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Por Florencia
Donovan - Cuando parecía que el default ya había quedado definitivamente atrás,
el Gobierno volvió a sorprenderse ayer ante una nueva demanda colectiva en los
tribunales de Nueva York por US$650 millones.
Se trata de una
presentación hecha por bonistas que habían participado de los canjes de deuda
de 2005 y de 2010 y que reclaman por los intereses que no pudieron cobrar
durante los años en los que el juez Thomas
Griesa había trabado todos los pagos del país al exterior.
Entre 2014 y 2016,
el Gobierno no pudo girar al exterior el pago de los intereses de una cantidad
de bonos reestructurados, porque el juez Griesa solo habilitaba al país a
hacerlo si al mismo tiempo les pagaba a los holdouts. En ese
entonces, la gestión kirchnerista decidió ir depositando los pagos en un
fideicomiso en el país. Los bonistas que lo deseaban podían cobrar sus cupones,
pero localmente.
Cuando se resolvió
el default y se levantó la cautelar, en mayo de 2016, el dinero del fideicomiso
se distribuyó entre los bonistas. Sin embargo, muchos de ellos reclaman ahora
una suerte de resarcimiento por los dos años en los que no se pudieron hacer
del dinero.
Para Sebastián
Maril, analista de Research For Traders, la demanda podría resultar un gran
dolor de cabeza si llega a ser considerada por la jueza, Loretta Preska.
"El prospecto de los bonos contempla esta penalización si la Argentina no
llega a pagar en forma", explica. Además, señala, existe un antecedente,
que es una carta que el fondo del magnate George Soros envió al gobierno
argentino en abril de 2016 para reclamar el pago. "Lo preocupante es que
cualquiera que haya tenido estos bonos puede ingresar a la acción de clase. Hay
unos US$3500 millones".
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