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Por Martín
Kanenguiser - El 28 de diciembre el directorio del Banco Central se disponía a
desarrollar su reunión semanal en el horario habitual de las 9. Sin embargo, a
esa hora, el presidente de la entidad, Federico Sturzenegger, estaba en la
conferencia de prensa de la Casa de Gobierno en la que se anunciaría el cambio
en las metas de inflación. Por lo tanto, el encuentro de directores finalmente
comenzó a las 11, cuando Sturzenegger llegó al edificio de Reconquista 266.
Algunos funcionarios intentaron cortar la tensión con algunas bromas sobre el
anuncio, pero el remedio no funcionó.
El grupo de
WhatsApp que comparten los funcionarios que deciden la política monetaria
estalló de mensajes en esos días calientes. Para la conducción del BCRA el
golpe más duro no fue el cambio en la meta de inflación, sino la presión para
bajar la tasa de interés en un contexto de incertidumbre sobre la inflación,
según comentaron a LA NACION fuentes al tanto de la cuestión. Al
respecto, creen que se le hizo un daño importante a la credibilidad de la entidad
monetaria a cambio de un beneficio poco claro para el Gobierno.
La estrategia de
pinzas del Poder Ejecutivo se desarrolló desde la Jefatura de Gabinete y, más
suavemente, a través del Ministerio de Hacienda. Lo que más sorprendió a los
hombres del BCRA fue que hasta hace un mes Hacienda -en particular el ministro
Nicolás Dujovne- coincidía con la visión de Sturzenegger de que la tasa alta no
estaba dañando el nivel de actividad, tal como lo reflejaban los números del
Indec y el fuerte crecimiento del nivel del crédito. Sin embargo, en las
últimas semanas el mensaje cambió desde el PEN: indicadores preliminares del
nivel de actividad alertaban que las perspectivas no eran buenas para 2018.
Allí se colaron los mensajes de la política: desde Miguel Pichetto hasta el
"fuego amigo" de Elisa Carrió.
Hacienda entiende
la postura del Central de focalizarse sobre la inflación, pero cree que en el
corto plazo una tasa alta desacelera el nivel de crecimiento económico. Aunque
en la cartera de Dujovne juran que no se meterán con la decisión que tome el
Central respecto de la baja de las tasas, en la entidad monetaria saben que no
hay margen para no reducirla.
La duda que tienen
en el BCRA es qué pasará si, una vez que baje la tasa, se confirma el escenario
de una inflación alta en el primer trimestre del año y eso afecta el nivel de
expectativas.
¿Qué ocurrirá
entonces si, aun con baja de tasas, la inflación sigue creciendo y el nivel de
actividad no mejora? Pero el equipo económico jura que la meta no se volverá a
modificar este año y confía en que la inflación estará en torno del 15 por
ciento, pese a que varios consultores privados ya están pensando en una banda
del 17 al 19 por ciento. En este sentido, destacan que el tipo de cambio,
después del fuerte salto que pegó el 28 de diciembre, volvió a bajar a los
niveles previos.
Mientras se
especula con la evolución del escenario macro, en el Central hay una certeza:
Sturzenegger, por ahora, se queda porque cree que, aunque con límites, tiene
margen para seguir manejando la política monetaria.
Por fuera del
Gobierno hay dos sectores relevantes que no respaldan al presidente del Banco
Central, según su entorno: algunos banqueros privados, por las medidas para
promover la competencia en los costos, y La Bancaria, por la intención oficial
de eliminar el aporte obligatorio para el sindicato por parte de los
trabajadores no afiliados al gremio.
En cuanto perciba
lo contrario, podría repensar su futuro, aunque en el Central creen que el
mayor costo de su salida en términos de reputación sería para el Gobierno y no
para el economista.
Un REM parcial,
otra señal de disconformidad
El BCRA dio ayer
otra muestra de la disconformidad con que aceptó el recálculo en las metas de
inflación que le impuso el Poder Ejecutivo. Lo hizo al difundir los resultados
del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) menos representativos desde
la recuperación de ese instrumento, al decidir que la muestra quedara cerrada
con las apenas 19 opiniones (un tercio de las que habitualmente recoge) que le
remitieron de la conferencia de prensa realizada en la Casa Rosada hace una
semana. Aun así, el sondeo arrojó otro aumento en las expectativas de inflación
(del 16,6 al 17%) para 2018, dos puntos más alta que la nueva meta oficial del
15%, y un dólar más caro que lo previsto hasta hace un mes durante los primeros
5 meses de 2018, cuando se movería entre $18,20 y $19.
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