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Por Claudio Zlotnik - La inflación de diciembre se encamina a cerrar en torno
del 2,5%, de acuerdo con las primeras estimaciones de las consultoras de
la City.
Incluso, algunas deslizan que trepará unas décimas más, de
modo tal que hasta podría ubicarse en un rango similar al de los primeros meses
de este año.
Por cierto, el índice de precios se está moviendo en un nivel
que Federico Sturzenegger creyó que ya había quedado atrás.
Muy lejos está del tope del 1% que el propio banquero
central había prometido.
Es cierto que el recalentamiento inflacionario se produjo
por decisionesajenas a él. Las fuertes subas en las tarifas de
luz, gas y las remarcaciones de combustibles fueron diagramadas
entre los ministerios de Hacienda y Energía.
Aun así, las miradas del "ala política" del Gobierno se
enfocan en Sturzenegger. ¿Qué hará el funcionario frente a este escenario que,
por donde se lo mire, agrava el incumplimiento de las metas inflacionarias?
A juzgar por sus dichos, ahora tendrá un mayor incentivo a reforzar la
"mano dura", ya que este verano se juega gran parte de la suerte
en lo que hace al cumplimiento de la meta inflacionaria (y
también su credibilidad en el mercado).
Además, en marzo comenzarán las paritarias. Y Sturzenegger sabe que
si se extiende el escepticismo sobre su plan para combatir el alza de precios,
los sindicatos pedirán aumentos que se alejarán bastante
de la pauta y echarán más leña a la inflación.
Hoy día, la pregunta del millón es si el banquero central
volverá a elevar la tasa de interés de referencia, que se ubica en el 28,75%
anual. El último retoque, del 7 de noviembre pasado, fue decidido tras el
alza de los combustibles.
Por lo pronto, las decisiones que viene tomando vienen generando un
nerviosismo indisimulado en el "ala política" del Gobierno.
La preocupación en Casa Rosada, y también del Palacio de Hacienda, es
que si "Sturze" aplica la misma lógica que el mes pasado
pondrá en peligro el crecimiento de la economía.
Ninguno de los funcionarios consultados por iProfesional quiere
hablar de una posible recesión, pero la preocupación da vueltas
por casi todos los despachos oficiales.
Duro de bajar
Las luces de alarma en esas oficinas están encendidas: la hipótesis refiere
a que, en un contexto de restricción fiscal, sumarle un mayor "apriete
monetario" significará un duro golpe para la actividad económica.
La clave de la pulseada tiene que ver con el doble objetivo que
persigue el Gobierno: reducir el déficit y bajar la inflación de manera brusca.
Sobre el primer punto, Hacienda se enfoca en dos cuestiones:
la quita gradual de subsidios a los servicios públicos y la poda en
los gastos de jubilaciones y pensiones.
Los aumentos en las tarifas de luz y gas rigen
desde diciembre y trepan hasta un 70%. Como si esto fuese poco, luego
vendrán incrementos para el agua y el transporte público.
De acuerdo con las estimaciones de las consultoras, los aumentos en
la energía sumarán presión a la inflación de este mes. ¿Cuánto? Según Eco Go (Bein-Dal
Poggetto), adicionarán 1,6 puntos.
En este marco, para la firma Elypsis el IPC de diciembre se acercará a
un impactante 2,4%.
Sturzenegger ya avisó de su negativa a desdoblar sus
proyecciones inflacionarias. No quiere quitar los ajustes tarifarios de la meta
para 2018, que mantiene en el 10% (más menos 2 puntos).
"A mí, (el Gobierno) me prometió que en mayo del año que
viene se terminará la recomposición de los precios
relativos", afirma el banquero central.
En otro orden, descarta una modificación de
las metas, aunque hoy tenga nula credibilidad por parte del
mercado. "Cambiarlas es como no tener ninguna", asegura.
"Yo quiero dar una señal contundente del camino a seguir.
La clave es que me crean que yo quiero, y además estoy dispuesto, a
cumplirlas", subraya una y otra vez.
El temor al freno
abrupto de la economía
Sturzenegger está convencido de que la única forma de bajar el índice de
precios es acercándose al cumplimiento de la meta que él se autoimpuso.
A lo sumo, admite, se topa con un único inconveniente: desconocer el techo al
que podrían llegar las tasas de interés.
Así como van las cosas, de algo está seguro: la tendencia debería
ser al alza, como en los últimos meses. Y precisamente, sobre este punto
es que cruje la relación con el ala política del
Gobierno.
Las cuentas que sacan a pocas cuadras de Reconquista 266 advierten sobre
el efecto negativo de un nuevo apretón, en medio del ajuste de
las cuentas públicas.
En dialogo con iProfesional, un integrante del gabinete económico
afirma: "El incremento de las tarifas fue más
fuerte de lo planeado. Se apuró la reducción de
los subsidios para aprovechar el espaldarazo electoral".
