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Por Claudio Zlotnik - El Excel que Nicolás
Dujovne tiene sobre su escritorio lo dice bien clarito: desde que
Mauricio Macri llegó a la Casa Rosada, sacó el cepo y devaluó,
el tipo de cambio real multilateral -que mide la competitividad
argentina respecto de los países con los cuales comercia- retrocedió un 13%.
Quiere decir que, a precios de hoy, el dólar debería costar $20,35 para ubicarse en
el nivel real que tenía tras la devaluación. Por lo pronto, es
un valor asumido por economistas del propio elenco oficial, como
Eduardo Levy Yeyati.
En este marco, el ministro no se sintió sorprendido al escuchar que en
la reciente conferencia anual de la Unión Industrial Argentina, una de las
principales preocupaciones de los empresarios es, una vez más, el tipo de
cambio.
Para peor, ya se hacen cálculos que pronostican que, en 2018,
la inflación le volverá a ganar a la de devaluación.
En otras palabras, que la Argentina(y los productos que fabrica) se encarecerá en
dólares.
La política contenta, la economía preocupada
El atraso cambiario ya se ha convertido en una de las debilidades de
la administración macrista.
Tanto, que a esta altura pasó a ser una "mancha" en medio del
clima triunfalista que dejaron la victoria electoral y la recuperación de la
economía.
Este problema, por ahora, no ocupa un lugar central entre los
principales títulos de los medios de comunicación. Sin embargo, el gremio de
los economistas advierte que se ha ido agravando.
Cada vez son más los que se animan a hablar explícitamente sobre cuáncara es
la Argentina en términos de dólar.
Uno de ellos es el influyente Juan Carlos de Pablo, para quien la
continua baja del billete verde es el "síntoma de
un problema serio que tenemos los argentinos". Señala que
esto queda evidenciado ya que "cenar en Nueva York sale igual que
en Buenos Aires".
El ex ministro José Luis Machinea se anima a ponerle cifras al asunto:
en entrevista con iProfesional, apunta que el precio ideal debería
rondar los$20.
Lo que ocurre hoy con una cotización anestesiada encierra una
típica contradicción de intereses: desde el punto de vista político es ideal,
ya que el tipo de cambio no forma parte de la agenda de los medios.
Cuando esto sucede, la vida cotidiana se tiñe de verde, mete ruido en
la economía y salpica el orden político.
Ni siquiera Mauricio Macri, uno de los políticos preferidos de
los mercados, se resistió a intervenir cuando el precio del
billete saltó más allá de su conveniencia.
Pasó dos veces: al comienzo de su gestión -que rozó los $16- y en
julio último, cuando pasó los $18 e iba por más. En ambos casos, le
envió un claro mensaje a Federico Sturzenegger: que salga a
bajar la cotización vendiendo reservas, para así calmar a los inversores.
Pero mientras la política respira al tener un frente menos de
nerviosismo social, la economía ve en la quietud del dólar un problema que se va agravando.
Sobre todo, si convive con una inflación que se resiste a bajar más
rápido de lo previsto.
Así las cosas, la combinación de un billete verde amesetado con
un índice de precios corriendo por encima es una
clara invitación a la dolarización de las carteras de
inversión, sobre todo por parte de pequeños ahorristas.
Al analizar la historia económica de las últimas décadas, un contexto
como el actual se transforma en un presagio de la tormenta que
está por venir.
En concreto, que la "calma chicha" y dólar pinchado no son sostenibles a largo
plazo. Entonces, los argentinos hacen lo que saben hacer: comprar todas
las divisas que pueden.
Nadie sabe cuándo sobrevendrá la nueva corrección del tipo de cambio, o
si la misma será gradual o tipo shock. Mientras tanto, se da la peor
combinación:
- Dolarización récord: totaliza la friolera de u$s14.000 millones sólo
de enero a octubre
- Gastos en el exterior: los argentinos "quemaron" u$s8.300
millones en ese período
- Déficit comercial: las importaciones superarán a las
exportaciones por u$s8.000 millones este año
Semejante salida de divisas es compensada por dos vías: las
ventas de soja al mundo y el endeudamiento.
En otras palabras, se trata de dólares que se gastan aquí y
ahora pero que engordan la factura que habrá que pagar a futuro.
Completan este panorama, cuanto menos incierto, los "capitalesgolondrina",
que ingresan al país atraídos por las elevadas tasas de interés que ofrece
Federico Sturzenegger.
Nueve de cada diez dólares que llegan son volcados a instrumentos
financieros, concretamente a la "bicicleta".
La devaluación no está en el menú
Las luces del tablero que alertan sobre el atraso cambiario ya están
encendidas, incluidas la del elevado costo laboral -medido en
dólares- y la del riesgo que implica hundir capitales en
un proyecto productivo.
El "costo argentino" es tema central en las reuniones que los
empresarios vienen manteniendo con los ministros Dujovne, Francisco Cabrera y
Jorge Triaca.
De esa cumbre, los funcionarios se llevaron una carpeta de 14
folios, con un informe reservado, riguroso en datos sobre
esta problemática.
Lo que más lo alarmó se encontraba en la página 7: "El costo de exportaren
Argentina aumentó 33,6% en los últimos 10 años, llegando a u$s1.770
por contenedor. Supera en un 18% al de México y casi duplica al
de Chile", asegura la UIA en el documento, que incluye un cuadro para
graficarlo.
