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| Cómo generar riqueza para combatir pobreza |
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21/11 - 08:38 Ambito Financiero |
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Por Fausto Spotorno
- Argentina se debe un serio debate sobre la pobreza. El Presidente Macri ha
dicho reiteradas veces que tiene como objetivo central del Gobierno la reducción
de la misma. El propio jefe de Gabinete compartió una carta sobre ello en los
últimos días. Pero lo cierto es que a diferencia de lo que sucede en el mundo,
en Argentina la cantidad de personas que viven bajo la línea de pobreza ha
venido creciendo en las últimas décadas a pesar del constante aumento del gasto
social y de todas las medidas que se han tomado en nombre de los pobres. Lo
cierto es que el enfoque asistencialista que hemos tenido localmente no está
dando resultados. Probablemente porque estos enfoques relegan el hecho de que
la pobreza se ataca generando riqueza.
Nada genera la pobreza, es la riqueza la que debe ser generada. Los datos
empíricos confirman esto. Durante casi toda la historia de la civilización, la
pobreza fue la norma. Según Bourguignon y Morrison (2002) desde el comienzo de
la humanidad hasta el siglo XIX más del 94% de la civilización humana vivía
bajo la línea de pobreza absoluta. A partir de la revolución industrial,
reducción consistente en los niveles de pobreza y recién entre las décadas de
1970 y 1980 esta cifra cayó a menos de la mitad de la población mundial. Desde
entonces el proceso se acelerado aún más y hoy por hoy la pobreza está por
debajo del 10%.
La aceleración del crecimiento económico tras la revolución industrial y la
expansión del capitalismo fueron los motores tras reducción de la pobreza. El
proceso comenzó primero en Europa y luego se fue extendiendo por el resto del
mundo, especialmente durante los siglos XIX y XX. A partir de la segunda mitad
del siglo XX con la caída del comunismo y la incorporación de Asia a la
economía global, el proceso de crecimiento económico mundial se aceleró
notablemente y también la caída de la pobreza.
Esta relación entre el crecimiento económico y reducción de la pobreza es muy
fuerte y Argentina no es la excepción. La idea de que es posible reducir la
pobreza sostenidamente aplicando políticas asistencialistas, sin crecimiento
económico no es realista. Por una razón fundamental: la pobreza se reduce
creando riqueza.
En Argentina, el 28,6% de las personas están bajo la línea de pobreza. Ello
significa que el grupo familiar no tiene el ingreso suficiente como para pagar
la canasta básica familiar. Según la estimación del CEDLAS, este indicador de
la pobreza viene fluctuando entre 27% y 30% desde el 2011. O sea, la pobreza
dejó de caer, cuando el PIB dejó de crecer.
Se podría argumentar que el aumento del gasto público impidió que la pobreza
creciera durante estos años de estancamiento. Pero es más cierto aún, que la
enorme presión tributaria, las distorsiones que generó el Estado como la
inflación, el cierre de la economía o el cepo cambiario en su momento,
distorsionaron y atacaron la inversión y dañaron la productividad. Todo lo cual
conspiró contra el crecimiento económico, impidiendo que bajaran los niveles de
pobreza.
Para reducir la pobreza es necesario que la economía genere más empleos, para
esto debe haber más empresas y más negocios más negocio en nuestro país. Ello
no significa crear empleos públicos que, no son otra cosa que subsidios
disfrazados. Tampoco se puede resolver esto, sólo con hacer más eficiente al Estado.
Cuánto más grande es el Estado, más recursos absorbe de los sectores
productivos, reduciendo los fondos para crear nuevos negocios, nuevas empresas,
para pagar salarios e invertir. Así se vuelve más difícil crecer y, por lo
tanto, más difícil reducir la pobreza.
La reacción clásica de los gobiernos ante una crisis es aumentar el gasto
púbico para combatir la pobreza (gasto social, empleo público, subsidios,
etc.). Pero las medidas temporales tienden a convertirse en definitivas El
resultado a largo plazo es este círculo vicioso que tiene Argentina por el
cual, cada vez es más alto el gasto social y también la pobreza.
El programa actual del Gobierno que parece entreverse dentro del alud de
medidas tiene cierta consistencia o, al menos, apunta correctamente.
Por un lado, se trata de estimular la producción y el empleo con los cambios
tributarios y la reforma laboral que se está anunciando. Pero por otra parte,
el Estado se encuentra con un enorme déficit fiscal y una gran cantidad de
gente sostenida por el gasto público, lo cual impide ir más rápido con las
bajas de impuestos necesaria para hacer a la economía productiva. Ello lo ha
llevado a un programa muy gradual que tiene como gran debilidad, la necesidad
continua de endeudamiento.
(*) Director del Centro de Estudios Económicos de OJF
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