Además, confía que con los cambios en el sistema
previsional, el Gobierno ha seguido la misma lógica.
En cuanto al recorte del gasto público, sostiene que se
ha extendido a la ANSES, "que viene reduciendo, por ejemplo,
los créditos subsidiados con la tarjeta Argenta".
"En igual sentido, se está trabajando en bancos públicos: desaparecieron las líneas
productivas para las Pymes (subsidiadas). Y se elevaron los costos de
los hipotecarios 10% en promedio", especifica el funcionario.
Para este integrante del gabinete económico, la conclusión es clara:
"Si estamos en medio de un esfuerzo fiscal, que incluye créditos más
caros, lo mejor sería posponer cualquier restricción
monetaria adicional".
La lectura política inmediata es que el Gobierno "jugó" con
el timing de las urnas: las designaciones de Javier González
Fraga (de fuerte arraigo en la escuela keynesiana) en Banco Nación, y de
Emilio Basavilbaso en ANSES tuvieron esa intención.
Ambas entidades fueron procíclicas, propiciando el crecimiento de
la economía en la previa electoral.
Sin embargo, el encarecimiento de los créditos da
cuenta de que ese enfoque quedó suspendido hasta nuevo aviso.
Algo similar se observa en el rubro obras públicas que fue, sin dudas,
uno de los pilares sobre los que se apoyó el rotundo triunfo de Cambiemos.
De acuerdo con datos de ASAP, venía creciendo a un impactante
51,6% interanual. Pero eso ocurrió hasta septiembre, ya que al mes
siguiente a los comicios, el frenazo fue notorio: los fondos
para obras en todo el país apenas subieron 5% en comparación con
octubre del año pasado.
También este cambio se observa en las transferencias de
capital desde la Nación a distritos del interior, que están por fuera de la
coparticipación. De una expansión interanual del 41% a septiembre,
retrocedieron al 22% al mes siguiente.
Desde el Ejecutivo ensayan una explicación: parte de las inversiones que financiaba el Tesoro nacional, van a ser
repartidas entre la caja central, el sector privado y los organismos
multilaterales, a través del sistema PPP (participación pública-privada).
De todas formas, aclaran, este programa aún se encuentra en etapa
embrionaria y recién llegará a su plenitud el próximo año.
Lo que está claro es que, al menos por ahora, existe la clara decisión de aplanar la expansión en obras
públicas, tal cual figura en el Presupuesto 2018.
Críticas por
doquier
En los últimos días, la estrategia de Sturzenegger volvió a ser
objeto de críticas por parte de los economistas.
Por su cercanía al Gobierno, Alfonso Prat Gay es el que se
muestra más duro: "El Central persigue una meta de inflación que nadie cree. Y para intentar cumplir
algo incumplible, pone tasas de interés demasiado altas, que generan atraso
cambiario y pérdida de competitividad".
Prat Gay "desengancha" a Dujovne de los
inconvenientes de la macro, como el desequilibrio en el comercio exterior, y
elige arremeter contra su colega en el BCRA.
"Cuando el Banco Central asume una política como la
actual, le complica la vida al Tesoro, porque la
economía crece menos, dificulta el comercio exterior y, fundamentalmente,
porque buena parte del gasto público está indexado", expresa.
Domingo Cavallo también le apunta a Sturzenegger.
"El precio del dólar contenido por altas tasas no ayuda a bajar la inflación", dispara.
En el mismo sentido, Daniel Artana, economista jefe de FIEL, considera
que "los objetivos muy ambiciosos en materia inflacionaria junto
con la gradualidad fiscal agravan los problemas de credibilidad y
de atraso cambiario".
Artana también da su opinión sobre si sirve (o no) la utilización del
sistema de metas de inflación en países como Argentina. Cita como ejemplo
a Israel, cuya historia económica es seguida de cerca por Sturzenegger.
"En países con tradición indexatoria, dominancia fiscal y
alta inflacióncomo Israel, las metas se anunciaban
cada año en base a la inflaciónreciente. De este modo, facilita que los errores de
pronóstico no se acumulen en el tiempo", expresa.
Ricardo Arriazu es otro de los que cuestiona al jefe del BCRA: "No
es el sistema ideal para Argentina. En una economía abierta en la que
el dólar es la unidad de cuenta. Si se sube la tasa de interés lo único que se logra es que ingresen más
capitales improductivos", advierte.
Por ahora, Sturzenegger absorbe los cuestionamientos internos
y externos. La gran cuestión es si redoblará la apuesta y apretará el
torniquete monetario todavía más.
Quienes lo conocen saben que es capaz de hacerlo. Aun cuando varios de
sus colegas en el gabinete nacional lo tomen como una provocación. Y crean que
el banquero central está jugando con fuego.
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