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Según diversos economistas, hay una inconsistencia macroeconómica entre
un Ministerio de Hacienda que hace sus menesteres (converger hacia el
equilibrio fiscal) muy gradualmente y, por otro lado, un BCRA que hace (o
intenta hacer) los suyos (converger hacia una inflación normal de un dígito)
con un ritmo muy ambicioso. El razonamiento es que el gradualismo fiscal
complica las labores de ese BCRA apresurado y ambicioso y, por ende, se genera
una inconsistencia que, además, tiene costos.
“La avalancha de divisas financieras resultante de la conjunción de una
política fiscal laxa y una política monetaria muy contractiva nos condena a la
persistencia de un retraso cambiario severo. El dólar barato se suma a los
problemas estructurales de competitividad (que el Gobierno atiende pero solo
resuelve gradualmente) para explicar el estancamiento de nuestras exportaciones
y el aumento inquietante del déficit de Cuenta Corriente”, dice Federico Muñoz
en su informe semanal, distribuido entre clientes el fin de semana.
Sin embargo, dice Muñoz, hay visos de una mayor coordinación en las
últimas semanas. “Afortunadamente, en las últimas semanas, hubo indicios de que
el equipo económico apuntaría a revisar esta asimetría. (Nicolás) Dujovne ha
dado señales de aceleración en el ajuste fiscal. Y (Federico) Sturzenegger se
muestra menos ansioso para alcanzar las metas inflacionarias, lo que podría
estar augurando una política monetaria menos restrictiva”, remata.
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