Por Carlos Burgueño
- Los bancos, lentamente, parecen ir convenciéndose que aceptar la creación y
aplicación de un nuevo impuesto a la renta financiera es inevitable. Y que, de
alguna manera, el proyecto tal cual fue redactado por el gobierno de Mauricio
Macri, no es la peor opción. En definitiva, creen ya que en las entidades
financieras, por dos años (eventualmente seis), la tasa máxima de 5% para los
depósitos a renta fija en pesos, se puede absorber sin que se generen serias
distorsiones ante el público. Sin embargo, advierten, el ministerio de Finanzas
de Luis Caputo deberá resolver el nudo que se generará en el mercado de títulos
públicos, mientras que el Banco Central deberá aumentar la tasa de
interés.
Las tres cámaras que representan a los bancos esperan para las próximas horas
la invitación del gobierno para discutir los cambios. Así como ayer los
ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne, Trabajo, Jorge Triaca y Producción,
Francisco Cabrera, visitaron la UIA; las entidades financieras aguardan la
llamada oficial para un primer encuentro. Criticarán la aplicación del
impuesto, y plantearán las dudas. Sin embargo ya hubo contactos entre
importantes banqueros y funcionarios del gobierno de Macri, para sondear la
situación; y, a regañadientes, la reforma empieza a ser aceptada. Los
argumentos oficiales fueron lo suficientemente sólidos para el aval. El
Ejecutivo habla de la necesidad de avanzar sobre el déficit fiscal como
mecanismo único para poder reducir las tasas de Lebac; y, que siempre es mejor
que un gobierno pro mercado sea el que avance y reglamente Renta Financiera. Se
les aseguró a los banqueros, en las primeras conversaciones informales, que la
primera intención fue no aplicar el tributo, pero que al saber que la
imprescindible reforma financiera debía pasar por el Congreso, sí o sí debía
incluirse renta financiera. Y que si se hubiera aplicado el proyecto que el
massismo tiene el carpeta, todo hubiera sido peor.
Dentro del proyecto de reforma tributaria que elaboró el Gobierno, se dispone
gravar la mayor parte de las rentas financieras actualmente exentas, con tasas
del 15% para las colocaciones en UVA/CER/moneda extranjera y 5% para las
colocaciones en pesos, con un mínimo no imponible (aún desconocido) para
preservar a los pequeños ahorristas. Las tasas que impulsa el proyecto que el
Frente Renovador tiene en carpeta para presentar en el Congreso, eran, en
teoría, más altas (para algunas operaciones superaban el 20%) ; y alcanzarían a
todas las operaciones del mercado de capitales, incluyendo las operaciones con
acciones en la Bolsa de Comercio, ahora exentas.
Según los cálculos que hacen los bancos, si la tasa para las colocaciones en
pesos se mantuvieran en el 5%, la situación sería manejable. Se espera algún
tipo de guiño desde el oficialismo para que el nivel se sostenga. Se reconoce
sin embargo que la creación misma del impuesto le abre al mercado la puerta de
la aplicación de un tributo nuevo; el que, como cualquier otro, se sabe cómo y
con qué tasa comienza pero nunca como termina.
Los banqueros también advierten sobre la necesidad del BCRA de subir las tasas
de las Lebac. Según el último informe de Puente, gravar la renta financiera, en
el marco de la reforma tributaria, representará "un escollo" para la
política monetaria del Banco Central, porque lo obligará a subir las tasas de
interés del sistema financiero. "El anuncio representa un nuevo escollo para
la política monetaria del BCRA", afirmó el informe, y precisó que "a
los precios de mercado actuales, el retorno luego del impuesto del 5% para una
Lebac a 35 días caería a 26,1%, un nivel similar al de la semana pasada, previo
a la suba de tasa" aseguró el banco.
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