El último comunicado de la Reserva Federal es notable por dos aspectos.
Primero, hubo que volver a emitirlo porque la primera vez habían omitido mencionar que "las expectativas inflacionarias a más largo plazo siguen bien contenidas". Aunque esto parece más una confusión que una conspiración, es poco apropiada en un banco central de cuyas palabras depende tanto el mercado.
Segundo, el texto muestra que la Fed se mantiene bastante tranquila en lo que respecta a la desaceleración del crecimiento en Estados Unidos y se concentra en la tendencia al alza en la inflación.
Alan Greenspan, presidente de la Fed, dejó abiertas sus opciones. Evitó con sensatez emitir un juicio firme sobre lo que la ralentización implica para la política monetaria. El momento apropiado para hacer esto es la reunión del Comité de Mercado Abierto, que se realizará dentro dos meses. En el ínterin habrá muchos más datos para hacer una evaluación. Mientras tanto, la Reserva señaló que el ritmo firme de crecimiento en el gasto se ha vuelto "algo más lento".
Sin embargo, parece claro que la Fed está menos alarmada por la debilidad reciente que muchos inversores. La entidad atribuye la desaceleración en el gasto de los consumidores al pasado incremento en los precios del petróleo, que desde amainó en parte. Greenspan también señaló que el mercado laboral todavía está en proceso de mejoría.
En cambio, la Fed parece ligeramente más agresiva que el mercado en el tema de la inflación. Ya no dice que los aumentos en el precio del petróleo no han tenido ningún efecto sobre la inflación subyacente. También volvió a señalar que las tasas de interés siguen siendo "acomodaticias"; en otras palabras, están por debajo de un nivel neutral que coexista con el pleno empleo y una inflación estable. La desaceleración ciertamente aumentó las posibilidades de que la Fed acelere el ritmo ascendente en las tasas. Pero la Fed parece decir que no ha visto nada lo suficientemente preocupante como para desviarla de su rumbo actual.
En base a los datos que se tienen hasta ahora, esta parece ser la decisión correcta. El mercado de bonos puede haber detectado señales de debilidad antes que la Reserva, pero el crecimiento anual debería quedar cómodamente por encima de 3% en la primera mitad del año y recobrarse un poco en el segundo semestre, lo que está lejos de ser catastrófico.
El crecimiento en EE.UU. se mantiene frágil en la medida en que depende del consumo. Si la inversión empresaria no avanza como se espera, esto será preocupante. Sin embargo, el mercado de la vivienda sigue floreciente y Greenspan insiste en que EE.UU., con su vasta oferta de tierra, no es susceptible de sufrir una burbuja en los precios inmobiliarios. Esto suena un poco complaciente, aunque es innegable el papel que tienen los precios altos de la vivienda en apuntalar la demanda en el corto plazo. La parte crucial del debate sigue siendo el costo laboral unitario pero, en esta etapa del ciclo, tiene sentido poner primero el riesgo inflacionario. |