|
Por Francisco Jueguen - A
través de la llamada reforma laboral, el Gobierno aspira a -por lo menos-
regularizar a cerca de 200.000 trabajadores de los casi 4,7 millones de
empleados informales que existen en el país.
Luego de los incidentes
registrados en el debate en el Congreso por la reforma previsional, el
Ejecutivo decidió postergar el debate de la reforma laboral (en el Gobierno la
llaman "ordenamiento" para diferenciarla de su par brasileña). Sin
embargo, la discusión llegará durante 2018.
Dentro de la reforma, el
oficialismo propone un blanqueo laboral. El proyecto impulsa una condonación de
deuda para aquellos empleadores privados que regularicen la situación de sus
trabajadores. Los empleados podrán contabilizar hasta cinco años de aportes
para su jubilación y obtendrán todos los beneficios de la antigüedad en el
puesto.
Pero además, según un brief que
circuló entre los medios, se fortalecerán los mecanismos de lucha contra la
informalidad, se clarificará el concepto de registración laboral y se
establecerían multas por la no registración que serán giradas a la seguridad
social. Al mismo tiempo, dentro del paquete fiscal que se debate en el
Parlamento se incorporaron bajas en las contribuciones patronales a través de
un mínimo no imponible para algunas firmas.
"Tenemos una meta
razonable de 200.000 trabajadores", anticipó José Anchorena, subsecretario
de Programación Técnica y Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo, ayer,
en el último encuentro del año con la prensa para informar sobre datos del
mercado de trabajo.
En Trabajo advirtieron que
será difícil establecer los "blanqueados puros", ya que con los
incentivos que habrá a través de otras herramientas muchos se sentirán tentados
de registrar a sus empleados en negro como empleados nuevos. Sin embargo, el
piso de 200.000 "puros", estimaron, es una base optimista y superior
a la que se registró con el blanqueo impulsado por Carlos Tomada, ministro de
Trabajo del kirchnerismo, en 2008. Entonces sólo sumaron 20.000 trabajadores,
recordaban ayer. Sin embargo, el Gobierno suele jugar con las expectativas. Por
caso, las perspectivas para el blanqueo de capitales eran, cuando se lanzó ese
plan, de US$ 20.000 millones, pero se recaudaron US$ 100.000 millones.
|