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Por Jorge G. Herrera - No hay duda de que la última
visita del presidente Macri a Estados Unidos, a comienzos de mes, inyectó una
nueva dosis de optimismo entre los inversores respecto de las perspectivas de
los activos domésticos. Incluso inversores de la talla del fondo BlackRock
(u$s5,7 billones) no ocultaron su entusiasmo anticipando el lanzamiento de
nuevos fondos orientados al mercado argentino (ya había lanzado un ETF este año
para competir con el fondo MSCI que acumula en 2017 una suba cercana al
60%).
El moderado furor de Wall Street por el renacimiento del mercado argentino ya
se plasmó, en lo que va del año, en un ingreso neto de inversiones hacia bonos
y acciones locales solo de parte de inversores norteamericanos de u$s1.200
millones, según datos de la consultora bostoniana EPFR. Para tener una idea de
la magnitud del cambio de sentimiento de Wall Street hacia el país, cabe
señalar que en el mismo período de 2015 el flujo neto hacia los activos
argentinos de parte de estos inversores fue de u$s99 millones, lo que un año
después trepó a u$s320 millones con el nuevo Gobierno. O sea, que en 2017 se
triplicó frente al año pasado y multiplicó doce veces frente a 2015.
Pero el buen humor no se frena a pesar de algunos vaivenes en los mercados
emergentes, y así el impulso generado por el éxito electoral en octubre y el
lanzamiento de reformas estructurales han detonado alentadores informes de los
principales bancos de inversión de Wall Street que dejan en claro que "los
toros cabalgan hacia las pampas". Para estos analistas, que además
ponderan el crecimiento, leve pero sostenido, de la inversión externa directa,
lo que más llama la atención no son los flujos, que de por sí aún no son
grandilocuentes (menos un tsunami) sino la rapidez con que retornaron los
inversores a la Argentina que ni figuraba en los radares de los fondos luego
del default de 2001. Ahora, al disiparse la niebla del populismo, Wall Street
ha girado sus cañones hacia el mercado argentino. El giro ha sido tan abrupto,
a pesar de que para los ortodoxos el Gobierno aún no ha hecho el trabajo sucio,
que las proyecciones hablan de que el crecimiento del PBI continuará los
próximos años en torno del 3/4%. En cuanto a las posiciones, el IIF considera
que en bonos argentinos los inversores están sobreposicionados mientras que en
acciones están neutrales. En ese contexto también destacan que los fondos de
venture capital y las tecnológicas de Silicon Valley acompañan el nuevo
desembarco en el país, que ostenta cuatro de las seis nuevas empresas
tecnológicas (unicornios) de la región valuadas en u$s1.000 millones. Según
LVCA, entre 2017 y el primer semestre de 2017 hubo 77 inversiones de capital de
riesgo en la Argentina, más del triple de los tres años anteriores.
Otra señal que convalida el optimismo sobre el mercado local radica en el hecho
de que a pesar de que los inversores han desacelerado sus flujos hacia los
mercados emergentes (en setiembre canalizaron u$s14.000 millones, según IIF)
además de hacerlos más volátiles ponderan en la región el protagonismo de la
Argentina, Perú, Chile y Colombia en detrimento de México por ejemplo (por las
extensas negociaciones por el NAFTA y el riesgo de colapso, los inversores
redujeron sus tenencias al menor nivel en 6 años). De esta manera, estos cuatro
mercados, según IIF, han ganado peso en la región.
Al respecto los mercados asiáticos fueron los más castigados por la
desaceleración de los flujos, en particular Corea, Taiwán y China. Es que la
reducción de los diferenciales de las tasas de interés a corto plazo, más las
expectativas de un aumento de las tasas de la Fed en diciembre y la
incertidumbre sobre las políticas fiscales de EE. UU. junto a la toma de
ganancias explican esta desaceleración de las inversiones hacia los emergentes.
Vale señalar que los inversores han adoptado posiciones neutrales en bonos
emergentes por primera vez en 35 semanas.
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