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Por Julián Marino -
Albert Einstein, padre de la llamada "teoría de la inflación
cósmica", solía señalar que si uno buscaba obtener un resultado distinto,
bueno, entonces no había que hacer siempre lo mismo. Bajo una tormenta de
pragmatismo puro, la pelea contra la inflación argenta está a punto de adoptar
una nueva morfología. Y el secreto que el Gobierno guarda bajo siete llaves
encuentra, quizás, su razón de ser, en un error sustancial que el Palacio de
Hacienda cometió este año.
El plan del Gobierno es plantear, en las próximas semanas, que las
negociaciones paritarias venideras deben realizarse con un número único sobre
la mesa: 10%. Sería un récord (a la baja) en más de una década. Para ello,
Federico Sturzenegger, el presidente del Banco Central, es un hombre clave, ya
que será quien, con su política de tasas de interés súper altas, busque
regenerar la confianza necesaria para que todos crean en su meta de inflación
que, casualidad, es del 10%. En rigor, no se descarta que las tasas sigan su
camino alcista.
"Nosotros queremos que las paritarias tomen la meta (inflacionaria) y
agreguen las ganancias de productividad que tuvieron. Que las empresas paguen
los salarios que pueden pagar sin afectar su competitividad", confesó el
secretario de Hacienda, Sebastián Galiani, en declaraciones a la prensa, en las
últimas horas. Se trata de toda una señal para el sector privado.
Pero hay más. Porque este año la brecha del 12%-17% le valió a Sturzenegger
muchísimas críticas. Es que en gran medida todas las negociaciones apuntaron a
tomar, de base, el 17% que marcaba el 'techo' del BCRA. ¿La resultante? Casi
todas las cláusulas gatillo que cerraron este año lo hicieron sobre la base del
21%. Docentes bonaerenses, petroleros, estatales, sanidad, comercio,
construcción, entre otros, fueron algunos de los sindicatos que pactaron sus
acuerdos salariales en base a esta modalidad.
Por eso el Gobierno no quiere que 'Sturze' empiece a jugar de nuevo con sus
"brechas" y lo ha intimado a que sea menos generoso en sus
proyecciones. Es más: en las últimas horas el pedido que baja de Hacienda es
que no haya demasiado énfasis puesto en los conceptos de "piso" y
"techo" para las metas de inflación. Sí, en cambio, desde la Casa
Rosada, el presidente Macri le ha dado todo el respaldo para que lleve la tasa
de interés a donde quiera el exprofesor del MIT.
Huelga decir que, para gran parte de los analistas, Sturzenegger está más solo
que nunca en su batalla contra la inflación: la política fiscal no da señales
de replegarse y el BCRA es el único encargado de administrar ingentes
necesidades de financiamiento en pesos por parte del Gobierno, que a todas
luces resulta desproporcionada para los montos de ahorro que maneja el mercado
local. En un artículo publicado este fin de semana, Carlos Rivas, titular de
Evaluadora Latinoamericana, le puso cifras a la proeza: "La necesidad de
financiamiento en pesos de la Administración Central supera el 30% del volumen
total del crédito bancario al sector privado. Esta necesidad de financiamiento
en pesos, superior al 4% del PBI, es enorme para ser financiada en un mercado
que es 14% del PBI".
La revelación, aún no develada del todo, es que para el Gobierno, uno de los
elementos centrales para combatir la inflación no es frenar la emisión
monetaria (como suelen sostener), sino los salarios renegociados a la baja. Dos
elementos avalan: por un lado, el Gobierno venía convalidando una tasa de
crecimiento de los agregados monetarios por encima del 35% interanual
juntamente con una expansión del crédito al sector privado en torno del 50%
interanual. Por otro, si bien ahora la expansión de la base monetaria acusa una
desaceleración de más de 5 puntos al pasar de más del 33% interanual al 27%
sobre el cierre de octubre, la apuesta será a enfriar la economía en los próximos
meses y para ello se utilizarán las paritarias en el sector público: la última
semana el presidente Mauricio Macri les sugirió a los gobernadores que bajen
los sueldos estatales, ya que los salarios de los empleados públicos son muy
altos e impiden las inversiones del sector privado. Pero fue más explícito: les
dijo que todo tomaba un sentido en función de la próxima paritaria.
Todo ello, cuando en los próximos días podrían activarse las "cláusulas
gatillo" de varios acuerdos paritarios, ya que en los primeros diez meses
del año la inflación sumó 19,4%, apenas una décima de diferencia respecto de,
por ejemplo, la paritaria del sindicato que conduce Sergio Palazzo. El titular
de la Bancaria pactó un ajuste de 19,5% para todo 2017. El Gobierno mira con aprobación
el acuerdo alcanzado con Tierra del Fuego y la UOM de aplazar paritarias dos
años a cambio de que no haya despidos. Hay quienes anticipan que los sectores
más dañados de la economía podrían intentar un acuerdo de estas
características.
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