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Hoy saldrá un dato clave que mira cada vez más Federico Sturzenegger y
el resto de la mesa chica de la entidad: el Relevamiento de Expectativas de
Mercado (REM), la encuesta que elabora el BCRA entre varias consultoras y
entidades financieras (locales y del exterior). Lo que se desprenda de eso, en
términos de las expectativas de inflación, no será menor. El mes pasado, la
entidad subió por segunda vez consecutiva su tasa de política monetaria (los
pases) luego de haberlo hecho a finales de octubre. La clave será si para el
mercado el tajante mensaje de Sturzenegger empezó a tener peso. O sea, si la
mano dura del BCRA se traduce en expectativas inflacionarias descendentes. O
no.
En la última encuesta de octubre, publicada a inicios de noviembre, los
gurúes de la city contemplaban un poco más de inflación para 2017 y 2018. Para
los próximos doce meses las expectativas crecieron cuatro décimas hasta
ubicarse en 17,6% y para 2018 se esperaba una inflación del 16%, dos décimas
más que lo que se esperaba hasta el mes pasado.
No fue, precisamente, música para los oídos de Sturzenegger sino todo lo
contrario. Sucede que la actual política de Reconquista 266, cuya única bala en
la recámara es el uso de las tasas, se basa en las expectativas. El banco puede
volver a subir las tasas, pero si los inversores -como ahora- creen que
fracasará en su intento de seguir moderando la suba de los precios, la tarea no
estará cumplida.
Por eso es tan relevante para este gestión del BCRA que el REM (léase,
el mercado) acompañe con sus pronósticos la tan mentada desinflación de la
economía. En su última aparición pública, la semana pasada durante un evento de
la revista Bank Magazine, el número uno del BCRA admitió que el país tendrá
recién en cuatro o cinco años la inflación de un país normal. Según
Sturzenegger, la lucha contra la inflación tiene que ser muy contundente y no
puede esperar, porque bajarla es muy beneficioso para la economía. “Con la inflación
no hay que inventar, hay que elegir el nivel de gradualidad con instrumentos
que han funcionado en todos lados. Por eso, acá no hay ninguna sorpresa,
ninguna cosa especial que tenga Argentina”, enfatizó. “Endurecimos de manera
significativa la política monetaria pero hay un proceso de crecimiento de la
economía. Y no hay otra manera de combatir la inflación sin política
monetaria”, resaltó.
Y resaltó el tema de las expectativas: “Esta política funciona hoy de
manera contundente, con efectividad. Una política restrictiva ancla
expectativas de inflación y da certidumbre a mediano y largo plazo, por eso la
gente se anima a tomar créditos”. Además, sostuvo que “el desafío más grande en
el proceso de desinflación es el de las expectativas, para que ese proceso se
haga sin ningún estrés sobre el nivel de actividad”. Sturzenegger añadió que
las expectativas de inflación “están muy estables” y consistentes y que la
gente piensa que el proceso sigue sólido.
Por lo pronto, la calificadora Moody’s dijo sobre el filo de la semana
pasada -en un informe sobre Argentina luego de subirle la nota- que “la
inflación aún sigue siendo elevada y se ubicará en alrededor del 23% para el
cierre de este año”.
“Pero la postura antiinflacionaria del BCRA está reduciendo gradualmente
la inflación básica y esperamos que los precios al consumidor caigan a
alrededor de 15% en 2018 y que posteriormente sigan bajando”, vaticinaron.
La clave para la agencia de rating, pensando otra suba de nota en el
futuro, pasa por tan sólo dos aspectos. “Un factor particularmente importante
será la reducción continua y sostenible del déficit fiscal y la inflación”,
resaltó.
En el corto plazo, todos miran lo que salga del REM hoy. Habrá que ver
si el mercado respalda tanto optimismo oficial o vuelve a ser excusa para otro
alza de las tasas.
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