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Por Jorge Herrera - El Gobierno sabe que lo que no haga el próximo año
en materia de ajuste del gasto, ya no podrá hacerlo con intensidad en 2019. Por
ello, tras la batería de aumentos en las tarifas de electricidad, gas y agua,
la mesa chica del Gobierno comenzó a debatir el ajuste en los precios del
transporte de pasajeros que desde abril del año pasado se mantienen congelados.
Sin duda es uno de los temas álgidos que resta encarar por el impacto
socioeconómico. Pero en el seno del equipo económico saben que si lo siguen
postergando será peor. Por ello tras varios encuentros entre las áreas técnicas
y políticas fueron llegando a un consenso. Aunque en realidad fueron
descartando opciones de ajustes. Incluso debieron sondear al Banco Central para
evaluar el impacto de las distintas alternativas sobre las metas de inflación.
Es que al ente monetario le convendría que implementaran la suba del boleto ya
para afectar las metas de 2017, ya incumplibles, y brindarle más margen a las
de 2018. Aunque algo de esto ya han hecho, dado que el Gobierno con los últimos
aumentos de tarifas de luz, gas e incluso de combustibles no hizo otra cosa que
adelantar el cronograma de normalización tarifaria, de modo de afectar
diciembre y no 2018. O sea, con estos shocks tarifarios el Gobierno trajo
inflación de 2018 e incluso de 2019 a 2017.
Pero resta aún tocar las tarifas de transportes. Al respecto cabe señalar que
la estrategia fiscal que apunta a mantener el gasto primario en términos reales
(de modo que el trabajo sucio lo hará el crecimiento del PBI reduciendo el peso
del gasto público en la economía) pero a la vez reducir el déficit primario
gradualmente implica mantener e incluso aumentar el gasto social y de capital
(sobre todo en elecciones) y ajustar no solo el gasto previsional sino,
fundamentalmente, el gasto en subsidios económicos. En los primeros diez meses
del año el gasto en subsidios energéticos se redujo 32% interanual al pasar de
$95.800 millones a $64.800 millones; mientras que los subsidios en transporte
se incrementaron 10% de $51.500 millones a $56.800 millones. En paralelo fueron
subiendo además la tarifa de agua y los combustibles.
Para tener una idea de los atrasos, en el caso de la electricidad, el objetivo
de 2017 fue que los consumidores paguen 47% del costo de generación (en 2015
pagaban el 15%) y para 2018 el 63% del costo. Lo que implicaría aumentos del
50% a 60% en lo relacionado a la generación de electricidad. En el caso del
gas, la demanda paga entre 55% y 60% y para 2018 se quiere llegar al 77%.
Desde que asumió el Gobierno de Cambiemos el único ajuste en el boleto de
transporte automotor urbano en el ámbito del AMBA (donde se canaliza la mayoría
de los subsidios a colectivos) fue en abril de 2016 (60%). Según un estudio de
Macroview, en términos reales, la tarifa de este servicio está entre los más
bajos de la historia. "La reactivación de los ajustes tarifarios en
transporte será un test clave para vislumbrar el compromiso de Gobierno con la
contención del gasto público en 2018", señala la consultora.
De acuerdo a las estimaciones de Macroview a mayo pasado el boleto promedio
ponderado de todas las secciones (en términos reales) está por ejemplo un 71%
por debajo del vigente a fines del 2000, 43% más barato que en 2008/09, un 12%
respecto a fines de 2012 y 28% frente a julio 2014.
Lo cierto es que contemplando que en el primer cuatrimestre de 2018 se vienen
tarifazos de luz, gas y agua, y quede algo para el segundo semestre, en el seno
del Gobierno han consensuado finalmente un esquema de ajuste para el transporte
que tendrá un componente mensual más un shock, en principio por única vez. Este
esquema es mejor para las metas del BCRA ya que toda gradualidad coadyuva a los
deseos oficiales.
Ayer precisamente el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, explicó en el
seminario Abeceb que 2018 será de transición con algunos aumentos en los
precios regulados apuntando a terminar el ajuste de precios relativos y de ahí
en más solo acompañar a la inflación. O sea, ya no habrían tarifazos de luz,
gas y agua en términos reales. Solo en el caso del transporte el ajuste también
se prolongará a 2019 (año electoral). Habrá sin duda mucha sintonía fina porque
tampoco se quiere afectar las expectativas inflacionarias y menos el trabajo
del BCRA. Además resulta insoslayable el efecto que tiene todo ajuste en el
transporte sobre el ingreso disponible de las familias, que de por sí ya muchas
deberán asumir los últimos tarifazos. Para los analistas este ajuste pendiente
es un examen a aprobar por el Gobierno.
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