La conclusión de los ejecutivos de negocios es que el país se enfrenta
nuevamente -y pese a la devaluación de diciembre de 2015- al atraso del tipo
de cambio.
Esta visión es compartida por los sectores ruralistas y por la
mayoría de los economistas profesionales.
A diferencia de otros momentos y analizando la historia reciente, hoy
día nadie se atreve a pedir una devaluación, ya que la
misma se trasladaría rápidamente a los precios de los
bienes y servicios.
Una medida de este tipo sólo es "exitosa" si lo único que
sube es el dólar ya que, de este modo, se abaratan los bienes
en esa moneda y al país se le hace más fácil exportar (y más caro
importar).
El veredicto es unánime: un salto abrupto sería
acompañado de un pass- through (traslado a precios) importante, tal
como sucedió en 2014 y, en menor medida, a partir de 2016.
¿De qué magnitud es el retraso?
Para medir el tenor del atraso, desde MacroView, consultora de Carlos Melconian
y Rodolfo Santángelo, comparten un ejercicio interesante: cuál sería, traído a
valores de hoy, el precio del billete verde de otros
momentos de la historia reciente.
Desde MacroView indican que:
- El "dólar Néstor" (mayo 2003) traído a tiempo presente
alcanzaría los$34,10. Es decir, el doble que el actual
- El "dólar Cristina I" (primer mandato, diciembre
2007) ya había retrocedido a $28 (actualizado a hoy).
- El dólar Cristina II (segundo mandato, diciembre 2011)
descendió a$18,60. Sobre el cierre de 2013, Axel Kicillof lo llevó a $16,30.
- Hoy se está algo mejor que en esa instancia, pero por debajo del
nivel de 2016, cuando el Gobierno devaluó. Para empardar aquel escenario,
debería saltar a $20,35.
Pablo Goldin, director de MacroViews, es categórico, en su diálogo
con iProfesional: "Estamos frente a uno de los tipos de cambio más
bajos de los últimos 60 años".
Ante semejante afirmación, la consulta obligada es qué puede pasar.
Concretamente, si él le asigna más chances a la ocurrencia de un mayor atraso
o, más bien, a una brusca (y nueva) corrección.
"En el mundo actual, caracterizado por la enorme liquidez, y con una
Argentina de moda, estamos casi condenados al atraso.
No hay razón para una pensar en una explosión a corto plazo. Pero la duda queda
latente para el largo", asegura.
En cuanto a la urgencia por mejorar la paridad, expresó:
"Estaríamos más tranquilos si los ingresos provinieran
de exportaciones o de inversionesque se vuelcan a la economía real, no tanto a la
especulación financiera".
"Nadie tiene el timing sobre cuándo el mercado puede darse vuelta.
Es que somos el típico caso de un país vulnerable apenas se
modifica el escenario internacional", completa Goldin.
Martín Rapetti, director de Desarrollo Económico de Cippec y uno de los
más escuchados en la conferencia de la UIA, repara en la estrategiaantiinflacionaria del Banco Central.
"Para evitar un mayor atraso, el objetivo de bajar la inflación
no debería ser tan estricto, ya que esto permitiría contar con una
política monetaria más expansiva", indica.
Rapetti sustenta sus dichos en la experiencia vivida en la región:
"Es lo que hicieron Colombia y Chile en los ´90.
A nuestro vecino le llevó seis años mientras que a Colombia, once".
En relación a cómo esas naciones lograron domar el índice de precios,
recuerda que lo hicieron sin devaluar.
"Determinaron una regla que ajustaba el tipo de cambio en
base a la inflación. Es una tablita que marca el camino a
seguir. El TC no se aprecia sino que sigue al índice de precios",
completa.
En su visión, no estaría mal que en Argentina el Banco Central incorpore
a sus metas inflacionarias un objetivo ligado al tipo de cambio, de
modo tal de no perder competitividad.
"Me preocupa que el atraso pegue en la actividad económica. Hoy
día, el Central tiene las herramientas para evitar un cimbronazo en la plaza
cambiaria, pero debe ir ajustando el precio del dólar de a poco. Estamos viendo cómo los inversores,
grandes y pequeños, compran porque ya notan el atraso", asegura.
Desde la City, Pablo Santiago, de Global Agro Broker, coincide con
Rapetti: "Este atraso complica la actividad. Podríamos
recibir un mayor flujo de inversiones, sin dudas".
Este economista tiene su pronóstico para 2018:
"La inflación le va a ganara la suba del dólar por dos o tres puntos", asegura
a iProfesional.
Los cálculos de Global Agro Broker colocan a la cotización promedio
en$19,60, contra un índice de precios en torno al 16% para ese año.
Desde la consultora brindan mayores detalles:
-El Gobierno colocará títulos de deuda (neta)
por u$s29.600 millones
- A esa cifra se le debe añadir u$s14.300 millones que
ingresarán al país para inversiones de cartera.
- Ni el rojo comercial (previsto en u$s9.000
millones) ni la sangría por el turismo al extranjero
(u$s10.800 millones) ni las compras de billetes de parte del
público (u$s16.800 millones) alcanzarán para equilibrar la
ecuación.
En la visión de varios economistas, el atraso del tipo de
cambio llegó para quedarse.
¿Acaso para perpetuarse? Este es el gran tema que hoy día recorre los
despachos oficiales, las oficinas del microcentro y de Wall Street. Con todo lo
que este interrogante implica.
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