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Por Gabriel Sued - La
reforma tributaria deberá esperar. El avance del proyecto que el Gobierno
difundió ayer y que enviará hoy a Diputados depende de la evolución de las
negociaciones entre la Casa Rosada y los gobiernos provinciales, según
explicaron a LA NACION fuentes del oficialismo y de la oposición en
la Cámara baja.
La ecuación es
sencilla: si hay acuerdo en la reformulación del pacto fiscal, el oficialismo
no tendrá inconvenientes en reunir la mayoría necesaria para aprobar la reforma
tributaria. Podrá ser en diciembre o a principios del año que viene, pero no
habrá mayores trabas. Sin acuerdo en el reparto de recursos entre la Nación y
las provincias, los gobernadores quitarán su respaldo a cualquier proyecto.
No es la única
iniciativa que está supeditada a la suerte de las conversaciones entre la
Nación y las provincias. Lo mismo ocurre con el presupuesto de 2018 y con otras
reformas lanzadas por el Gobierno, como la previsional.
Es por eso que en
el oficialismo no prevén que haya avances importantes en Diputados en lo
inmediato. El tratamiento del proyecto de reforma tributaria no fue incluido en
la agenda de comisiones de esta semana. Sin dictamen antes del lunes próximo,
ya no podrá tratarse antes del cierre del período de sesiones ordinarias, el 30
de noviembre.
La idea del
interbloque de Cambiemos es hacer tres sesiones en diciembre, después del
recambio del cuerpo. Intentarán que se apruebe antes de fin de año.
Recién pasado
mañana Mauricio Macri va a tener su segunda reunión con los mandatarios
provinciales, después del encuentro que tuvieron el jueves pasado. Todavía no
hay nada cerrado, pese a que la intención del Presidente es resolver el tema lo
antes posible.
Por ahora, prima un
escenario de cautela y dudas, incluso después de resolverse los planteos por
los cambios de los impuestos internos, con efectos sobre las economías
regionales.
"Para
nosotros, será clave la posición de los gobernadores. No podemos avanzar en la
reforma si no sabemos cómo se van a distribuir los recursos. Todo forma parte
de la misma discusión", dijo a LA NACION el salteño Pablo
Kosiner, del Bloque Justicialista. Esa bancada, liderada por Oscar Romero y
Diego Bossio, puede resultar determinante en la búsqueda de mayoría que afronte
el oficialismo, tanto en la actual como en la próxima conformación del cuerpo.
La postura de los
gobernadores no es contraria a la reforma, explicaron en ese bloque. "La
mayoría coincide en que hay que hacer cambios y la evaluación general de lo que
propone el Gobierno es favorable", dijo un diputado de esa bancada. Hay
consenso respecto de gravar la renta financiera y de incentivar la reinversión
de utilidades de las empresas, a partir de la reducción de Ganancias. Pero la
clave sigue siendo la resolución de la disputa de fondos, que tiene como eje el
reclamo de la provincia de Buenos Aires.
En el bloque del
Frente Renovador también prima la cautela. Antes de analizar la letra chica de
la iniciativa, Marco Lavagna se mostró de acuerdo con gravar la renta
financiera, aunque advirtió que la medida no debería afectar a ahorristas
pequeños. También pidió un tratamiento diferencial para las pymes y que la reforma
genere una reducción de la carga impositiva para los ciudadanos y no sólo para
las empresas.
En una postura más
combativa, el kirchnerismo ya sentó posición en contra de los cambios
propuestos. "La reforma significa menos impuestos a los empresarios. A los
grandes, no a las pymes. Esto es porque los descuentos se hacen sobre Ganancias
y las pymes no tienen balances con Ganancias", sostuvo el ex ministro de
Economía Axel Kicillof. "La lógica de darles todo a los empresarios para
que después vengan a invertir ha fracasado siempre", agregó en
declaraciones a FM Delta.
Kicillof fue más
allá y afirmó que el ahorro que planifica hacer el Estado nacional va a correr
por cuenta de los jubilados, por la modificación propuesta en el índice de
movilidad jubilatoria, que implicaría una reducción del gasto de unos 100.000
millones de pesos. "Si le quieren dar más a la provincia de Buenos Aires,
a alguien le tienen que dar menos. Al principio iban a perder las demás
provincias. Pero como hubo resistencia, se armó todo este enjuague y los únicos
que perderían serían los jubilados", sostuvo. Aunque por ahora se
mostraron abiertos al diálogo, en el Frente Renovador y el Bloque Justicialista
también manifiestan reparos respecto del cambio en el índice de movilidad. De
todos modos, como ocurre con la reforma tributaria, un acuerdo entre la Nación
y las provincias puede ser la llave para destrabar otras discusiones. Menos
claro es el panorama respecto de la reforma laboral. Con los gremios en contra,
los gobernadores no pondrían el cuerpo para respaldar un proyecto que no tiene
que ver con sus intereses directos.
Tensiones con la UCR por el
proyecto laboral
Jorge Sappia es el
presidente de la Convención Nacional de la UCR y es la fuente de consulta del
partido en temas laborales tras su paso como ministro del área en Córdoba y ser
parte del gabinete nacional de Fernando de la Rúa. Sappia criticó el proyecto de
reforma laboral, sobre todo los cambios en el cálculo de las indemnizaciones.
Sus críticas enojaron al ministro de Trabajo, Jorge Triaca, que se reunió
especialmente con el radical para limar diferencias.
"No puedo
consentir que se reduzca el cálculo de indemnización por despidos sin causas,
es inadmisible reemplazarla por el fondo de cese laboral", dijo Sappia
a LA NACION. Y agregó: "Implica disminuir la protección contra el
despido arbitrario que consagra en el 14 bis de la Constitución". Sappia
le entregó a Triaca su propio borrador.
Mercado de capitales
Ingresó anoche en
Diputados un nuevo proyecto de reforma del mercado de capitales. A diferencia
de la propuesta anterior, el Gobierno lo bautizó esta vez "ley de
financiamiento productivo" e incluyó aquellos cambios tendientes a
fomentar la creación de instrumentos de financiación para las pymes, como la
factura de crédito.
El proyecto prevé
además el desarrollo del mercado de letras hipotecarias, facilita el
procedimiento de notificación a los deudores de créditos cedidos, dota de
mayores facultades de fiscalización a la Comisión Nacional de Valores,
incrementa los montos de las multas y elimina el polémico artículo de la ley
aprobada durante el kirchnerismo, que habilitaba al organismo regulador a intervenir
empresas.
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