos que sean emitidos con posterioridad a la sanción de la
ley. En cambio, ya está decidido por el Gobierno que los bonos sujetos a
legislación extranjera no serán objeto de este impuesto.
Esta última
distinción provocó críticas del economista Carlos Rodríguez, rector de la
Universidad del CEMA. "Los Macri boys decían que los contratos debían
cumplirse y ahora los rompen con tenedores argentinos de bonos", se quejó.
Hacía así referencia a que los títulos públicos ya emitidos tienen en sus
contratos condiciones según las cuales no pueden sumar nuevos impuestos a los
ya contemplados al momento de ser colocados.
En el mismo sentido,
Monteverde sostuvo que gravar ahora instrumentos financieros que cuando
salieron al mercado no estaban gravados constituye "una aviesa
traición" a muchos de quienes ingresaron en el régimen de sinceramiento
fiscal o blanqueo, "a quienes el Estado les decía que si invertían su
dinero blanqueado en bonos se evitarían el costo del blanqueo".
Otro interrogante
que surge entre distintos economistas y operadores del mercado financiero
radica en que, actualmente, muchos títulos públicos cotizan por encima de la
par, por lo que quien los adquiera hoy tendrá una tasa interna de retorno (TIR)
que será inferior a la tasa de interés anual que paga el Estado por ese bono.
Por ejemplo, el Bonar 2024 paga un interés anual del 8,75%, pero su TIR es
actualmente del 4,1%. La duda es si, una vez considerado el proyecto de ley en
el Congreso, el impuesto a la renta se aplicará sobre la tasa de rentabilidad o
sobre la tasa de interés. Si fuera este último caso, el castigo al ahorrista
sería mayor.
Desde sectores
políticos que siempre han apoyado el impuesto a la renta financiera se ha dicho
que su recaudación recaería sobre los más ricos en beneficio del resto de la
población. Pero lo cierto es que el sistema financiero juega un rol esencial en
cualquier economía, ya que los ahorros de las personas y de las empresas que
reciben los bancos y las entidades financieras pueden ser canalizados hacia la
inversión productiva, por la vía de créditos. Sin esos ahorros, difícilmente el
sistema financiero podría prestarles dinero a otros particulares para la
adquisición de viviendas, automóviles o artefactos electrodomésticos, ni a
empresas para que financien proyectos industriales o comerciales.
Suena lógico que si
se incorpora un impuesto sobre los intereses que por un depósito bancario a
plazo fijo recibe un particular, éste exija una tasa de interés más alta que la
actual para compensar el nuevo tributo que se le impondrá. Y si suben las tasas
de interés para esas colocaciones, las entidades bancarias trasladarían ese
incremento a las tasas de los créditos que otorguen.
Lo mismo vale para las colocaciones de Letras del Tesoro (Letes) o de
Letras del Banco Central (Lebac), con las que el Estado se financia. Es
lógico pensar que para renovar esos instrumentos financieros, los ahorristas
solicitarán tasas de interés más elevadas, por lo cual lo que el Estado recaude
con el impuesto podría perderlo al tener que pagar tasas mayores. Por eso, el
economista Monteverde considera que "pegarle un tiro a las Lebac, que son
1,3 veces la base monetaria, equivaldría a un disparo en la sien más que en un
pie".
En síntesis, las
dudas que plantea el proyecto de impuesto a la renta financiera podrían
sintetizarse de este modo:
¿Puede gravarse la
renta financiera sin un ajuste por inflación? ¿No sería esto hacer tributar a
los ahorristas sobre ganancias ficticias, como ya se viene haciendo con las
empresas, en tanto buena parte de los ingresos están compuestos por un
porcentaje inflacionario?
¿Correspondería
gravar depósitos a plazo fijo bancarios cuando éstos ni siquiera cubren
totalmente al ahorrista de una inflación que actualmente es superior a la tasa
de interés?
¿No terminaría el
impuesto generando una suba de las tasas de interés de las colocaciones
bancarias a plazo fijo, que se trasladaría a los créditos a particulares y al
sector productivo?
¿Podría terminar el
Estado perdiendo de un bolsillo lo que ingrese por otro bolsillo, al verse
forzado a mantener elevadas las tasas de interés de Lebacs para hacer frente a
las exigencias de ahorristas que verían reducido su beneficio con el impuesto?
Finalmente, ¿cuán
significativa será la recaudación para el Estado por este impuesto a la renta
financiera? ¿Estamos ante una cuestión técnica o sólo ante una discusión
política, donde el gobierno de Mauricio Macri aspira
a pagar con este tributo el precio para que se apruebe el resto de la reforma
tributaria en el Congreso y, al mismo tiempo, dejar atrás el mito de que el
Presidente sólo gobierna para los ricos?
|