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| La flotación cambiaria ayuda, pero la volatilidad no |
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| Texto informativo:
25/01 - 08:22 Ambito Financiero |
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Federico
Sturzenegger no se equivoca cuando sostiene que la flexibilidad cambiaria ayuda
a evitar que shocks externos tengan efectos desestabilizantes sobre el nivel de
actividad económica,
en comparación con el tipo de cambio fijo que destaca la literatura económica
de las últimas tres décadas.
Pero hablemos de un concepto diferente al de flexibilidad cambiaria: la
volatilidad del precio en pesos del dólar. Lo he escuchado a Federico
argumentar que la fuerte volatilidad en la cotización diaria del dólar ayuda a
que la gente demande pesos y deje de pensar en el dólar como reserva de valor.
En primer lugar, deseo destacar que la flexibilidad cambiaria no implica
necesariamente alta volatilidad. Puede haber flexibilidad cambiaria con muy
baja volatilidad. El mejor ejemplo de este tipo de combinación es el caso de
Perú, que siempre conservó la flexibilidad cambiaria para amortiguar shocks
externos desestabilizadores, pero evitó tener alta volatilidad en la cotización
diaria del tipo de cambio obligado por el carácter bimonetario de su economía.
Creo que la alta volatilidad cambiaria, lejos de ayudar a aumentar la demanda
de pesos como reserva de valor, tiene el efecto contrario. Por varias razones:
en primer lugar, porque refleja un aumento de la incertidumbre en el mercado de
cambios y, a mayor incertidumbre, en un país acostumbrado a que la inflación
siempre termina desvalorizando a los pesos, incluso después de períodos en que
el BCRA intenta aumentar la demanda de pesos pagando altas tasas de interés, es
casi imposible que la gente común prefiera ahorrar en pesos antes que en
dólares. No hablo de los financistas capaces de llevar adelante operaciones de
arbitraje entre tasas internas y externa de interés (carry-trade) sino del
ahorrista no sofisticado. Por eso no debe sorprender que mientras el BCRA trata
de aumentar la demanda de pesos pagando altas tasas sobre las Lebac y succiona
dólares de los "carry traders", más de un millón de ahorristas
compren y acumulen mensualmente miles de millones de dólares.
Además de la experiencia de la gente sobre qué moneda le sirve más como reserva
de valor, hay otra razón por la que cabe esperar que la alta volatilidad del
tipo de cambio nominal no ayude a reducir el costo recesivo de la lucha contra
la inflación. La alta volatilidad del tipo de cambio, reflejo de una elevada
incertidumbre en el mercado cambiario, obliga al BCRA, o al Tesoro (lo que es
prácticamente lo mismo), a pagar tasas de interés más altas para lograr
financiamiento en pesos para el déficit fiscal. Esto significa que la reducción
del déficit fiscal total se torne más difícil, aun cuando se hagan fuertes
esfuerzos para bajar el déficit fiscal antes de intereses (o primario). Esto se
ha visto en 2017 cuando el aumento de la factura de intereses prácticamente
compensó la reducción en el déficit fiscal primario. Más aún cuando esto
ocurrió a pesar de que la mayor parte de los intereses pagados por el Tesoro
fueron por endeudamiento en dólares. ¿Qué hubiera ocurrido con la factura de
intereses si el Tesoro hubiera colocado letras pagando las tasas de Lebac en
lugar de recurrir al endeudamiento externo? Hacer este ejercicio permite
entender más claramente que la incertidumbre cambiaria, al obligar al Tesoro o
al BCRA a pagar tasas de interés en pesos más elevadas, lejos de ayudar a
disminuir la inflación, tiene el efecto contrario.
Mi sugerencia para el BCRA no es que abandone su política monetaria de metas de
inflación, si no que la implemente manejando no sólo la tasa de interés sino el
tipo de cambio nominal. Esto significa que, por ejemplo, a partir de que el
tipo de cambio alcance un nivel que se considere satisfactorio, digamos 20
pesos por dólar en los próximos días, intervenga en el mercado cambiario de tal
manera de hacerlo subir todos los días los centavos necesarios para que al
final del año se ubique en alrededor de 23 pesos por dólar. No necesita hacer
ningún compromiso demasiado firme sino sólo anunciar que procurará que el
precio del dólar aumente gradualmente en línea con la meta de inflación. Si en
algún momento un shock externo significativo demandara más (o menos)
devaluación, podría admitir el cambio de ritmo o incluso un ajuste discreto,
pero siempre explicando la razón y no presentándolo como una sorpresa para
crear volatilidad e incertidumbre.
Por supuesto, la clave del éxito de la política de estabilización con
crecimiento depende de la reducción del déficit fiscal. Pero un manejo de la
política monetaria enderezada a metas de inflación, que además de manejar la
tasa de interés preste atención al tipo de cambio, ayudaría a avanzar hacia el
objetivo con menos sobresaltos y mas bajos costos recesivos.
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