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Por Jorge Herrera - Ya dejó de ser un secreto a voces. En el seno del
Gobierno la tensión escaló y casi en soledad el presidente Macri es el único que
pone la cara por el titular del BCRA, Federico Sturzenegger, cuando arrecian
las críticas por la política monetaria. Los que tienen acceso a la Jefatura de
Gabinete y a la mesa chica advierten que desde enero y hasta marzo la política
monetaria y cambiaria dominará el debate. Claro que descuentan que las reformas
(menos la laboral) no tendrán inconvenientes en su paso legislativo. Porque si
no se estaría frente a otro escenario.
Pero como le diría el ingeniero Alsogaray, "hay que pasar el verano"
Sturzenegger, quien espera mostrar mejores resultados inflacionarios para
abril.
Lo cierto es que la dinámica de la política monetaria y el gradualismo fiscal
conspiran entre sí. Pero como todos tienen algo que ver con el gasto público y
sólo uno con la política monetaria, es el blanco más fácil hacia donde apuntar
las críticas. Desde todos los frentes piden que aflojen con la política
monetaria dura y sea más gradualista, como con las metas fiscales. Sin embargo,
hay un cóctel complicado: altas tasas de interés, elevada tasa de inflación y
un tipo de cambio que se tiñe de retrasado.
Ahora bien, dado que se decidió no ajustar más el gasto público (y congelarlo
en términos reales) y así convivir con un alto déficit fiscal, ello implica
necesariamente ir en busca de financiamiento, sobre todo externo, porque el
mercado de capitales doméstico es muy pequeño. Además, como no se quiere
recurrir por a la asistencia del BCRA (el año que viene sólo $140.000
millones), hay que seguir endeudándose. Pero esas divisas que trae el Gobierno
para financiar el rojo fiscal obligan al BCRA a emitir y luego esterilizar la
oferta excedente de pesos. Así se retroalimenta el círculo vicioso de las
Lebac, que si la inflación no cede más rápido, hará que cada vez los inversores
pidan más tasa para renovar. El stock de Lebac ya supera a la base monetaria.
Es un tema delicado, por más que todos miren para otro lado. Claro que todo
esto es para evitar que el tipo de cambio se aprecie aún más.
Surge así la idea de que sea la Tesorería la que se endeude en pesos para así
evitar que el BCRA compre los dólares, emita y esterilice. Pero el efecto será
un crowding out, o sea, menor oferta de crédito privado. Ahora bien, ¿qué harán
con los dólares que traiga Caputo del exterior? ¿Cómo evitarán que no caiga aún
más el tipo de cambio si el BCRA no los compra?
Será un verano álgido. Todos mirarán la inflación, la tasa y el dólar. Las
críticas arreciarán. El principal temor es abortar más aún la recuperación del
nivel de actividad, que de por sí será menor el próximo año. Algunos creen que
será momento de decidir entre jugar como presidente del BCRA o como miembro de
la coalición Cambiemos.
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