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Por Javier Blanco -
En un intento de convencer al mercado de que no vacilará en pagar los costos
que necesite para volver a tener algún dominio de las expectativas inflacionarias,
el Banco
Central (BCRA) tuvo que resignarse a convalidar ayer un aumento
promedio de 2,25 puntos en el costo de su deuda, que pasó de un rango de tasas
de 26,50 a 27,35% a otro de 28,75 a 29,60% anual.
De este modo, este
abultado pasivo "se encareció en otros $ 25.500 millones, con lo que elevó
su costo a $ 325.000 millones anuales a valores actuales", estimó el
analista financiero Cristian Buteler. La deuda del BCRA llega a $ 1.159.400
millones, un 123% de la base monetaria, o, convertido a dólares, supone una
deuda de US$ 66.000 millones, US$ 11.300 millones más que la tenencia bruta de
reservas del BCRA.
El ente monetario
volvió a demostrar así que profundizará el sesgo más contractivo que le
imprimió a su política monetaria tras las elecciones, tratando de acotar el
denominado "impacto de segunda vuelta" que los próximos aumentos en
las tarifas de luz y gas podrían tener sobre el resto de los precios de la
economía, pese a que los datos de inflación de octubre trajeron cierto alivio
respecto de los niveles de septiembre.
Después de todo,
aunque la inflación núcleo, la medición que más sigue el Central, bajó de 1,6 a
1,3%, ese valor se mantiene lejos del nivel de 0,9% promedio que proyectaba
para esta etapa del año.
La licitación de
ayer, para renovar $ 379.850 millones en Lebac, mantuvo las características de
los últimos meses: no renovó el 12,5% del total que le vencía (hubo ofertas de
nuevas compras por $ 335.254 millones, de los que se adjudicaron títulos por $
332.941 millones), porque corresponde a tenencias que los bancos retiran para
integrar el cómputo de encajes. Así, liberó unos $ 47.000 millones por
amortizaciones, cifra que se eleva a $ 60.650 millones si se agrega el pago a
los inversores en concepto de intereses.
Los analistas ya
advierten que esta inyección no deseada de liquidez, que deriva del elevado
nivel que alcanzo el stock de Lebac, implica una especie
de boomerang al restarle efectividad a la política monetaria del
BCRA, toda vez que, para 2018, "le impone un crecimiento inercial a la
oferta monetaria del 30% (2,7 puntos del PBI) sólo por el pago de los
intereses", alerta el economista Hernán Hirch, de FyE Consult.
La subasta, como
era de esperar, trajo consigo un deterioro en la estructura del pasivo, que
vuelve a tender al cortoplacismo, ya que buena parte de las apuestas a estos
títulos se hacen descontando que, por presión de las altas tasas, el tipo de
cambio seguirá planchado, lo que les permitiría a esos inversores capturar
luego esas ganancias en moneda dura.
Por eso no
sorprendió que el 70% de lo ofertado fue al plazo mínimo (35 días), cuando un
mes antes sólo lo había hecho el 53%. En contrapartida, apenas el 5% de los
pedidos optaron por los títulos que vencen de 150 días en adelante, aunque a
esos plazos validó rendimientos del 29,5 al 29,6% anual. Después de todo, la
expectativa es que las tasas altas llegaron para quedarse "por varios
meses", lo que hace que los inversores traten de capturar la renta en el
corto plazo antes de volver a definir sus apuestas.
La deuda asumida
mediante la emisión de Letras del BCRA quedó en línea con la tasa de referencia
que la entidad había subido del 26,25 al 28,75% en apenas dos semanas. Las
nuevas tasas de corte se ubicaron en 28,75%, 29,10%, 29,25%, 29,50%, 29,60% y
29,60% para los plazos de 35, 63, 98, 154, 218 y 273 días, respectivamente.
La licitación de
ayer tuvo lugar en una jornada en la que trascendió que el Gobierno obligará a
las compañías de seguros a desinvertir lo que tengan colocado en Lebac, para
que vuelquen esa liquidez a la compra de títulos respaldados en carteras
hipotecarias, de manera de asegurar a los bancos fondeo para que afronten
el boom de demanda de esos créditos, lo que alteró el clima de
mercado. Los operadores bautizaron esta iniciativa "inciso M", por la
similitud con el denominado "inciso K" que puso en marcha la
administración de Cristina Kirchner para conminar a aseguradoras y fondos a invertir
en fideicomisos para financiar obras que, en la mayoría de los casos,
enfrentaron sobrecostos por la corrupción que regía en la obra pública. LN
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