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| 2018: Gobierno confía en que terminó la “mala hora” de la inflación (ratifica meta de 17%) |
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12/01 - 08:39 Ambito Financiero |
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Carlos Burgueño - En el Gobierno todas son ahora caras de cierta desilusión. Y de cruce de facturas.
Algunos apuntan a Federico Sturzenegger y a sus casi utópicas metas de 15% para
2017. Otros a Nicolás Dujovne por no haber sido lo suficientemente ejecutivo
para reducir el déficit fiscal. Otros, la mayoría, apuntan a Juan José
Aranguren, el ministro que con más libertad se maneja para tomar decisiones
dentro del Gabinete económico, y el que más impulsó con la suba de las tarifas
el índice inflacionario hacia arriba. Incluso en momentos políticamente
inoportunos como el alza de los combustibles de julio pasado, que impactó de
lleno en el incremento de agosto. Lo cierto es que tanto para el "ala
política" como para el Ministerio de Hacienda y el BCRA, el dato de un
alza de los precios cercano a 25% fue un bombazo vivido como una sensación de
promesa política incumplida. "Una inflación kirchnerista", como se la
definió en algún muy alto despacho oficial.
Sin embargo, y como aquellos boxeadores a los que se los ve tambaleantes y
acariciando la lona durante varios momentos del comienzo de las peleas, el
Gobierno quiere mostrarse aún como el potencial vencedor en el combate contra
la inflación en estos cuatro años. Viene con tarjetas negativas. Entre el
primer y el segundo año de gestión de Mauricio Macri, el acumulado trepa ya a
casi 65% (no hay datos oficiales sobre todo 2016, pero el alza habría llegado
al 40%); con salarios que en promedio no llegaron al 60%. En otras palabras,
por ahora, los sueldos pierden contra los precios.
Confía sin embargo el Gobierno, que ya terminó la "mala hora" y que,
ahora sí, puede salir a defender con la cabeza en alto una inflación para este
año de cerca del 17% y lejos del 20%. Para esto hay un juramento de todos los
actores de la obra: que en el primer trimestre, el alza de precios no llegue al
5%; dato que los privados ya ubican cerca del 6%. Y que Aranguren deje de
actuar en solitario y se sume al equipo de coordinación inaugurado en la
conferencia de prensa del 28 de diciembre pasado, donde hasta Federico
Sturzenegger participó entusiasta. Que la meta del 17% sea creíble resultará
fundamental en el cortísimo plazo. En dos meses los gremios privados más
importantes del país tendrán que comenzar a abrir las negociaciones paritarias
correspondientes a 2018, y la idea del Gobierno es que la meta básica circule
cerca del 15% para cerrar en ese 17%. Parecería difícil que hoy el sindicalismo
argentino acepte esta invitación; por lo que la idea oficial es extender lo
máximo posible el inicio de las negociaciones hasta que los gremios vean que,
ahora sí, el alza de los precios parece estar dominada y en vías de reducción.
Y que la promesa de un 17% anual final puede ser posible. Algún hombre fuerte
de la jefatura de Gabinete deslizó una eventualidad política, hoy por hoy,
bastante lejana a ser debatida: que los gremios entiendan que 2018 será un año
de transición y que, quizá, deberían aceptar que los salarios empaten o pierdan
contra el alza de precios este año. El "ala política" se negó a tomar
en serio la sugerencia.
La estrategia oficial es simple. Y difícil. Se cree que enero será un mes
tranquilo, al evitarse la aplicación de incrementos de combustibles del 5% que
el ministro de Energía ya tenía en las gateras bajo promesa a las petroleras
que ahora refunfuñan. Según la visión oficial, este mes el alza de los precios
debería estar cerca del 1%. Febrero será más complicado. El mes que viene
comenzarán a aplicarse los fuertes incrementos del transporte público (trenes y
colectivos); lo que tendrá inevitablemente un impacto alcista. El Gobierno
tiene sus esperanzas puestas en que el incremento sólo impacte fuerte en los
precios de la Capital Federal, y que el resto del país amortigüe y licúe el
alza. Así, finalmente, el aporte sería del 0,7%, llevando el índice final a
menos de 1,5%. Marzo volvería ser un mes tranquilo en cuanto a los servicios
públicos, pero resulta siempre un período complicado en términos sectoriales
con incrementos en librería, bebidas, textiles y alimentos. Si marzo no se
rebela y aporta otro 1,5%; el aumento final debería ser de menos de 4%. El
gobierno incluso aceptaría un punto más para el primer trimestre y
"compraría" hasta 5% de aumento de precios. Abril será problemático.
Es el mes donde mayores alzas de servicios públicos se sufrirían en el primer
semestre del año, con un residual no menor al 1%. El transporte público y el
servicio del agua volverán a subir en mayo, con otra herencia de 0,8% para el
índice final. A todo este esquema le falta agregar la suba de los combustibles,
en teoría, liberados desde el año pasado.
Si toda la estrategia se cumpliera, el dato final para el primer semestre de
2018 se debería ubicar no más allá del 8%. Si se repitiera la saga, el 17%
final es aún posible.
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