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Por Claudio Jacquelin - "Ahora sí podemos festejar el triunfo en
las elecciones. Hasta que no se aprobaran las reformas y, sobre todo, la
previsional, no habíamos ganado". A dos días de la sanción de la polémica
ley y 72 horas después de los gravísimos episodios de violencia protagonizados
por activistas en la Plaza del Congreso, en el Gobierno sienten que ahora sí
empezó la segunda mitad del mandato de Macri. Y exudan optimismo.
En la Jefatura de Gabinete y en el despacho presidencial admiten que con
la modificación del cálculo de incremento de las jubilaciones el Gobierno no
salió ileso. Pero dicen que estaba previsto y que hay dos cosas que lo
compensan con creces: la aprobación de la ley y las escenas que mostraron a
policías heridos luego de estar bajo una lluvia de piedras durante horas, a
diferencia de las imágenes del jueves de la semana pasada, en las que se vio
que manifestantes, camarógrafos, reporteros gráficos y cronistas fueron heridos
por la acción de las fuerzas federales.
"Y, al final, se va a empezar a revertir cuando los jubilados
cobren y vean que los que les decían que les estábamos sacando plata les
mintieron, porque no van a cobrar menos, sino más", dicen con un
entusiasmo indestructible.
En la cúpula del poder macrista rechazan la opinión generalizada de que
hubo errores de comunicación con tanto énfasis como el que ponen para sostener
que el mayor costo lo van a pagar el kirchnerismo y el massismo. Los acusan de
haber propiciado, orquestado e impulsado, junto con el frente de partidos
trotskistas, los hechos de violencia que se vieron el lunes.
Para sostener la acusación, dicen que en la ciudad santafecina de
Carcarañá parte de la cúpula de La Cámpora y algunos diputados kirchneristas
planificaron la estrategia para hacer fracasar la sesión de Diputados. A intendentes
kirchneristas del conurbano les imputan haber llevado barrabravas y otros
elementos marginales que suelen tener protección política. Lo mismo, dicen, le
cabe al massismo. En la Justicia aclaran que por ahora no tienen elementos que
lo corroboren, pero para el Gobierno quedó demostrado que la actuación de los
legisladores en el recinto estaba coordinada con la violencia en la plaza.
De todas maneras, en el oficialismo marcan diferencias entre
kirchneristas y massistas. "El kirchnerismo está cada vez más acotado y
sólo apuesta al fracaso del Gobierno. Por eso es cada vez más violento. Sergio
Massa, en cambio, quiere recuperar protagonismo después de su fracaso
electoral. Pretendía demostrar que sin él no podemos sacar leyes. Pero eso se
acabó. Ya no tiene poder para imponer agenda y tampoco para impedir",
dicen en las cercanías de Marcos Peña, "el monje negro", como lo
calificó la diputada massista Graciela Camaño.
Batalla comunicacional
Sobre la batalla comunicacional, en la que se impuso con claridad el
rechazo a la reforma, en la Casa Rosada argumentan que en los temas que atañen
a los jubilados nunca ("salvo un gran aumento, o una moratoria
indiscriminada") hay anuncios que beneficien al Gobierno, porque siempre
será poco.
"Las decisiones políticas se procesan desde lo emocional más que
desde lo racional, y cualquier decisión respecto de los jubilados es imposible
que se acepte desde lo racional, por mejores argumentos que se tengan. Por eso,
privilegiamos lo estratégico sobre lo táctico. Sabemos que no podemos ganar
todas las batallas y no damos todas las peleas. En este caso lo estratégico era
la sanción de la ley, de la que dependen las reformas fiscal y laboral",
explican.
El optimismo es elocuente en la cúpula del oficialismo. Entienden que,
contra la opinión de muchos observadores, se está ante el comienzo de una etapa
más favorable para el Gobierno y no de un período más tumultuoso y con
conflictividad social. "No hay ninguna condición para eso", sostienen
sin fisuras.
Pero lo sucedido dejó cuestiones por resolver y algunas heridas hacia
adentro. No hay facturas para ninguno de los actores legislativos, todo lo
contrario. En cambio, hay diferencias, que no se ocultan, sobre la actuación de
las fuerzas de seguridad. No pocos avalan las críticas de Elisa Carrió a
Patricia Bullrich, pero también es claro que la ministra sigue contando con el
aval presidencial. Aunque Macri acepta los argumentos de los que le dicen que
si se hubiera repetido el lunes lo hecho el jueves por la Gendarmería la
reforma previsional habría fracasado.
Un escenario similar se da sobre uno de los principales temas que
preocupan al Gobierno: bajar la inflación y encaminar la economía. La
disidencia radica sobre las políticas monetarias del titular del Banco Central,
Federico Sturzenegger. El respaldo del Presidente se mantiene, pero en medio de
muchos cuestionamientos. "Federico también sabe que está solo y algo va a
tener que cambiar", admiten en Balcarce 50.
Esa discusión se dará en las próximas semanas. Por ahora, la cabeza está
puesta en lograr la sanción de la reforma tributaria y del presupuesto. Y en la
celebración que la realidad nacional viene haciéndole postergar desde la
victoria del 22 de octubre. Optimismo sobra, aunque todavía falten 10 días para
que termine un año mucho más que intenso.
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