LA OMC NO ES PERFECTA, PERO OFRECE UN MARCO EQUITATIVO PORQUE CADA PAÍS TIENE UN VOTO Es fundamental que la ronda Doha llegue a buen puerto. Los mercados abiertos son precondición para el crecimiento, y éste es esencial para el desarrollo. Los ministros de Comercio de todo el mundo reunidos en París, tomarán conciencia del creciente escepticismo sobre las probabilidades de que se produzca una mayor liberalización del comercio internacional. Comprendo la ansiedad pero creo que el pesimismo está fuera de lugar. Todavía hay tiempo para cumplir con la agenda original de desarrollo a través del comercio, diseñada en la ronda de conversaciones Doha de la Organización Mundial de Comercio, antes de que surja la fatiga negociadora.
Es vital para todos nosotros que la ronda Doha llegue a buen puerto. Primero, porque los mercados abiertos son precondición para el crecimiento, y éste es esencial para el desarrollo.
Según el Banco Mundial, la liberación progresiva del comercio funcionó en Europa y, por lo tanto, también debería suceder lo mismo en todo el mundo. Si eliminamos todos los aranceles, reducimos a la mitad el impacto de las barreras no arancelarias y bajamos los subsidios que distorsionan el comercio, generaríamos un beneficio de u$s 250.000 millones anuales sólo para los países en desarrollo.
Segundo, el multilateralismo para negociar las normas comerciales es vital para el gobierno mundial. La OMC no es perfecta, pero ofrece un marco equitativo: cada país tiene un voto. Las naciones más chicas tienen poder de negociación real.
Tercero, el poder multiplicador que tienen los países con la apertura del mercado es superior al que adquieren con los acuerdos comerciales bilaterales o regionales.
¿Por qué, entonces, avanzamos a los tropezones hacia la conferencia ministerial clave que se llevará a cabo este diciembre en Hong Kong? Porque los mercados abiertos crean resistencia al cambio y porque muchos países todavía esperan que otros "cumplan" con la ronda de comercio antes de comprometerse ellos mismos en la mesa de negociación.
Esta combinación lleva a fracasos altamente perjudiciales del tipo que vimos en Cancún en 2003 o, en el mejor, a las discusiones técnicas interminables en Ginebra.
El primero es terminar ya con la retórica. Pretendo que esta semana los ministros se comprometan políticamente. Ya no hay tiempo para pelear sobre qué componente de las negociaciones se mueve primero o más rápido. Necesitamos para julio una aproximación de cómo debería ser un compromiso de Doha, para que podamos agregarle los detalles.
Debemos trabajar duro en el área de agricultura, que técnicamente es compleja, y al mismo tiempo avanzar con los aranceles industriales. Para fines de mayo deberíamos presentar mejores propuestas en servicios.
Los ministros de los países de la OMC deben responder a una simple pregunta: ¿pueden todas las naciones comprometerse, en base a sus necesidades y solidez económica, a ofrecer nuevas oportunidades comerciales a los operadores económicos de otros países, sea en industria, agricultura o servicios?. Por supuesto, hay que hacer excepciones para los más vulnerables y movernos a un ritmo que sea aceptable para ellos. Pero debemos ser claros: La necesidad de una mayor apertura se aplica no sólo a las economías industrializadas sino también a los países de ingresos medios que mantienen elevados niveles de protección sobre los cultivos y los productos manufacturados.
El otro principio que deben cumplir las naciones desarrolladas es apoyar a los países vulnerables que están marginados del mercado mundial. Deben ayudarlos a construir capacidad, lo que les permitirá beneficiarse del comercio globalizado.
Es vital mejorar la infraestructura, el transporte, los procedimientos aduaneros y los programas de reestructuración y diversificación para los commodities que pierden competitividad.
Dejando las cosas como están o progresando tímidamente no crearemos el instrumento adicional que necesita el mundo para enfrentar la pobreza masiva y generar riqueza nueva para todos.
(*)Comisario europeo de Comercio
|