ASÍ CREEN LOS EXPERTOS; PARA LOS DEMANDANTES, SE TRATA DE LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD En la audiencia de hoy, las apuestas son muy altas. Los acreedores se juegan su última carta. Y el país, la posibilidad de cerrar el canje. El juez Griesa ya suscribió el argumento argentino. Esta mañana, en un tribunal de apelaciones de Nueva York, la Argentina se enfrentará con bonistas que rechazaron el canje de deuda.
La apuesta es alta. El país, que en febrero logró 76% de adhesión a su propuesta para reestructurar los bonos en default, está desesperada por cerrar la operación. Dice que si el tribunal no falla a su favor, no podrá completar el canje.
Para los acreedores, la audiencia es la última oportunidad de mantener viva una jugada de último momento, que resultó en que un juez de Nueva York congelara bonos argentinos en default por valor de u$s 7.000 millones sólo días antes de que el país pudiera efectivizar el canje. En palabras de un abogado de los acreedores, la táctica es para éstos "lo que podría ser su única oportunidad de cobrar".
Como si todo esto no bastara, el FMI y el G-7 han aumentado la presión para que la Argentina desarrolle una "estrategia realista" hacia los inversores que se negaron a aceptar la oferta y son dueños de bonos en default por cerca de u$s 20.000 millones.
Sin embargo, el caso de hoy no es representativo del conjunto. Sólo involucra a un puñado de acreedores sofisticados. Los más prominentes son NML Capital, un fondo de riesgo basado en las Islas Caimán, y EM Limited, perteneciente al inversionista Kenneth Dart, conocidos por rechazar ofertas de reestructuración y quedarse fuera para alterar a los gobiernos, con la esperanza de conseguir pagos rápidos y completos. NML está vinculado a Elliot Associates, famoso por forzar a Perú a pagar US$ 50 millones en los ’90.
Según los expertos, el caso actual no es diferente. NML Capital, que en marzo logró embargar US$ 7.000 millones de los US$ 62.000 millones de bonos en default ofrecidos en el canje, tiene cerca de US$ 360 millones en deuda argentina, la mayoría formado por grandes porciones –casi 50% en un caso y dos tercios en otro– de dos tipos de bonos. Eso es importante para un hold-out (aquél que elige quedar afuera de una reestructuración) porque poseer grandes partes de una emisión otorga potencial de bloqueo.
Los analistas dicen que esa fue la razón por la cual NML pagó un promedio de 60 centavos de dólar (incluídos costos de financiamiento) por esos bonos, justo antes de que el país cayese en default, un precio que ni los más optimistas esperaban que se pagase en un canje.
Últimamente, las cosas no han salido como querían los acreedores. En marzo, el juez Thomas Griesa se puso del lado de Argentina y anuló la orden de embargo, aunque otorgó a NML y EM la posibilidad de apelar.
Griesa juzgó que de continuar el congelamiento negaría el derecho argentino de cancelar los viejos bonos. "Si estos embargos siguen vigentes, hay dudas, por decir lo menos, sobre la conclusión del canje", explicó.
Ante la Corte, el país seguirá declarando que la reestructuración es una operación única e integral y no se puede emitir nuevos papeles sin recibir y cancelar los bonos antiguos.
También, que dejar a los acreedores congelar US$ 7.000 millones de bonos en default rápidamente escalaría hasta consumir los US$ 62.000 millones en títulos impagos, si otros acreedores se suben al carro.
Los acreedores insisten en que la reestructuración está compuesta de tres operaciones: emisión de nuevos valores, recepción de los antiguos y, finalmente, cancelación. Un fracaso en completar el tercer paso no debería, legalmente, hacer peligrar los dos primeros.
Según los expertos, la Argentina probablemente tiene más posibilidades de éxito. Tal vez a la Corte de Apelaciones le tome varios días e incluso, semanas, decidir. Lo único seguro es que los funcionarios de Gobierno y los acreedores estarán al borde de sus asientos por un tiempo. |